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La cuestión de la ocupación nazi en plena crisis de la deuda griega

Eleni Sfoundouris tenía diez años cuando el diez de junio de 1944 su pueblo fue el escenario de una de las mayores atrocidades cometidas por los

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La cuestión de la ocupación nazi en plena crisis de la deuda griega

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Eleni Sfoundouris tenía diez años cuando el diez de junio de 1944 su pueblo fue el escenario de una de las mayores atrocidades cometidas por los nazis: la masacre de Distomo. La sensación de terror se apoderó de ella cuando un soldado entró en su casa, y decidió escapar por la ventana de de la cocina.

Incluso hoy en día, los recuerdos de Eleni siguen vivos: una mezcla de temor y sentimiento de culpabilidad por sobrevivir. “Si no me hubiera marchado quizá habría salvado a una de mis hermanas porque era la más mayor. Se llevaron a toda mi familia y les mataron con una ametralladora. Y los sesos de mi madre estaban esparcidos por la calle. Fue mi abuela quien los encontró”, explica esta mujer.

Ese fatídico día, las tropas de las SS fueron puerta por puerta masacrando a 218 civiles griegos en Distomo. Fue una represalia por un ataque guerrillero contra soldados nazis. Los supervivientes cuentan atrocidades como niños asesinados con bayonetas o apuñalamientos a mujeres embarazadas.

Hoy en día Distomo es un símbolo de lo que Grecia padeció en la Segunda Guerra Mundial durante la ocupación nazi. Un sufrimiento que para muchos ciudadanos helenos nunca ha sido reconocido ni compensado por Alemania.

Christos Papanikolaou ha vivido en Distomo toda su vida y trabaja como voluntario en la conservación de un monumento que homenajea a las víctimas. A pesar de que ocurrió hace más de setenta años, lo acontecido pesa en el alma colectiva del pueblo.

Al rememorar su infancia, Christos recuerda que pensaba que “el pueblo estaba lleno de señoras mayores porque todo el mundo vestía de negro”. Las risas o la música era algo ajeno en el lugar en el que creció y “el gran evento ocurría cada tarde cuando toda la gente, niños pequeños y mujeres mayores vestidas de negro, iban al cementerio”.

Christos explica que no solo los griegos, sino también los alemanes visitan el monumento. Alemanes que piden perdón. Y aunque no les culpa, cree que hay que alcanzar una solución en las reparaciones por la guerra ya que “nunca ha habido un acuerdo de paz con Grecia” y además el dinero que ya se pagó “tenía un cierto propósito que no era el de la indemnización de las víctimas”.

El padre de Kelly y Christina Stamoulis era un abogado que pedía treinta millones de euros para los familiares de las víctimas de Distomo. Aunque su demanda ha sido aprobada por la Corte Suprema griega, el caso está todavía pendiente de la firma del ministro de Justicia.

Las dos hermanas han seguido los pasos de su padre y sostienen que hay “un asunto moral” que implica a Alemania. Bajo su punto de vista lo primero que tendría que hacer Berlín es disculparse además de pagar una indemnización porque es algo que “dice la justicia, la ley”.

Pedir reparaciones de guerra como obligación moral a Alemania era una de las principales promesas de Alexis Tsipras. Atenas cifra la cantidad en 280.000 millones de euros. Un dinero para compensar a las víctimas, pero también por los préstamos forzosos, las reliquias robadas y la brutalidad con la que fue asesinada una décima parte de la población griega.

Pero Berlín alega que ya cumplió tras un acuerdo bilateral firmado en 1961.
También asegura que ha dado dinero a Atenas tras la entrada de Grecia en la Unión Europea y también durante la crisis de la eurozona.

Manolis Glezos es una leyenda viva que está en Alemania para probar lo contrario. Es un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 92 años que se convirtió en un héroe cuando bajó la bandera nazi de la Acrópolis en 1941. Ha estado luchando por las reparaciones de guerra durante décadas.

Hoy está en Hamburgo, invitado por el partido alemán de izquierda Die Linke. La formación es una parte de la minoría que apoya a Atenas en sus reclamaciones. Para Glezos, el tema de las reparaciones de guerra pasó de ser un asunto griego a uno comunitario cuando logró llegar al Parlamento europeo. Ahora está intentando que se convierta también en un tema alemán “porque la solución vendrá de la gente” de este país.

Pero las voces críticas en Alemania y en otros estados de la Unión Europa argumentan que el momento para pedir estas reparaciones de guerra coincide con la crisis de la deuda griega cuyos programas de rescate han supuesto prácticamente la misma cantidad de dinero. Glezos asegura que son contrarios a compensar una cosa con la otra porque son cantidades diferentes y asegura que hay “propaganda” cuando se dice lo contrario porque es una forma de restar valor a las demandas.

Hay pocas dudas de que desacreditar lo que muchos griegos ven como una injusticia histórica es una cuestión emocional. Más emocional incluso cuando el país al que responsabilizan, Alemania, es también considerado culpable en gran medida de las medidas de austeridad impuestas por la troika.

Aunque sea complejo separar ambas cuestiones, George Tzogopoulos, de la Fundación Helena para la Política Europea y Exterior recuerda que Tsipras quería presionar a Alemania con la cuestión nazi. Pero también subraya que “durante la rueda de prensa con la canciller Angela Merkel en Berlín, Tsipras dijo que se trataba solo de una cuestión moral, no económica, lo que constituye un giro de 180 grados en el planteamiento del primer ministro griego sobre las reparaciones de guerra y el préstamo de la ocupación”.

Como las negociaciones de la deuda griega, el asunto de las reparaciones de guerra es un proceso largo, complicado y de fuerte calado emocional que necesitará tiempo. Un lujo que algunas personas no se pueden permitir. Eleni Sfoundouris nunca pensó que pudieran pedir una compensación, el recuerdo de sus familias borraba cualquier otro pensamiento. A pesar de las exigencias de Tsipras, la indemnización, en caso de producirse, llegaría en un momento que ella misma considera demasiado tardío.