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¿Quién quiere a un inmigrante?

“Migration is a transformative challenge” (la emigración es un desafío transformador) el diplomático europeo que ha declarado esto ha preferido

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¿Quién quiere a un inmigrante?

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“Migration is a transformative challenge” (la emigración es un desafío transformador) el diplomático europeo que ha declarado esto ha preferido hacerlo bajo anonimato. Reconocer el potencial que la inmigración supone para Europa no está a la orden del día en un momento en el que los 28 países miembros se reúnen para debatir cómo van a afrontar el flujo de inmigrantes desesperados que arrecia en las fronteras del sur de la EU.

Los jefes de Estado o de Gobierno de la Unión Europea (UE) se reúnen este jueves y viernes para discutir la propuesta de la Comisión Europea para la distribución obligatoria entre países de demandantes de asilo. Una propuesta con la que se intenta aliviar la presión migratoria que recae, principalmente en Italia y Grecia.

La cumbre viene precedida por una aluvión de declaraciones que marcan el tono de esta reunión sobre un tema y que pone en evidencia las profundas divergencias de los 28 en política de inmigración. Pese a que la agenda del día se centra en cómo van a repartirse unos 40 000 refugiados en los próximos dos años, el debate excede la política de asilo europea.

El primer ministro británico ha expuesto, esta semana ante la Cámara de los Comunes, su intención de reforzar los controles en en canal de la Mancha, especialmente, en torno al puerto de Calais, incluyendo registros con perros en las entradas del Eurotúnel.

Las imágenes de inmigrantes intentando colarse en los camiones paralizados por una huelga de las compañías de ferry francesas, el pasado martes, han suscitado vivas reacciones.

La alcaldesa de Calais no ha dudado en decir que hace falta “dar un porrazo en la mesa provocando un incidente diplomático” con el gobierno británico. "El Reino Unido", ha dicho Natacha Bouchart respecto a la gestión del flujo de inmigrantes, “no honora el hecho de formar parte de Europa puesto que no aporta ni un céntimo”.

Bouchart hace referencia al plan de la Comisión Europea presentado por Jean-Claude Juncker el pasado 13 de mayo sobre la creación de cuotas de la que están excluidos el Reino Unido, Irlanda al beneficiarse del “derecho de opción” una claúsula de los tratados europeos. Dinamarca ni siquiera contempla esa opción.

Francia a través de su primer ministro, Manuel Valls, se ha opuesto ferozmente al sistema de cuotas. La inmigración, caldo de cultivo del derechista Frente Nacional, ha empujado a los demás partidos a endurecer sus posiciones en políticas de inmigración. Muy polémica ha sido la propuesta del diputado UDI, Yves Jégo, que apuesta por “mobilizar a la Unión Europea para organizar campamentos de refugiados en el norte de África” para regular, desde allí, la política de visados para los refugiados.

Francia critica al Reino Unido y es vapuleada, a su vez, por Italia. La ciudad de Ventimiglia se ha convertido en el epicentro de un nuevo enfrentamiento entre Roma y París sobre la gestión de los inmigrantes. En esta ciudad fronteriza se acinan miles de inmigrantes con la esperanza de coger un tren que les lleve hasta Francia u otros países, principalemente, anglófonos. Las autoridades francesas han reforzado los controles por tren para detectar a los inmigrantes y devolverlos a Italia. El primer ministro italiano ha acusado a sus vecinos de no respetar el tratado de Schengen mientras que el primer ministro francés se escuda en la Convención de Dublín. Esta ley estipula que el demandante de asilo debe posturlar en el estado por el que accedió a la Unión Europea, Italia, Grecia y Malta soportan el mayor peso.

Renzi lleva meses exigiendo una mejor repartición de la carga de inmigrantes que llegan a las costas italianas o son rescatados en el mar y ha llegado, incluso, a amenazar con un plan B.

Antes de la cumbre europea, Matteo Renzi aseguraba que
“Italia no renunciará a seguir salvando vidas”:

Más radical ha sido el gobierno húngaro que ha suspendido la aplicación del reglamento europeo que rige las demandas de asilo escudándose en un problema técnico. La Comisión Europea ha pedido explicaciones a Budapest.

BORDERPOL anunciada así la decisión de Hungría:

Una vez más, la Convención de Dublín enfrenta a los países europeos. El Gobierno húngaro ha criticado a Austria y a otros diez estados de la UE por devolver a los inmigrantes a Hungría. Budapest asegura no tiene por qué encargarse de ellos puesto que la mayoría de los indocumentados que atravesaron sus fronteras entraron a la Unión Europea a través de Grecia.

El presidente de Hungría Viktor Orbán ha rechazado de pleno el sistema de cuotas al que ha calificado de “insano” y ha criticado el plan de la UE que no reconoce, dice, el problema que suponen los 60.000 inmigrantes que han penetrado en Hungría, principalmente, a través de Serbia.

El anuncio de la construcción de un muro en la frontera con Serbia para frenar este flujo de inmigrantes ha recibido un aluvión de críticas.


Foto: un inmigrante espera a desembarcar en el puerto italiano de Palermo. Reuters/ Guglielmo Mangiapane