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Zonas en conflicto

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En las zonas afectadas por conflictos millones de niños no pueden ir al colegio. ¿Qué se puede hacer para devolverles el acceso a la educación?

Según un reciente informe de la Unesco, la mitad de los 57 millones de niños excluídos del sistema escolar viven en zonas en conflicto. Aunque la comunidad internacional ha denunciado en múltiples ocasiones este problema, muchos colegios siguen siendo bombardeados o se convierten en refugios. ¿Cómo viven esta situación los alumnos? Veamos el día a día de niños y jóvenes que viven en zonas de guerra.

Irak: colegios y refugios

En el norte de Irak, la ofensiva del grupo yihadista Estado Islámico ha provocado el éxodo de miles de personas de la minoría yazidí. En esta provincia kurda, muchas escuelas acogen familias desplazadas. ¿Se puede seguir estudiando en estas condiciones?

En la provincia de Dohuk, en el Kurdistán iraquí, muchas escuelas siguen albergando refugiados de la minoría yazidí, lo que dificulta retomar las clases. Las autoridades locales tratan de realojar a los desplazados, pero los campos de refugiados están completos. Walid huyó del monte Sinjar con su familia y vive en la escuela de Ginar. Y nos explica la situación:

“Esperamos desalojar la escuela lo antes posible y pedimos a las autoridades locales y nacionales que encuentren una solución para nosotros, para que podamos volver a nuestra tierra y que nuestros hijos puedan ir a la escuela con otros estudiantes kurdos de la región “.

Zarkar es kurdo. Se matriculó en la escuela Ginar, pero en vez de ir a clase, se pasa el día jugando al fútbol.

“Las escuelas siguen cerradas pues se han convertido en el hogar de los refugiados de Sinjar, Zakho, Dohuk y de otros lugares. Esto tiene un enorme impacto en nuestras vidas. A pesar de que el año escolar comenzó hace dos meses, no sabemos cuando volverá a abrir nuestro colegio. Pedimos a las autoridades que resuelvan el problema lo más rápido posible “.

Para el gobierno local, la dificultad no está sólo en volver a abrir las escuelas, sino también en integrar a más de 35.000 refugiados en el sistema escolar. Tuvieron que elegir, por lo que se le dio prioridad a los estudiantes de secundaria.Nos lo explica Saddiq Sherou, responsable del sector de Educación en Dohuk.

“Tenemos aproximadamente 390 escuelas que no han comenzado el año escolar. Esto afecta principalmente a los estudiantes de primaria. Pero los alumnos de secundaria, especialmente los de los últimos años, pueden seguir sus estudios. Les hemos encontrado un lugar para ellos y el calendario de exámenes es igual en todas partes en el Kurdistán. Han retomado sus clases, tienen los libros y asisten a clases sin ningún problema. “

En esta otra escuela sí han retomado las clases. Yasser estuvo viviendo ahí un tiempo antes de ser realojado en un campo de refugiados con su familia. Ahora, este refugiado yezidí de 15 años asiste a clases junto a otros jóvenes kurdos de su edad y otros refugiados.

“Me encanta esta escuela, pero está tan lejos de Sinjar … Me gustaría estar más cerca. Me siento extranjero, aunque mis amigos me ayudan aquí. Esta escuela incluso me ha pagado los libros y todo lo que necesitaba “.

Si Yasser tiene la suerte de ir a clases, sin embargo es difícil estudiar cuando se vive en un campo de refugiados atestado.

Y la acción de las autoridades locales tiene sus límites: la enseñanza se imparte en kurdo y los refugiados de habla árabe por ahora no tienen a dónde ir.

Ucrania: La escuela como medio de integración para los refugiados

Para las familias que se han visto forzadas a abandonar sus hogares debido a conflictos bélicos, puede ser difícil integrarse en una nueva sociedad cuya lengua y cultura les resultan ajenas. En este reportaje en Ucrania vamos a ver cómo los profesores ayudan a los niños refugiados de Crimea.

“Me encanta mi clase. Es muy bonita. Los pupitres están muy bien. Y me encanta nuestra profesora, es muy amable.”

Tina tiene ocho años y es originaria de Crimea. Ella y Kostya, que viene de Donetsk, se han integrado en esta escuela de Lviv. En sus lugares de origen, las clases se impartían en ruso, pero ahora estudian en ucraniano. A Kostya le gusta su nuevo colegio. Su sueño: ser astronauta.

“Sí, porque me gustaría volar al espacio.”

Kostya aprovecha los ratos libres entre clase y clase para ver a su hermana de seis años. Ella está aprendiendo a bordar y a tejer.

“Realmente me gusta mi nueva escuela, dice Oryna. Me han aceptado muy bien. Y ahora tengo dos nuevas amigas. Me encanta esta escuela, los niños reciben un trato diferente aquí. Y me siento como en casa.”

Como ella, unos mil desplazados se han inscrito en los colegios de Lviv. Los profesores aplican un método especial para integrarlos. Mykhaylo Zaremba es el director de este colegio en Lviv:

“Ese es el trabajo del organizador pedagógico. La persona que ocupa ese puesto en nuestra escuela habla con los niños y el psicólogo se comunica con ellos también.”

La mayoría de las familias no quiere hablar a las cámara por temor a las consecuencias hacia sus familiares que permanecen en las zonas en conflicto. Mustafa Bilyal sin embargo aceptó recibirnos en su casa. Este tártaro de Crimea llegó en junio con su esposa y cinco hijos. El sexto nació en Lviv. Los tártaros son una minoría sunita. Mustafa temía no poder practicar su religión tras la anexión de Crimea por Rusia.

“El ambiente ha cambiado mucho tras la anexión de Crimea. La situación ha cambiado drásticamente. Nos sentimos amenazados. No eran amenazas directas, más bien como una presión psicológica. Y a principios del verano, la Duma rusa aprobó una ley que prohíbe el uso del fular en las escuelas. Eso fue decisivo para nosotros “.

En Ucrania hay más de 417.000 personas desplazadas de Crimea y de la región de Donbás. Entre ellos, más de 73.000 son niños. Solo en la región de Lviv, las cifras oficiales hablan de 7.000 refugiados internos. Los medios de comunicación estiman que su número real podría llegar a 20.000.

Afganistán: la paz, una asignatura pendiente

Afganistán ha sufrido décadas de guerra y muchos jóvenes han crecido junto a la violencia y el derramamiento de sangre. Veamos ahora un proyecto que trabaja con jóvenes afganos para alentarles a rechazar la violencia y las agresiones y afirmarse a favor de la paz. ¿Cómo una iniciativa así puede marcar la diferencia? En seguida en este reportaje en Kabúl.

Comienza la jornada escolar en el colegio Abdullah Bin Omar de Kabúl. Es un día especial para Naheeb Rateb. Pues hoy le toca a ella hacer de mediadora en las clases de paz. Y tendrá que resolver una disputa entre dos hombres.

Un juego de roles que ha revolucionado el sistema educativo en Afganistán.

Roya Formoli enseña en los cursos de educación para la paz:

“Antiguamente, cuando los estudiantes no estaban atentos en clase, el profesor les amenazada blandiendo un palo, porque pensaba que los estudiantes dejarían las bromas y se pondrían a estudiar. Cuando comenzamos este programa, nos dimos cuenta de que amenazar con una vara no está bien. No tienen sentido. La vara en sí es una forma de violencia. “

Afganistán ha sido un campo de batalla durante más de tres décadas. Los daños nos recuerdan constantemente la inestabilidad del país. Pero los esfuerzos de reconstrucción se han traducido en éxitos. Desde 2003, más de 85.000 afganos han participado en cursos para la paz impartidos por la ONG Ayuda a los niños afganos.

Suraya Sadeed dirige estos cursos:

“Creo que los cursos para la paz, para la educación cívica y la paz son parte de una estrategia preventiva que ayudará a la próxima generación de Estados frágiles como Afganistán a centrarse en los medios pacíficos para resolver sus problemas.”

Se trata de juegos de personajes, títeres que representan situaciones hostiles. El objetivo es encontrar una solución pacífica.

“Personalmente, me hizo cambiar asegura Naheeb. Antes, me comportaba mal. Una vez que leí y terminé el programa, me dí cuenta de que no me había portado muy bien con mis amigas y que por eso se habían enfadado conmigo. Entonces les pedí perdón y seguimos siendo amigas. Incluso después de mudarse, a veces vienen a verme a casa y estamos muy unidas.”

Se estima que unas 340.000 personas podrían haberse beneficiado de estos cursos para la paz, ya que los estudiantes practican los principios inculcados en la escuela en su entorno familiar.

Farhatuallah Rateb nos habla del ejemplo de su hermana:

“Desde que mi hermana sigue los cursos para la paz se ha vuelto pacifista. Ella nos enseña todo lo que aprende en ese programa y ya no nos pegamos como antes.”

Naheed quiere estudiar para ser maestra. En la actualidad, 2.700 maestros han sido capacitados para enseñar la paz en Afganistán.

Y usted ¿Ha estudiado en una zona en conflicto? ¿Cómo vivió esa situación? Comparta sus experiencias en nuestras redes sociales. Esperamos leer pronto sus comentarios.