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¿Qué hace tan diferentes a Dinamarca y Suecia en cuestión de política de asilo?

Las autoridades danesas suspendieron el miércoles el tráfico ferroviario procedente de Alemania, tanto el que llega a través de la fronteriza ciudad

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¿Qué hace tan diferentes a Dinamarca y Suecia en cuestión de política de asilo?

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Las autoridades danesas suspendieron el miércoles el tráfico ferroviario procedente de Alemania, tanto el que llega a través de la fronteriza ciudad de Padborg como los trenes que desembarcan en ferry al puerto de Rodby. Aquí, dos centenares de refugiados se negaron a bajar de los vagones porque rechazan ser registrados por la policía danesa. A través de las ventanillas mostraban carteles en los que podía leerse “Dinamarca No”, “Suecia sí”.
Desde el sábado, más de 1150 refugiados han cruzado desde Alemania.

Por la misma razón, otro grupo de demandantes de asilo abondonó, el miércoles, varios centros de acogida improvisados en la ciudad de Lolland, en el sur de Dinamarca para emprender el viaje hacia el país vecino por la autopista. Estocolmo ha recordado a Copenhague que debe hacerse cargo de ellos.

No todos los refugiados se niegan a ser registrados. Según las autoridades, cerca de 200 han permanecido en un gimnasio del puerto de Rodby con este fin.

Campaña danesa en la prensa libanesa para disuadir a los futuros refugiados

El gobierno liberal de centro derecha en el poder desde junio no ha dudado en hacer gala de su histórica posición en cuestión de política de asilo. Ante la oleada que se avecinaba, el ejecutivo de Lars Løkke Rasmussen lanzó, a principios de mes, una campaña en la prensa libanesa para disuadir a los futuros candidatos al estatus de refugiado. Entre las medidas publicadas en la prensa del país árabe destaca la de rebajar a la mitad el subsidio para los refugiados.

El ministerio de Inmigración pretende reducir el número de demandantes de asilo aunque las cifras hablan por sí solas: en lo que va de año ya se han registrado unos 20 000 en comparación con las 14 000 solicitudes del año pasado.

En cuestión de solidaridad europea en materia de asilo, Dinamarca está ausente de la financiación del programa general de “Solidaridad y gestión de los flujos migratorios” (SOLID) de la UE. En la partida dedicada al Fondo Europeo para la Integración de Naciones de Terceros Países, la aportación danesa es 0.

¿Qué hace tan diferentes a Dinamarca y Suecia en cuestión de política de asilo?

La respuesta de Omid Hassani, un afgano de 16 años, varado en la estación de Padborg, a un periodista sobre por qué desea ir a Suecia, se parece a la de muchos otros refugiados: “mi familia, mis amigos se encuentran allí”.

A pesar de que Dinamarca y Suecia son países socio-económicamente similares, existen ciertas diferencias políticas que explican por qué la inmigración ha determinado de manera más contundente la actitud política danesa que la sueca.

Dinamarca ha aplicado, durante décadas, una política de asilo muy restrictiva en cuanto a cuotas. Una política basada en la dispersión geográfica de los refugiados sin una verdadera integración laboral, que según un estudio del etnólogo Karen Wren, ha tenido como consecuencia el aislamiento y la exclusión alimentada, además, por un discurso “culturalmente racista” en la esfera pública.

Suecia tiene el mayor número de refugiados per cápita de Europa, 80 000 en 2014. Con el 2% de la población de la Unión Europea, Estocolmo recibe alrededor del 15% de los refugiados que llegan a la Unión Europea.

Los límites políticos de la generosidad sueca en materia de asilo

Las declaraciones del ex Primer Ministro, Fredrik Reinfeldt, en 2013 “teníamos que abrir los corazones para los refugiados, pero esto iba a tener un coste muy alto y no había mucho espacio para reformas”, da pistas del agotamiento de las políticas consensuales que tanto la derecha como la izquierda han aplicado durante años en materia de asilo.

Todos los partidos políticos en el poder han orientado la política de inmigración hacia la integración laboral. Sin embargo, este modelo que ha conseguido llevar a muchos hijos de refugiados a la universidad ha generado, también, divisiones.

En la campaña electoral para las elecciones generales en septiembre de 2014, el debate sobre los refugiados se quedó atascado en la pregunta si se debe o no seguir aceptando demandantes de asilo. El hecho de que desde 2010 ni la Alianza (derecha), ni los socialdemócratas, los verdes y los partidos de izquierda quisieran discutir el asunto, dio fuelle a la incipiente extrema derecha, Demócratas Suecos (SD) que se aprovecharon de la llamada “política del avestruz” de los partidos tradicionales para monopolizar el tema de la inmigración.

En septiembre de 2014, los Demócratas Suecos, con el 13% de los votos, se alzaron como el tercer partido de Suecia actuando, ahora, como partido bisagra.

Los Demócratas Suecos han perdido el monopolio de las críticas a la política de inmigración sueca. En diciembre de 2014, el líder de los cristianodemócratas, Göran Hägglund, osó romper el consenso reinante con una propuesta sobre “como bajar los costes de recepción de refugiados” en el periódico Dagens Nyheter.

¿Cómo reducir la carga financiera de los refugiados?

El líder cristianodemócrata sugirió reducir la carga financiera de la recepción de refugiados a través de una deducción fiscal sobre el trabajo durante cinco años; estableciendo tres años de residencia temporal para los recién llegados con derecho a ser renovada si la necesidad de protección persiste y agilizando la gestión y rechazo de las solicitudes procedentes de países seguros (las de los Balcanes Occidentales son, en su mayoría, desestimadas).

Estas medidas no impiden la obtención de un permiso de residencia permanente a todo aquel refugiado que se establezca de manera duradera en el mercado de trabajo. De hecho, los incentivos para el establecimiento no han cambiado. Tener un trabajo asegura el derecho a permanecer en Suecia.

El Partido Liberal y parte de los moderados apoyaron la propuesta que fue rechazada por los socialdemócratas, los verdes y la izquierda.