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La falta de váteres, un tabú que mata

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La falta de váteres, un tabú que mata

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Es un tabú que mata. Dos mil niños de menos de cinco años mueren cada día en los países en desarrollo y no por la guerra o la hambruna, sino por enfermedades diarreicas.

La falta de acceso a verdaderos váteres afecta a 2,5 mil millones de personas en el mundo.

Además, mil millones se ven obligados a hacer sus necesidades al aire libre, de los que 825 millones se concentran en diez países de África y de Asia, entre ellos la India, con 597 millones.

Una catástrofe, ya que la falta de baños significa también también falta de agua potable. Enfermedades como el cólera, el tifus, la hepatitis, la polio, y la diarrea se transmiten fácilmente y se convierten en endémicas. La mejor prueba es la epidemia de Ébola, ya que el virus se propaga por los fluidos corporales.

En Liberia, el país más afectado, prácticamente la mitad de la población no tiene sanitarios. En Sierra Leona son el 28%, según la OMS.

Fleur Anderson. WaterAid:
“La crisis del Ébola que hay en este momento, ha evidenciado las carencias sanitarias de los hospitales, y eso impide que los médicos y las enfermeras pueden realizar su trabajo. El resultado de esas carencias se constata en las cifras de mortalidad infantil: desde el año 2000 han muerto diez millones de niños por desnutrición, neumonía y diarrea”.

En India, más de la mitad de la población tiene que hacer sus necesidades donde puede. Un problema de higiene pero también de seguridad para mujeres y niñas. Muchas violaciones tienen lugar en esos momentos, en situaciones de aislamiento y al amparo de la oscuridad.

Como explica esta mujer de un pueblo del Rajastán, se sienten vulnerables:
“Tener que hacer mis necesidades al aire libre afecta a mi dignidad, pero no tengo otra opción. tengo que salir. La cosa es que si viene alguien, un hombre o una mujer, me tengo que levantar”.

La construcción de sanitarios es la gran olvidada del desarrollo, aunque es una prioridad y no solo por salud pública. Los países que invirtieron en ella hace 30 años, como Corea del Sur y Singapur, son la mejor prueba de que es cuestión de voluntad política y no de dinero.