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Pakistán: "quiero ser maestra"

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Pakistán: "quiero ser maestra"

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Entre 2008 y 2010 cerca de 4 millones de personas abandonaron las zonas tribales del Noreste de Pakistán debido a la violencia generada por la guerra contra el terrorismo. Algunas de esas personas se encuentran en este campo de Jalozai, cerca de Peshawar. Aquí, miles de niñas han podido ir a la escuela por primera vez.”

Nargis: “Los talibanes estaban aquí. Cuando llegaron los aviones, los talibanes huyeron.”

“Cuando la batalla comenzó solo podíamos rezar. Luego, vinieron los bombardeos, todo el mundo lloraba, no quedó ninguna casa de pie.”

Jahanzada, padre de Nargis: “Cuando comenzó la ofensiva del Ejército contra los talibanes, la situación empeoró. Nuestros negocios fueron destruidos, no quedó nada.”

Nargis: “Los talibanes no quieren que las niñas vayan a la escuela y cuando lo hacen las disuaden con sus armas, por eso no fui a la escuela.”

Jahanzada, padre de Nargis: “No, los talibanes nunca han impedido que las niñas vayan a al escuela.”

Nargis: “Todavía no comprendo por qué los talibanes nos impiden ir a la escuela.”

Jahanzada: “Los talibanes no se oponen a la educación de las niñas sólo quieren que profesoras y alumnas lleven el burka.”

Sania Gul, profesora: “Los padres dejaron de enviar a sus hijas a la escuela por miedo a los talibanes, les amenazaban y pensaban que si no les obedecían tendrían problemas.”

Nargis y su familia vinieron de Bajaur, uno de los bastiones de los talibanes en las Áreas Tribales bajo Administración Federal, FATA, una de las zonas más conservadoras del país, donde la la tasa de escolarización de las niñas no supera el 5% frente al 34% de las chicos. Fuera de este campo, ir a la escuela es casi imposible. La hiper presencia de puestos de control del Ejército, no sólo en Peshawar sino en todo el país evidencia la vulnerabilidad en la que viven las gentes.

Deeba Shabnam, UNICEF:
“Las niñas todavía se ven confrontadas a muchos problemas porque para sus padres, la educación no es una prioridad. Los matrimonios precoces son moneda corriente en estas zonas. Muchas niñas y niños contraen matrimonio entre los 9 y los 12 años, por eso la educación no es importante para las familias.”

Nargis asiste a uno de las 33 escuelas creadas dentro del campamento. De los 13.000 niños que viven aquí, 9.000 acuden regularmente a clase, la mitad son niñas. Un dato excepcional dado el contexto del país pero que ha sido posible gracias a la implicación entre padres y profesores. La delegación de Unicef ha hecho posible este diálogo a traves de foros. Un proyecto educativo diseñado para implicar a la población local y que ha recibido fondos de la fundación creada por el premio Nobel de la Paz que, el año pasado, recibió la Unión Europea.

Sania Gul, profesora: “Soy huérfana, mi hermano cursa tercero. Todo el mundo le anima a seguir estudiando porque la educación es muy importante, porque así podemos ayudar a nuestras familias.”

Nargis: “No podemos perder tiempo. Las niñas debemos estudiar para que podamos llegar a ser maestras o doctoras, yo quiero enseñar a otras niñas cuando sea mayor.”

Deeba Shabnam, UNICEF: “Estos niños viven en otro ambiente, ahora, pueden ir a la escuela, recibir asistencia sanitaria. Mientras vivan en este campamento podrán apreciar el valor que tiene la eduación y luchar por ese derecho una vez vuelvan a sus pueblos. Entonces, querrán enviar a sus hijos a las escuelas.”

Aquí sólo están de paso, muchas familias como la de Nargis piensan ya en el camino de vuelta. Su sueño de convertirse en maestra quizá se haga realidad en un país desesperado por alcanzar la paz.