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Revista Business del Año 2014: BCE-Fed, dos direcciones diferentes para dos economías que se alejan

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Revista Business del Año 2014: BCE-Fed, dos direcciones diferentes para dos economías que se alejan

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Por primera vez desde la crisis de 2008, los bancos centrales de la eurozona y Estados Unidos han tomado en 2014 dos direcciones distintas. Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), y Janet Yellen, la nueva presidenta de la Reserva Federal (Fed), han divergido sus caminos de política monetaria porque la economía de un lado y otro del Atlántico también se comporta de forma diferente: bien para los estadounidense; mal para los europeos.

Mario Draghi: “Si fueran necesarias nuevas medidas para atajar los riesgos de un periodo demasiado prolongado de baja inflación, el Consejo de Gobernadores es unánime en su compromiso de usar medidas adicionales no convencionales dentro de su mandato”.

En esta declaración tras la reunión de septiembre, Draghi anunció que el BCE recortaba su tipo de interés a un mínimo histórico del 0,05 por ciento y ponía en marcha sus nuevos préstamos a largo plazo y la compra de deuda privada a los bancos para estimular el crédito.

Janet Yellen: “Aun hay mucho por hacer. Demasiados estadounidenses siguen sin empleo, la inflación se mantiene por debajo de nuestro objetivo a largo término y no hemos acabado de fortalecer todadía el sistema financiero”.

En esta otra declaración de febrero ante los congresistas, la flamante presidenta de la Fed avanzaba sus prioridades para reducir totalmente sus compras masivas de activos. Esperando a 2015 para subir los tipos de interés próximos a cero desde 2008.

Estas dos políticas monetarias opuestas responden a una lógica de crecimiento que se separa: a pesar del duro invierno inicial, Estados Unidos ha acabado acelerando a un cuatro por ciento trimestral. En cambio, la eurozona ha terminado por estancarse cerca de cero. El Reino Unido se ha comportado mejor, acercándose al uno por ciento.

La falta de crecimiento y el nuevo riesgo de recesión afecta ahora al corazón de Europa, a la pareja franco-alemana. El motor de la moneda única, Alemania, escapó de poco a la recesión y sus exportaciones ya no son tan importantes. La canciller, Angela Merkel, mantiene su política de austeridad pese a gobernar en coalición y de ella dependerá en parte que el BCE pueda ir más lejos.

En Francia, el Ejecutivo tampoco consigue hacer despegar el crecimiento y parar el aumento del paro. El presidente, François Hollande, se encuentra vigilado por Bruselas por no cumplir el déficit y ha buscado con un Gobierno más liberal calmar a sus socios. Pero las reformas anunciadas no ponen de acuerdo ni a los sindicatos ni a las organizaciones patronales y profesionales.

Dimitris Rapidis, economista griego del instituto Bridging Europe: “No puede haber ningún tipo de mejora del clima de negocios mientras los impuestos sigan altos, se mantenga la austeridad y no haya planes específicos para salir de la crisis por parte de algunos miembros europeos incluso en el corazón de Europa. Las decisiones de Draghi puede acabar sumando cero, al final”.

El fantasma de la deflación se ha paseado durante todo el año por la eurozona y, hacia el final, la inflación descendía a sólo un 0,3 por ciento. Alemania y Francia ven como los precios al consumo se encogen. En Italia y Portugal
varían entre positivos y negativos. Y, en España y Grecia, se hunden hasta amenazar el crecimiento prometido.

Se diría un escenario a la japonesa, donde los últimos quince años los precios bajaban y el país estaba atrapado en un círculo vicioso de falta de consumo e inversión.

Esta dificultad de volver al crecimiento, que en los países del sur pasa por unos mercados de trabajo más flexibles y disminución de salarios, continúa provocando la ira de la población. Fue el caso de Italia, con una huelga general contra el nuevo Gobierno.

En Grecia, el descontento de los funcionarios se vio seguido por el de los estudiantes que no aperciben su futuro.

Y los casos de corrupción al más alto nivel, con el ejemplo este año del Banco Espírito Santo en Portugal y la familia propietaria de siempre, continuán minando la confianza en las instituciones económicas.

Ante estas perspectivas tan negras, el organismo dirigido por Draghi se la juega con la posibilidad o no de poner en marcha la máquina de billetes comprando deuda soberana de los Estados como la Fed estadounidense lo estuvo haciendo hasta octubre pasado.