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Las místicas islas Solovetsky conviven con su pasado

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Las místicas islas Solovetsky conviven con su pasado

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Rusia es una tierra misteriosa. De norte a sur, de este a oeste. Viaje con nosotros por el país más grande del mundo en nuestro nuevo programa “Russian Life”.

Empezamos el periplo en las inmediaciones del círculo polar ártico, en las islas Solovetsky, en el Mar Blanco. Este archipiélago fue durante siglos el lugar más sagrado de Rusia, hasta que se convirtió en el símbolo de la represión soviética.

Este monasterio es uno de los lugares más emblemáticos del cristianismo en Rusia. ¿Cómo esta joya medieval llegó a convertirse en un infierno en el que perecieron miles de personas durante la era soviética?

Estas islas son sagradas desde tiempos inmemoriales, como muestran los enigmáticos laberintos atribuidos a antiguas poblaciones del norte:

“Algunos arqueólogos piensan que los laberintos de piedra fueron construidos para celebrar ritos mágicos de caza y pesca; otros opinan que representan las montañas de los muertos, un lugar de descanso para las almas de los difuntos”, ha asegurado Alexander Martynov del Museo Reserva de Solovetsky.

Los ritos paganos dejaron pasó al cristianismo. En el siglo XV fue fundado el monasterio de Solovetsky, una ciudadela ortodoxa y fortaleza militar que pronto se convertiría en el centro económico, político y cultural de la región. Los fieles creían que en este emplazamiento especial estaban más cerca del cielo y que sus plegarias serían escuchadas.

“A los rusos siempre les ha atraído Solovkí, siempre ha sido un lugar de peregrinación. En la Rusia medieval se creía que cada ruso tenía que ir a Solovkí por lo menos una vez en la vida. La peregrinación hasta aquí sustituía a la de la Tierra Santa”, ha explicado Oleg Volkov, encargado del departamento que gestiona el monasterio en el Museo Reserva de Solovetsky.

Pero en los años 20 del siglo pasado, Solovkí conoció el peor periodo de su historia. Tras la revolución bolchevique, el monasterio se convirtió en una cárcel por la que pasaron unas 350.000 personas. Entre ellas, había delincuentes comunes, pero también científicos, artistas e intelectuales que sufrieron en sus carnes los mecanismos de represión soviéticos. Y es que fue aquí donde se ideó y se probó el sistema de gulag, los campos de concentración de la URSS.

Así lo ha explicado Olga Bochkaryova, jefa del departamento de historia del siglo XX del Museo Reserva:

“Creyeron conveniente recluir a los presos en estas islas, en las gélidas tierras del norte. Enviaron a los criminales más peligrosos, es decir, a los que habían actuado en contra del Estado o a los que podían hacerlo. Esto quiere decir que podría ser cualquiera. Los intelectuales que se daban cuenta de lo que estaba pasando en el país, se convirtieron en los más peligrosos”, ha afirmado Bochkaryova.

Los trabajos forzados, las enfermedades y las ejecuciones masivas terminaron con la vida de entre cinco y siete mil personas en Solovkí. Los más afortunados cumplieron su pena y salieron con vida de las islas. El campo cerró en 1939 y fue desmantelado.

Hoy en día, el archipiélago cuenta con unos mil habitantes y, como en la Edad Media, sigue atrayendo a peregrinos a los que se suman turistas de todo el mundo.

“Cualquier ruso, como cualquier otra persona que venga aquí, puede pararse a meditar y a intentar responder la pregunta más importante de todas: cuál es mi objetivo en la vida y qué necesito para mantenerme por el buen camino”, ha dicho el archimandrita Porphyry del monasterio Solovkí.

Con el resurgimiento del monasterio, las islas Solovetsky han regresado a sus raíces, dejando atrás la página más oscura de su historia.