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Un símbolo de la guerra que se esfuerza en convertirse en un paraiso ecológico abierto a los turistas.

Las autoridades surcoreanas quieren transformar la zona desmilitarizada que bordea la frontera con Corea del Norte en un oasis que pueda aspirar a convertirse en Patrimonio de la Humanidad.

Una frontera que, hoy en día, sigue siendo una de las más militarizadas del mundo.

Dae-Ho Kim, Director Green tourism Centre: “El gobierno surcoreano ha puesto en marcha un plan que incluye 10 proyectos de ecoturismo dentro de la DMZ, la zona desmilitarizada. Para preservar el medio ambiente y relanzar el desarrollo de las regiones aledañas, el gobierno estudia construir infraestructuras turísticas. Vamos a mostrar al mundo entero la DMZ, protegiéndola. Por ello hemos pedido que sea incluida dentro de la lista de zonas protegidas de la UNESCO.”

“Me encanta ir en bicicleta y es muy difícil pasear dentro de la zona desmilitarizada. Ahora han hecho que sea posible, me encanta, es la primera vez que puedo entrar”, comenta una turista.

En Imjingak cada vez hay más actividades propuestas a los turistas. Es una zona tampón de entre cinco y diez kilómetros alrededor de la zona desmilitarizada, abierta al público. Hace tan sólo unos años su extensión iba más allá de los 20 kilómetros.

Monica Pina, Euronews reporter: “Corea del Norte está justo detrás de esas montañas, a penas podemos avistarla. Esta zona, hoy llena de turistas y donde se organizan actividades para los residentes, ha estado prohibida al público hasta 2005.”

La zona desmilitarizada fue trazada en 1953, durante el armisticio entre las dos Coreas. Esta franja de tierra de unos 4 kilómetros de ancho y unos 250 de largo se ha convertido a lo largo de los años en un espacio medioambiental protegido.

Dejamos Imjingak para adentrarnos en Jeonjin Gyo Gate, pasando por la línea de control civil.

Aquí muchos agricultores trabajan también como guías turísticos.

Aunque no lo creamos, aquí, en medio de este campo de alubias, nos encontramos en plena zona desmilitarizada.

Bong Yeon Cho, resident and tourist guide: “Nadie ha metido el pie aquí en los últimos sesenta años. El medioambiente ha permanecido intacto, es un paraíso para animales salvajes y plantas. En invierno, cientos de águilas se refugian aquí. También hay grullas. Aquí viven muchas especies protegidas.”

Bong Yeon Cho vive a 7 kilómetros de la frontera con Corea del Norte. Sólo unas 800 personas están autorizadas a vivir dentro de la zona de control civil. Un área regida aún por numerosas restricciones.

Bong Yeon Cho, resident and tourist guide:

“No puedes ir donde quieras puesto que aún quedan minas enterradas. Cuando vengan más turistas, les guiaremos por senderos seguros y sólo grupos pequeños.”

Abandonamos la zona desmilitarizada para visitar Hwacheon. Aquí, hay más soldados que civiles. Esta región forma parte del proyecto sobre ecoturismo del gobierno surcoreano. Un parque abrirá el año que viene, mientras tanto, los turistas comienzan a disfrutar de ciertas activades al aire libre.

“Estamos caminando, es bueno para la salud pasear por el campo, es una buena ocasión para hacer deporte”, comenta una mujer.

“A veces escuchamos tiros cerca de la frontera. No es nada tranquilazador, pero es así…” comenta otro.

“No es que sea especialmente peligroso. Al contrario, con todos esos soldados, uno se siente protegido”, señala otra surcoreana.

Entrar en la zona desmilitarizada tiene un valor simbólico para muchos coreanos. La guerra entre las dos Coreas fue un drama para muchas familias que quedaron separadas.

Kyung Mi Kim, tourist guide : “Mi familia quedó dividida. Nunca volví a ver a mi abuelo. No se si está vivo o muerto. Cada vez, cuando vengo aquí, pienso en él. Hay mucha gente que viene aquí como yo. Nos sentimos más cerca de todos aquellos de los que tuvimos que separarnos.”