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¿Un Gran Hermano tras su ordenador?

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¿Un Gran Hermano tras su ordenador?

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¿Es posible proteger nuestra privacidad en plena era digital?. Las revelaciones de Edward Snowden sobre la magnitud del espionaje estadounidense parecen haber despertado a Europa. Todo lo que hacemos a través de la red es visto o grabado, ya sea por Estados Unidos o por las empresas privadas.

“Aún va a pasar mucho tiempo hasta que nos demos cuenta de la magnitud de estas revelaciones”, nos cuenta Jérémie Zimmermann, ciberactivista, “así como del impacto que tienen en nuestra sociedad, y de nuestra relación con el poder y con la tecnología”.

Hace siete meses estalla el llamado escándalo Prisma. Como ya sabemos, y con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, la NSA recoge a través de los gigantes estadounidenses de la red los datos personales de millones de personas en todo el mundo. Una colección masiva e indiscriminada.

Más allá de las tensiones diplomáticas, el caso tuvo el mérito de abrir un debate sobre un tema importante de nuestro tiempo: la producción masiva de datos a través de la red, también llamado Big Data, ¿está condenada a convertirse en un Gran Hermano?.

En París se encuentra La Quadrature du net, La cuadratura de la red, una asociación líder en la lucha por los derechos de las libertades en la era digital. Jérémie Zimmermann, uno de sus fundadores, hace hincapié en el problema de la hegemonía de los los gigantes estadounidenses.

“Sus modelos tecnológicos y económicos están basados en la recopilación masiva de datos de todo el mundo. Y esta hipercentralización de datos es una de las raíces, uno de los pilares de la vigilancia en masa que vivimos actualmente”.

Estos ciberactivistas claman y trabajan por algunas alternativas. Por ejemplo, DuckDuckGo, un buscador que no almacena ningún tipo de información personal. La Quadrature du net insiste en la necesidad de cambiar de mentalidad como una de las claves para revertir esta situación, olvidándose de esa visión engañosa de un mundo dividido entre los que los que dominan la informática y los que no.

“Por un lado, el ordenador es ese producto que sale de su caja y poco menos que camina solo, un aparato muy fácil de usar”, nos dice Zimmermann. “Pero por el otro son esas letras blancas sobre una pantalla en negro, algo que no entendemos, que se nos escapa. En realidad, se trata de la tecnología que controlas y de la tecnología que tienes el potencial de controlar, pero que has de aprender. Estoy convencido de que en pleno siglo XXI, no saber de esto, no saber donde están tus datos ni poder explicar la naturaleza de la arquitectura de estos sistemas de comunicación será lo equivalente a ser analfabeto. Será como estar todo el día firmando contratos sin saber leer”.

En Europa, la protección de la vida privada está considerada como un derecho fundamental. Cada país tiene su autoridad pública encargada de proteger este derecho. En Francia es la CNIL, la Comisión Nacional de Informática y Libertad. Su presidenta, Isabelle Falque-Pierrotin, se niega a ver en este escándalo un fracaso de las autoridades de supervisión, y hace un llamamiento a una respuesta política y jurídica de manera clara a nivel europeo.

“Sería un fracaso si en efecto Europa no fuera capaz de poner en marcha unas condiciones de funcionamiento tras lo sucedido con el escándalo Prisma”, reconoce Falque-Pierrotin. Creo sin embargo que esto nos debe valer para negociar un nuevo marco jurídico en el que desarrollar una política sobre estos temas en la Unión Europea, así como un marco de cooperación entre los servicios de inteligencia europeos y estadounidenses que hoy por hoy no existe”.

En Bruselas, la batalla se prolongó durante tres años en torno a la reforma de la legislación de la Unión Europea sobre protección de datos. Una larga y compleja batalla en la que participó de manera virulenta el lobby americano de Internet.

Derecho al olvido, consentimiento expreso de los usuarios, procesamiento de datos…los asuntos a tratar son muchos. Y el objetivo es claro: crear un marco legislativo entre los países de la Unión Europea. A finales de octubre un comité del Parlamento Europeo aprobó finalmente un texto. Pero los debates sobre el tema continúan ahora con la Comisión y los Estados miembros.

Mientras algunos, como los representantes de la industria norteamericana de internet luchan por evitar una reglamentación que consideran demasiado restrictiva, otros luchan por que esta no quede en nada. Es el caso de EDRI, una organización afincada en Bruselas que defiende el derecho a la intimidad. Su director ejecutivo, Joe McNamee, nos habla de los avances logrados:

“Hubo mucha discusiones antes de las revelaciones de Snowden en lo que respecta a las normas sobre la transmisión de datos a las autoridades fuera de la Unión Europea. Y el consenso fue muy amplio acerca de que estas reglas no debían ser fortalecidas. Tras las revelaciones de Snowden todo cambió, y ahora parece que hay un consenso entre los estados miembros y el Parlamento Europeo en que las normas tienen que ser claras, comprensibles y fiables”.

La parte más importante de la futura reglamentación es la que está destinada a regular las prácticas empresariales. En cuanto a los controles que llevan a cabo los gobiernos, aún queda mucho por hacer, como nos confiesa Sergio Carrera, politólogo.

“Quizás la lección más importante que hemos aprendido es cuán libres son los servicios de inteligencia. No sólo los americanos, también los europeos. Creo que es importante buscar la manera de fortalecer el control sobre las actividades de estos servicios de inteligencia y sobre la vigilancia a los ciudadanos. Porque son aspectos que en este momento están muy abiertos a diversas interpretaciones legales”.

Durante nuestras vidas interconectadas, la vigilancia habrá de jugar siempre un papel importante en asuntos económicos y de seguridad. Aspectos que en verdad pueden, y deben, ser compatibles con nuestro derecho a la privacidad.