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Yibuti, encrucijada de refugiados que huyen del Yemen

Estos hombres han recorrido cientos de kilómetros para llegar hasta aquí: son etíopes. Quieren ir al Yemen, según dicen, con la esperanza de

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Yibuti, encrucijada de refugiados que huyen del Yemen

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Estos hombres han recorrido cientos de kilómetros para llegar hasta aquí: son etíopes.

Quieren ir al Yemen, según dicen, con la esperanza de encontrar trabajo, a pesar de la guerra.

Estamos en Yibuti, al norte del Cuerno de África. Y esta carretera lleva hasta la ciudad de Obock, a apenas treinta kilómetros de las costas yemenitas.

Desde hace varias semanas, Obock se va poblando de nuevos recién llegados.

Varios cientos de refugiados yemenitas han huido del conflicto que causa estragos en su país.

Yibuti es unos de los pocos países que les acoge.

Aquí se improvisan centros de acogida temporales, como este orfelinato en construcción.

Muchos aún están conmocionados. Esta mujer se acaba de enterar de que su casa ha sido destruída.

Wesem Sultan y su mujer son refugiados yemeníes y también lo han perdido todo.

“En mi país hay guerra, asesinatos y violaciones de los derechos humanos. Nuestra casa fue destruída. Hemos dejado atrás todo, para vivir en este lugar desconocido. No sabemos qué será de nosotros, ni cuál será nuestro destino…”

Aunque aquí están seguros, muchos refugiados no piensan quedarse en Yibuti.

Las condiciones son muy precaria, dicen, y no hay ningún futuro.

Todos saben que no podrán volver a sus casas durante mucho tiempo.

Ahmed Abdullah Kulaib llegó aquí con su joven esposa embarazada. Su madre, que se quedó en el Yemen, fue asesinada hace unos días por un francotirador.

“Los yibutíes nos han ayudado muchísimo y los comerciantes yemeníes en Yibuti también. Nos han dado muchísimas cosas básicas. Pero aquí no hay nada, no hay trabajo, ni posibilidades de una vida mejor. Estamos atrapados aquí. La mayoría quiere marcharse a Europa, porque saben cómo están las cosas en el Yemen."

Los refugiados acogidos en estos centros temporales están siendo transferidos poco a poco a este campo de Agencia de la ONU para los refugiados.

Aquí han instalado a los varones solteros.

Las autoridades yibutíes temes que se infiltren terroristas entre los refugiados.

Pero aquí no hay nada de eso, protestan estos hombres.

Lo único que quieren es huir de la pesadilla que sufren en su país, dice Mohammed Saleh Kaid que trabajaba como profesor allí.

“Aquí hay mucha gente que ha recibido una buena educación y son inteligentes. Son profesores, ingenieros, hay mucho universitario. Quieren vivir y están cansados. Necesitamos ayuda de Europa, que Europa influya en nuestro gobierno y nos ayude a ser un país democrático. ¡Yo quiero ser libre, libre!”

La agencia de la ONU para los refugiados espera acoger hasta 15.000 yemenitas en los próximos 6 meses.

Cifra que equivale al número de refugiados y solicitantes de asilo africanos que ya tiene Yibuti.

Frederic Van Hamme es portavoz del ACNUR

“Está claro que esto va a crear una enorme presión en un país pequeño como Yibuti que tiene que luchar contra la sequía, el desempleo y la pobreza generalizada.”

Pobreza que le sigue el juego a un particular comercio en Obock, lugar de tránsito de miles de emigrantes clandestinos procedentes de toda África con destino a la península arábiga.

A ella la llamaremos Hawi, un nombre falso pues no quiere que la reconozcan. Ella ha trabajado como pasafronteras durante cinco años.

Y en total ha organizado la travesía de más de 5.000 clandestinos.

Estos etíopes esperan encontrar trabajo en Arabia Saudí.

Roumana Mohammed nos explica la situación:

“Pedimos prestado dinero a nuestros familiares para venir hasta aquí. No podemos regresar a Etiopía sin nada. Tenemos deudas. Si nos quedamos aquí estamos perdidos. Aquí no hay nada que hacer. No nos queda más esperanza que ir a Arabia Saudí.”

Hawi no se ocupará del viaje. A pesar de que desde que empezó la intervención armada en el Yemen, el pasado mes de marzo, el precio de la travesía se ha duplicado. Los riesgos son demasiado grandes, tanto para ella como para ellos.

Y sin embargo el tráfico no cesa. Según esta joven contrabandista, en Obock no hay más opción.

“Cuando no tienes nada eres capaz de todo… tráfico de armas, de droga.. ¡de lo que sea! Como no tenemos nada, sinceramente podemos afrontar cualquier riesgo. He buscado trabajo por todas partes y nada. Entonces, ¿qué hacer, por qué no buscarme la vida de manera ilegal? No tengo nada…. ¿Cómo salir adelante con mi familia y mis hijos? ¡Gracias a Dios que hay clandestinos! Si no hubiera la guerra en el Yemen, le juro que haría el mismo trabajo. No tengo miedo y lo voy a volver a hacer. Si encontrara trabajo, entonces podría dejarlo.”

El año pasado más de 100.000 clandestinos transitaron por Yibuti hacia la península arábiga.

Desde que se creó en 2011, el país puede garantizar su seguridad en el mar, asegura.

Sin embargo, faltan medios para controlar este sitio de paso para la emigración clandestina, que para algunos constituye el camino hacia Europa.

Con el conflicto en el Yemen el tráfico se ha vuelto menos intenso, aunque aún sigue dándose, según explica el responsable de la guardia costera de Yibuti, el Coronel Wais O.Bogoreh:

“La guardia costera ha impedido el paso y detenido a unas 40.000 personas en casi tres años y medio. Cuando se detiene a mil personas quiere decir que han pasado dos mil. Así lo creo, pues los medios que tenemos y los esfuerzos que desplegamos no son suficientes. Debería haber un esfuerzo colectivo, independientemente de los países vecinos, de los países europeos y de cuales sean los países afectados por esta desgracia.”

Reforzar el apoyo a los países de origen y de tránsito: un leitmotiv que no llega a materializarse.

Hoy se celebraba en el puerto de Yibuti el relevo del mando de la fuerza europea Atalanta, encargada de la lucha contra la piratería en aguas de Somalia.

Una misión cuyo éxito ha inspirado un reciente proyecto europeo para luchar contra las mafias.

Joseph Silva es el Jefe de la delegación europea en Yibuti:

“Hay varias opciones, una de ellas por ejemplo, aunque lo digo en plan teórico, es ampliar el mandato de esta fuerza para luchar directamente contra todo tipo de tráfico: de seres humanos, armas, drogas… Y que representan una auténtica lacra en esta región del mundo.”

Una región en la que todos los males vienen a encallar en Yibuti…

Rumbo ahora a Ali Addeh, a unas dos horas y media en coche al sur de la capital.

Es entre estas montañas áridas donde se ha instalado el campamento de refugiados más grande del país.

Y que sirve de hogar a unas 10.000 personas, la mayoría somalíes, pero tambien etíopes y eritreos.

Houbi huyó de la guerra civil de Somalia en 2008. Aquí vive con sus siete hijas.

Su hijo desapareció hace dos años. Quería emigrar de forma clandestina hacia Europa, pasando por Sudán y Libia.

Houbi recibió una llamada de socorro el año pasado. A su hijo le habían secuestrado unos traficantes libios y reclamaban un rescate de 5.000 euros y la amenazaron con quitarle los órganos para venderlos si no accedía al chantaje.

Una cantidad inaccesible para la familia, que desde entonces no ha vuelto a tener noticias, se lamenta Houbi Ahmed Abdillahi:

“Oigo en la radio hablar de gente que se ha muerto ahogada en el mar; de los malos tratos que sufren. NO le deseo a ninguna madre vivir lo que estoy viviendo. No consigo dormir. No sé si mi hijo está vivo o muerto. Quiero pedirle algo a los países desarrollados, a los países de Europa y a EE.UU.. Que tomen medidas legales contra los pasafronteras, que acaben con el tráfico de personas. ¡Son criminales! “

Todos nos llaman para contarnos lo difícil que es la vida aquí.

Muchos de estos niós han nacido en este campamento de refugiados. No tienen ninguna perspectiva.

En un país con un índice de desempleo del 70%, las posibilidades de integración son limitadas.

Y cada vez son más los candidatos a la arriesgada travesía como afirman los jóvenes refugiados Guled Abdullahabib y Mohammed Aden:

“Nuestra vida es muy difícil. Sobre todo para los jóvenes. La escuela ni siquiera está reconocida a nivel oficial, así que no tendremos ningún tipo de certificado de estudios.”

“Aquí no hay servicios educativos ni de salud. Y le damos las gracias a la gente de Yibuti, porque al menos tenemos paz. Pero es lo único.”

“Si no cambia nada de aquí a finales de año, si no consigo nada y sigo sin esperanzas, me veré obligado a marcharme, a hacerme a la mar. No puedo volver a mi país, allí hay guerra. No me queda otra que cruzar el mar. A vida o muerte. Morir o encontrar una vida mejor.”

Muchos en el campamento esperan una respuesta a su solicitud de asilo en terceros países; pero pocos la reciben.

Abraham Keno vino de Etiopía hace 25 años. Ha montado un pequeño restaurante con su esposa Hawa. Y es lo más parecido a una vida normal que ha podido encontrar en el confinamiento del campamento de refugiados, para una población sin esperanzas de regreso y olvidados del mundo, según nos cuenta.

Para Abraham, mientras que no se resuelvan los problemas de fondo, nada podrá detener la tragedia de la emigración irregular.

“En primer lugar, todos los gobiernos deben hacer todo lo posible para garantizar la estabilidad de los países, para que la gente permanezca en sus países. Que nos den una solución duradera, ese es mi mensaje. No es para nosotros, sino para nuestros hijos. Ellos se casarán aquí y tendrán hijos que no podrán hacer nada y que no recibirán educación. Somo padres y madres y nada podemos hacer por ellos. Nos vamos a morir cualquier día, da igual, ya estamos viejos. Pero, ¿y nuestros hijos? No tienen futuro. Por favor, escuchen lo que les digo: ayuden a nuestros hijos. No lo pido por nosotros. Hagan algo por estos niños. Seguro que es posible hacer algo por ellos.”