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Dinamarca: ¿Dónde está el secreto de la felicidad?

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Dinamarca: ¿Dónde está el secreto de la felicidad?

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Diciembre en Copenhague. Aquí hace frío, está oscuro y hay una fuerte humedad. Un aura de desolación inunda la capital danesa contraponiéndose a la corona que Dinamarca ha portado los últimos dos años: la de la nación más feliz del mundo.

Así lo determina el informe de Naciones Unidas que ha estudiado la situación de 156 países de todo el planeta, según el cual España ocupa el puesto 38 en términos de felicidad.

En los cinco primeros lugares: Suecia, Holanda, Suiza, Noruega, y en primer lugar, Dinamarca.

En este país se toman el asunto muy en serio, como prueba la creación del Instituto de Investigación sobre la Felicidad.

“En la sociedad danesa existe un alto nivel de confianza entre sus ciudadanos. No solo con la familia y los amigos, también con los extraños. La seguridad es otro asunto importante. Cuando alguien pierde su empleo tiene derecho a ayudas y cuando cae enfermo, puede ir gratis al hospital. La riqueza es un tercer factor: tener dinero es importante para ser feliz. Dinamarca no es que sea el país más rico del mundo, pero en ese sentido estamos bastante bien”, explicaba Meik Wiking, director de este instituto.

Bjarne Nigaard es abogado y entrenador en su tiempo libre. No le importa que su equipo no gane campeonatos. Entre los jugadores se encuentra su hija de siete años.

Bjarne cree que tiene suerte de vivir en un país con un sistema que le concede tanto tiempo de ocio.

Aunque ese sistema traiga consigo una de las tasas impositivas más altas del mundo.

“De acuerdo, pagamos muchos impuestos”, admite, “pero recibimos mucho a cambio. En general, creo que estamos satifechos con este funcionamiento porque nos ofrece una gran seguridad”.

Las características comunes en el caso de los cinco primeros países en el ránking son los cortos horarios laborales combinados con altos salarios, unos sistemas impositivos de los más elevados a nivel mundial y la baja tasa de desempleo, todos por debajo de la media de la Unión Europea.

Dinamarca y sus vecinos escandinavos siempre han sido calificados como países con poca o ninguna corrupción.

En cuanto a los impuestos, cuando les han dado a elegir en referendum, han preferido mantenerlos: es el precio a pagar por la igualdad de oportunidades.

Pero no todo son ventajas: lograr formar parte de esta sociedad en apariencia ideal no siempre es fácil.

Natalia Quirola, ecuatoriana, vino a Dinamarca tras casarse con su marido, Tommy; las condiciones exigidas para poder quedarse fueron muchas, entre ellas, Tommy tuvo que probar su independencia financiera y se les exigió tener un depósito de 8.000 euros.

Ambos tuvieron que demostrar que su afinidad con Dinamarca era mayor que la que tenían con Ecuador. Pero la parte más dura fue la de dar detalles de su vida privada para demostrar que el suyo no era un matrimonio de conveniencia.

“Se trata de mantener un equilibrio y estoy totalmente de acuerdo con que es necesario evitar que la gente se aproveche de nuestro sistema, pero por otro lado, la gente también necesita dignidad y respeto. Y un sistema que funciona como el danés, en ocasiones tiende a mirar a la gente como un número y nada más”, objetaba Tommy.

Y es que pese esa felicidad, Dinamarca ha sido criticada por tener una de las políticas de inmigración más duras de Europa.

Con tod, la ONU ha usado el modelo escandinavo como llamada de atención a los gobiernos para que escuchen más a sus ciudadanos, que se baten contra la crisis económica desde hace ya cinco años.

No todo el mundo puede o quiere adoptar el modelo danés, pero no está mal como punto de partida.

Lo que es seguro es que dentro y fuera de Dinamarca, las generaciones futuras continuarán en busca de la felicidad.