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Muchas preguntas y pocas respuestas sobre el futuro de Europa

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Muchas preguntas y pocas respuestas sobre el futuro de Europa

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Las “Jornadas de Bruselas” han reunido a políticos e intelectuales para discutir durante 3 días en qué dirección se mueve Europa. Los testimonios de muchos de ellos reflejan una creciente desesperanza, como el de Jacques Delors, uno de los mayores impulsores del euro, que califica a Europa de “temerosa.”

El antiguo presidente de la Comisión Europea – concebida como un ejecutivo europeo – lamenta que la institución que presidió durante 10 años haya quedado tan descafeinada: “Ahora hay un presidente de la Comisión y otro que representa al Consejo Europeo (…) en realidad, estamos eligiendo sólo a medio presidente de la Comisión”.

La revista Nouvel Observateur ha organizado las conferencias, en las que han participado dos expresidentes de gobierno españoles, Rodríguez Zapatero y Felipe González, y otros exmandatarios como el exprimer ministro italiano Mario Monti.

Zapatero ha criticado el “conservadurismo” del BCE durante la crisis de deuda, por comparación con la Reserva Federal de EEUU o con el Banco de Inglaterra. Definió el euro como una “camisa de fuerza” para los países del sur europeo y criticó la “germanización de la política monetaria”.

A siete meses de las próximas elecciones europeas de mayo, la ocasión ha servido también para reflexionar sobre doctrinas económicas, sobre la búsqueda del crecimiento, sobre la austeridad, sobre los populismos tan en boga. Para los organizadores – como Laurent Joffrin, director editorial del Nouvel Observateur – Europa es burocrática e inabarcable, por eso hacen falta personalidades de referencia, como el precursor del euro Jacques Delors.

“Hay alguien que encarna Europa, al que conocemos bien, que es Jacques Delors. La gente estaba a favor o en contra de él pero era conocido”, dijo. “Pero, como los gobiernos nacionales no quieren designar a nadie demasiado fuerte y prefieren a alguien de segundo nivel que no les haga sombra, el poder y la visibilidad se diluyen y la gente tiene la impresión de que Europa no es democrática”.

Se presume que las próximas elecciones europeas se enfrentarán al ya característico desinterés de la ciudadanía, esta vez mezclado con un fuerte desapego hacia la Europa de los recortes. Bruselas quiere contrarrestar la apatía con una novedad: esta vez, los partidos presentarán sus candidatos a presidir la Comisión Europea antes de las elecciones, para ver con qué apoyo cuentan. Aunque, al final, serán los gobiernos los que decidan.

El columnista Bernard Guetta, propone emplear las elecciones europeas en hablar de los asuntos de gran calado. “Podemos discutir juntos sobre la cuestión del dumping social, écologico o monetario de nuestros grandes competidores. Primero porque es necesario y, además, así la gente verá que, a 28 o incluso a 17 en la zona euro, somos al menos más fuertes frente a China que sin unirnos”.

Otros, como la eurodiputada francesa Sylvie Goulard (UMP) abogan por un discurso que no se limite a la economía ni a las finanzas. “La gestión de la zona euro, la unión bancaria no van a hacer soñar a nadie. En cambio, si habláramos por ejemplo de un cheque de educación europeo que las familias pudieran utilizar para enviar a sus niños a aprender idiomas o para organizar viajes o pagarse un Erasmus, entonces yo creo que le insuflaríamos vida al proyecto europeo”.

En este clima de desencanto, los sondeos auguran un aumento implacable de partidos de corte euroescéptico, cuando no directamente ultras, como el Frente Nacional que lidera las encuestas de intención de voto en Francia.

Pero, ¿cómo encontrar una identidad europea, si es que tal cosa existe? A veces esa identidad europea se define por contraste. Ésa es la teoría del antiguo director de la Oraganización Mundial del Comercio, Pascal Lamy. Para él, a Europa la define su sistema social: “los europeos toleran menos las desigualdades que en otras zonas del planeta como los Estados Unidos o China y creo que la identidad europea se encuentra en los sistemas sociales. Hace falta crecer un 1% más. Si no lo conseguimos, nuestros sistemas estarán en riesgo y, bajo mi punto de vista, la misma identidad europea estará en riesgo”.

Probablemente las jornadas hayan aportado más preguntas que respuestas y no se ha elaborado ningún documento con propuestas políticas comunes.