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Jiva, la ciudad a las puertas del desierto

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Jiva, la ciudad a las puertas del desierto

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“Jiva era un centro para la trata de esclavos, una ciudad de bandidos fundada al término de un extenuante viaje en el desierto. Hoy en día es una ciudad museo en la que tres mil personas reviven el encanto de las antiguas tradiciones.”

No hay otro lugar como Itchan Kala, ciudad enmurallada dentro de Jiva, para transmitir la atmósfera del desierto. Sus murallas de ladrillo cocido y tonos ocres dominan la ciudad antigua, situada al sur del río Amu Daria. Jiva fue en tiempos un oasis, la última etapa de los caravaneros antes de atravesar el desierto con destino a Persia.

No hay que ir muy lejos para ver cómo sus habitantes mantienen las viejas tradiciones. Por ejemplo, la fabricación del pan lleva elementos de una de las grandes religiones de la antigüedad, el zoroastrismo.

“La tradición del pan viene de generación en generación, enseñamos a nuestras hijas porque es nuestra tradición nacional nos cuenta Zaynab Abdullaeva, que vive en Ichan-Kala. Mi madre me enseñó cómo hacerlo y mi abuela le enseñó a mi madre. “

En Jiva, se fabrica el pan al aire libre en hornos de arcilla. En una de las plazas principales de la ciudad interior encontramos varios hornos tradicionales.

“El pan lo es todo para los uzbekos, asegura Kamiljan Khudayberganov, historiador. En el Avesta, el libro sagrado del zoroastrisme, se dice que el pan es sagrado y que te pone fuerte y sano. En nuestra tradición, hace mucho tiempo, era el plato principal.”

Las formas grabadas en la masa del pan son símbolos del zoroastrisme.

“Los dibujos que ven en el pan simbolizan el sol, objeto de culto en el zoroastrismo, explica el historiador Kamiljan Khudayberganov. Era un símbolo de paz, de buena voluntad y de felicidad, y también lo encontramos en los edificios religiosos. “

Es fácil encontrar influencias del zoroastrismo en las fachadas de Jiva. Incluso las mezquitas y las escuelas coránicas incluyen símbolos de diferentes religiones, como para mostrar que las ciudades de la ruta de la seda eran una encrucijada de filosofías, religiones y culturas.

“Siempre hubo vínculos muy fuertes entre las gentes del desierto y la ciudad de Jiva, prosigue Kamiljan Khudayberganov. Había mucho trueque. Los nómadas tenían leche, carne y otros productos. Y los habitantes sedentarios de Jiva intercambiaban el pan y otros productos que no había en el desierto “.

A sólo dos horas en coche de Jiva, resulta difícil orientarse en las estepas áridas de Khorezm. Esta región está considerada la cuna de una de las más grandes civilizaciones de Asia Central. Allí se han encontrado muchísimos vestigios de ciudades y castillos. Entre los más espectaculares incluimos Ayaz Kala, un complejo de tres fortificaciones o Toprak Kala, nuestra siguiente etapa. Allí nos guía Vadim Yagodin, uno de los primeros arqueólogos que empezó a trabajar en ese sitio cuando era estudiante.

“Las excavaciones aquí duraron muchos años. Empezaron antes de la Segunda Guerra Mundial hacia 1938-1939, y siguieron después de la guerra.”

Según una teoría científica actual, estas inmensas ruinas antiguas constituyeron la residencia de los reyes de Khorezm en el siglo III después de Cristo.”

Hoy en día es posible explorar veinte fortificaciones de barro cocido y adobe en esta zona conocida como la de “cincuenta fortalezas”.

“Tras los secretos de Samarcanda, los mercados de Bujará y las tradiciones de Jiva, nuestra aventura en la antigua Ruta de la Seda llega a su fin en el desierto Kyzyl-Kum. El diario de este viaje y los tres episodios de la serie Uzbekistán Life les esperan en nuestro sitio web.”