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Divorcio a través de las fronteras

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Divorcio a través de las fronteras

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El amor no conoce fronteras, pero cuando llega la hora de la separación las cosas se complican. Cada año, en la UE el 13% de los divorcios corresponde a parejas de personas con nacionalidades diferentes.

Divorciarse nunca es fácil. Pero cuando se trata de parejas mixtas, la situación puede fácilmente volverse un rompecabezas jurídico, incluso cuando hay hijos, puede desembocar en conflictos dramáticos.

Ese drama es el que vive esta madre francesa, desde que se divorció de su ex-marido alemán, hace cuatro años.

Marie Galimard-Geiss siente como si le hubieran amputado un miembro :“No puedo seguir viviendo hasta que no recupere a mis hijos. Esta es la habitación de Astrid, mi hija que viene un fin de semana al mes. Es el derecho de visita que he obtenido con muchas dificultades y que de momento se aplica más o menos correctamente. Sin embargo, la habitación de mi hijo aún está esperando. El mueble está lleno de ropa que nunca se ha puesto, con cosas que yo le compré hace dos años.”

Marie acaba de mudarse a Sarrebruck en Alemania con la esperanza de ver más a menudo a sus hijos de 6 y 9 años. La justicia alemana le ha retirado el derecho de custodia, alegando la existencia de un riesgo de secuestro. El padre puso una denuncia por unas vacaciones que la madre pasó en Francia con los hijos sin su consentimiento.

“He luchado durante 18 meses para tratar al menos de ver a mis hijos. Cada vez que intentaba acercarme a ellos, llamaban a la policía, ya fuera la escuela o la familia paterna. La idea general era que yo venía a secuestrar a mis hijos, asegura Marie Galimard-Geiss.”

Al final, Marie se siente discriminada por la justicia de un país que no es el suyo.

“En vez de ayudar a arreglar las cosas, tengo la impresión de que al contrario, la justicia alemana hunde al progenitor, que además de no estar en su país, tiene problemas. Así que tengo la impresión de que hagas lo que hagas estás condenado por adelantado.”

El alejamiento geográfico y el desconocimiento de las leyes y mentalidades del país a menudo empeoran los conflictos. Pues en el derecho de familia, las legislaciones varian mucho según las culturas.

Se han creado algunos mecanismos jurídicos para tratar los casos transfronterizos. El secuestro parental está contemplado en la Convención de la Haya y por el reglamento europeo, Bruselas II bis. En caso de rapto, en general, la justicia devuelve al niño rápidamente a su país de orígen.

Las precisiones de Jean-Patrick Revel, un abogado franco-alemán instalado en Berlin :

“Enviamos las diligencias al tribunal de la localidad en la que el niño o la familia vivía antes del rapto. Y el juez de ese país debe organizar el procedimiento de fondo, y será él quien juzgue la custodia y haga una investigación social para dilucidar qué es lo mejor para el niño, si vivir en uno u otro país.”

La organización Child Focus con sede en Bruselas sabe de estas cuestiones. En Bélgica, esta ONG gestiona las llamadas de un número europeo de urgencias para los niños desaparecidos: el 116 000.

Aproximadamente, en uno de cada cuatro casos se trata de un secuestro parental. Hilde Demarré es responsable de la ONG Child Focus :

“En Alemania tuvimos 700 casos el año pasado. Es un problema que crece más y más en Europa. Cada año hay unos 170.000 casos de divorcios internacionales en la UE, por lo que se prevé que este problema siga aumentando.”.

Esta ONG apoya a los padres víctimas, como este padre de tres hijos. De nacionalidad alemana, vivía en Bélgica con su mujer ucraniana cuando todo cambió.

“Volvía del trabajo un viernes por la tarde cuando me encontré el apartamento vacío, asegura Gerd Blömer-Pohl. Los muebles estaban ahí, pero mi mujer y mis hijos se habían ido. No entendía nada. La línea de teléfono estaba cortada y durante varios días me volví loco.”

Pasaron varios meses hasta que Gerd Blömer-Pohl encontró a su familia que se había mudado del otro lado de la frontera en Alemania.

Para resolver este tipo de conflicto, además de la intervención judicial, las soluciones de mútuo acuerdo suelen ser más eficaces. Hilde Demarré está convencida y ha creado una red europea de mediadores familiares.

“Tratamos de encontrar mediadores para las familias en cada país de la UE, y en los países candidatos. Les ofrecemos una formación y vienen a Bruselas entre 60 y 80 horas. Con esta capacitación aprenden a trabajar el tema de la mediación. Tenemos un modelo de co-mediación para trabajar con mediadores de uno u otro país, y así poder colaborar juntos sobre un solo modelo.”

La ONG alemana MiKK se ha asociado a este proyecto en Berlín, especializándose en la mediación en casos de secuestro internacional. Su director, Christoph Paul es abogado y mediador a la vez.

“Son los padres quienes encuentran la solución, quienes son responsables de los hijos. Los padres son los expertos en la vida de sus hijos.”

La mediación internacional requiere aptitudes específicas: “No sólo hay que tener un conocimiento en el ámbito de la mediación, además hay que saber manejar la cuestión de la diversidad cultural. Pero sobre todo hay que tener un profundo conocimiento del marco legislativo en Europa. Por ejemplo, si tenemos un caso en Bélgica y Alemania, tenemos que saber como funciona la legislación belga y alemana, pero también cómo es el marco legislativo en la frontera internacional.”

Unos quince países europeos han impulsado aún más su cooperación para facilitar el divorcio de las parejas mixtas. Una nueva reglamentación llamada Roma III hace posible que estas parejas puedan elegir el derecho del país que prefieren aplicar en caso de separación.

Por ejemplo, una española y un francés que vivan en Italia podrán elegir divorciarse siguiendo las reglas del derecho italiano, español o francés. Una elección que puede hacerse en todo momento desde la boda hasta la solicitud de divorcio.

Entre los 27 países de la Unión, solo 15 han adoptado de momento esta reglamentación que entró en vigor a finales de junio.

Bruno Langhendries, asesor legal de la ADDE, (Asociación por la Defensa de los Derechos de los Extranjeros) nos da las siguientes precisiones:
“El reglamento Roma III no tiene por objetivo crear un procedimiento de divorcio común. Las concepciones de vida familiar son muy diferentes en el seno de la Unión. El objetivo del reglamento es precisamente encontrar unas reglas de armonización y de seguridad jurídica, y evitar las avalanchas en los tribunales, tratamos de evitar que uno de los cónyuges se acoja rápidamente a la jurisdicción de un Estado miembro que protegería más sus intereses”.

Informarse mejor sobre las legislaciones extranjeras y transfronterizas y cooperar más entre profesionales de diferentes países, son algunas pistas para deshacer los nudos de un divorcio entre parejas de distinta nacionalidad.