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Aprendiendo en escuelas sin paredes

En esta edición descubriremos dos escuelas diferentes que proponen un método de aprendizaje en el que no hay un edificio como tal, ni siquiera

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Aprendiendo en escuelas sin paredes

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En esta edición descubriremos dos escuelas diferentes que proponen un método de aprendizaje en el que no hay un edificio como tal, ni siquiera pupitres.

Imagínense un colegio a medida que se adapta a las necesidades de la vida cotidiana del lugar.
En la India existe una escuela que enseña a sus alumnos albañilería, técnicas agrícolas e, incluso, los secretos de la fabricación del té frío de hibisco.
Bienvenidos a la Universidad de la vida.

Dhamapur es una ciudad de la región de Maharashtra, en la India.
En este país el 70% de la población vive de la agricultura, el éxodo hacia zonas rurales es enorme. Millones de personas ya se fueron a buscar su suerte en los pueblos del país.
El fundador de la Universidad de la Vida aspira a que la gente pueda quedarse en su lugar de origen.

Si la escuela que acabamos de ver les parece convencional, ¿qué dirían de una escuela itinerante?
Una escuela donde se pueden ver delfines mientras se estudia, ¿demasiado increíble para ser cierto? Pues es posible si no tienen mal de mar.

La península de Samaná, es un lugar turístico de la República Dominicana. Pero hay jóvenes que no están de vacaciones, sino que ayudan a los habitantes de un barrio modesto a pintar sus casas y escuelas. También trabajan en el huerto ecológico.
Después de haber pasado cinco días en tierra, vuelven a sus clases, en un barco.
La mayoría están en el último curso en un instituto de Nueva Escocia, en Canadá y este año han elegido aprender en el mar.
El programa consiste estudiar mientras se navega.
Harán veinte escalas a lo largo de los cuatro continentes.

La escuela en el mar no sólo está reservada a los alumnos de la universidad canadiense. También van estudiantes de bachillerato que quieren conocer mundo antes de empezar sus estudios superiores.
Y trabajo no falta a bordo.
Día y noche cada cada alumno hace guardia durante dos horas, participa en las maniobras y mantiene el barco.

El año escolar cuesta 45.000 dólares.
Muchas familias no pueden hacer frente a los costes pero una fundación de antiguos alumnos hace que el sueño de algunos se haga realidad.

Si le gustó nuestro último episodio, ¿cómo se sentiría estudiando en un barco? Queremos conocer su opinión. Escríbanos en Facebook o Twitter.

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