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La miseria sigue invadiendo los suburbios franceses una década después del estallido social

Fue en este sitio de la principal eléctrica francesa en Clichy, en los suburbios de París, donde el 27 de octubre de 2005 murieron electrocutados dos

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La miseria sigue invadiendo los suburbios franceses una década después del estallido social

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Fue en este sitio de la principal eléctrica francesa en Clichy, en los suburbios de París, donde el 27 de octubre de 2005 murieron electrocutados dos jóvenes que huían de la policía por un presunto robo.

Zyed Benna, de 17 años, y Bouna Traoré, de 15 años, fallecieron treinta minutos después de que los agentes abandonaran el lugar.
El pasado 16 de marzo se abrió el proceso, diez años después de los hechos. Los familiares quieren respuestas.

“Hemos esperado 10 años, así que ahora podremos escuchar a la policía y conocer la verdad”, explica Adel Benna, hermano de Zaid.

La reacción se produjo la misma noche de las muertes. Los jóvenes atacaron a bomberos y fuerzas del orden. Un sentimiento de cólera estalló contra la policía, a la que los agresores consideraban culpable y fue el inicio de tres semanas de disturbios.

Dede Clichy, el movimiento se extendió rápidamente a numerosos suburbios de las grandes ciudades francesas. Lugares azotados por el paro y la exclusión. Los acontecimientos se colaron en la política. Nicolas Sarkozy era el ministro de Interior y meses antes había anunciado que iba a limpiar las calles con mangueras de agua a presión.

El ocho de noviembre de 2005 declaraba el estado de emergencia: “Voy a presentar al primer ministro un simple decreto para la aplicación de esta ley de 1955, pero es una decisión de principios. Vigilaremos de cerca la evolución de los acontecimientos y la aplicación de la ley.”

Diez años después, poco o nada ha cambiado en estos suburbios, también denominados zonas urbanas sensibles. La tasa de paro alcanza el 24,2% mientras que en 2012 era de 9,9% y es además, dos veces y media superior que en el resto del territorio. Unas cifras preocupantes que impiden que Francia pueda alejar el fantasma de un nuevo estallido social.