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"¡Quiero a la madre Merkel!"

Quieren pasar antes de que Hungría selle su frontera. Las medidas anunciadas para frenar a los refugiados hace que cada día se batan récords de

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"¡Quiero a la madre Merkel!"

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Quieren pasar antes de que Hungría selle su frontera. Las medidas anunciadas para frenar a los refugiados hace que cada día se batan récords de afluencia en la fronteriza Roszke. El miércoles fueron registraron 3 321 personas.

Un refugiado con su hija en brazos grita al muro de policías que le impide atravesar la frontera: “quiero a la madre Merkel”, “me muero de frío”.

A partir del martes, entrarán en vigor las leyes que endurecen las penas por entrar de manera ilegal en el país. Budapest quiere aplicar “otras reglas del juego” en referencia a las normas adoptadas por el Parlamento, la semana pasada, que pisotean el protocolo de Dublín.

“Otras reglas del juego”

El ministro húngaro de Gobernación, János Lázár, ha explicado que en lugar de “zonas de tránsito” se establecerán oficinas en la frontera donde los refugiados deberán solicitar la demanda de asilo. Mientras dure la tramitación, los refugiados permanecerán en el lado serbio antes de poder entrar en Hungría. Se quiere, así, acabar con las imáges de los centros para refugiados como el de Rozske, convertido en una prisión:

El periodista húngaro Szabolcs Panyi cuenta a diario lo que ocurre en Roszke:

A partir de la semana que viene, Hungría expulsará a Serbia a todos aquellas personas a las que se les deniegue el asilo. La nueva normativa agiliza este proceso reducido a 8 días si la demanda proviene de una persona que haya cruzado la frontera desde un país considerado seguro, como lo es Serbia. Las posibilidades de apelar son casi nulas.

El ministro húngaro de Exteriores asegura que están haciendo el trabajo que corresponde a Grecia, puesto que no son el primer país miembro de la Unión Europea (UE) en el que entran los refugiados. “Debería hacerlo Grecia, pero no lo hace”, declaró.

El gobierno de Viktor Orban quiere despejar la estación de Keleti y acabar con las imágenes de gente esperando un tren que les conduzca a Austria país que, junto a Alemania, aplica una política de puertas abiertas a los refugiados.

A partir del día 15, el Gobierno cerrará el único espacio abierto en la alambrada que ha erigido en la frontera sur que permite el paso de los trenes, un paso por el que se cuelan a diario miles de refugiados que no podrán, sin embargo, franquear la valla de 3,5 metros que levantan miles de soldados y prisioneros (algo que desmiente el gobierno) y que estará terminada a principios de octubre.

La solidaridad no está a la orden del día en Hungría

El partido de Viktor Orbán, Fidesz-Unión Cívica Húngara, está adoptando las medidas preconizadas por el Jobbik (extrema derecha) y quiere dejar muy claro al resto de países europeos que no está dispuesto a asumir las consecuencias del protocolo de Dublín.

La Agencia de la ONU para los refugiados ha hecho un llamamiento a los países de la Unión Europea para que establezcan programas de admisión ya que Hungría no puede hacer frente a las 140 000 peticiones de asilo que ha recibido este año. Una cifra récord en comparación a las 42 000 del año pasado. La mayoría de los demandantes provienen de Siria, Afganistán, Irak y Pakistán. El dato más sorprendente es que ese número incluye a 7 000 niños sin acompañante adulto.

Una solidaridad que no está a la orden del día en Hungría. La televisión pública ha dejado de mostrar las caras de niños refugiados. Una nueva línea editorial que el ente público no ha deseado explicar. Algunos activistas húngaros consideran que se trata de una nueva censura para no despertar compasión hacia los migrantes que llegan al país.