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Cumbre de las Américas histórica en Panamá

La séptima Cumbre de las Américas que se celebra en Panamá, se anuncia histórica y problemática. Histórica porque Cuba participará por primera vez

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Cumbre de las Américas histórica en Panamá

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La séptima Cumbre de las Américas que se celebra en Panamá, se anuncia histórica y problemática. Histórica porque Cuba participará por primera vez. Problemática porque las divisiones entre algunos de los países asistentes son profundas. Consciente de la expectación mundial que suscita la reunión, el presidente de Panamá ha pedido amplitud de miras a los participantes.

Juan Carlos Varela. Presidente de Panamá:
“El mensaje que envía Ámerica a esta cumbre es muy importante: que estamos dispuestos a dejar a un lado las diferencias ideológicas y enfocarla al bienestar de los habitantes de este continente. Creo que se ha dado ese acercamiento y respaldamos al presidente Obama y al presidente Castro en los esfuerzos que están haciendo para buscar establecer relaciones diplomáticas.”

Desde este histórico apretón de manos entre Raul Castro y Barack Obama durante los funerales de Nelson Mandela en diciembre de 2013, la situación ha evolucionado considerablemente. De hecho, la participación de Cuba por primera vez desde se interpreta como la continuación del proceso de acercamiento que iniciaron en diciembre pasado La Habana y Washington.

Y si el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la reintegración de La Habana en las instancias regionales es esperada por muchos, ya se han registrado incidentes violentos entre castristas y anticastristas en actos previos a la Cumbre.

La Cumbre de las Américas, que reúne cada tres o cuatro años a 35 países de América del norte, central y del sur, comenzó en 1994 con el objetivo de ofrecer una ventana de diálogo sobre diversos asuntos basado en los principios de democracia y libre intercambio.

La de 2009 en Trinidad y Tobago marcó el estreno de Barack Obama en esta arena. Y fue un estreno exitoso, del que se recuerda principalmente el cara a cara entre el presidente estadounidense, recién elegido, y su homólogo venezolano 7 años después del golpe de Estado contra Chavez apoyado por Georges Bush.

El encuentro con el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, se produce en un ambiente más tenso si cabe. En marzo Obama declaró a Venezuela una “amenaza” para la seguridad de Estados Unidos y sancionó a una serie de funcionarios venezolanos por participar en “arresto o procesamiento de personas que habían ejercido su derecho a la libertad de expresión” y en “actos de violencia contra manifestantes de la oposición”.

Maduro puso en marcha una campaña para recoger 10 millones de firmas reclamando a Obama que la revoque que piensa entregarle en la cumbre de Panamá.

Pese a las maniobras diplomáticas estadounidenses para neutralizar el antiimperialismo que preconiza Maduro, varios países han salido en defensa de Venezuela, principalmente los integrantes del ALBA, pero también algunos aliados tradicionales como el presidente colombiano, Juan Manuel Santos.

La jefa de Estado de Brasil, que se ofreció a hacer de mediadora entre Estados Unidos y Venezuela, no llega a la cumbre pletórica. La popularidad de Dilma Rousseff está en caída libre debido a la recesión económica y a los escándalos de corrupción que salpican a su gobierno.

En algunas protestas contra su Ejecutivo, los manifestantes han coreado el lema de la cumbre de este año, “Prosperidad con Equidad”, para pedir su dimisión.