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De Damasco a Lyon, una lucha por la supervivencia

Después del infierno de la guerra y el exilio, a los solicitantes de asilo que llegan a Francia les espera otra larga carrera de obstáculos. Sohaib

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De Damasco a Lyon, una lucha por la supervivencia

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Después del infierno de la guerra y el exilio, a los solicitantes de asilo que llegan a Francia les espera otra larga carrera de obstáculos. Sohaib Al Raies, refugiado sirio de 37 años nos cuenta su historia:

“El agua se colaba en la embarcación porque ésta era muy vieja y éramos muchos. Seríamos unas 1.380 personas entre mujeres, hombres y niños. El barco comenzó a hundirse lentamente. Fue entonces cuando llamé a la guardia costera por el teléfono vía satélite . Permanecimos en la embarcación 36 horas. El olor era nauseabundo, y cada vez que te llegaba, te mareabas y vomitabas; así una y otra vez, con vaivanes de arriba a abajo, era un mareo contínuo.”

Todo eso ocurrió hace poco más de año y medio. Sohaib huyó de la guerra para irse a Francia, donde ha obtenido la carta de refugiado. Partió de la costas de Libia para posteriormente ser rescatado por la guardia costera italiana.

“Aquí se me ve durmiendo en el barco italiano después del duro trayecto. Estaba agotadísimo pero al mismo tiempo aliviado. Finalmente estábamos a salvo”, dice

Sohaib nació en Harasta, un barrio al noreste de Damasco, una zona en guerra y bastión de la oposición anti-Assad. Sohaib huyó con sus padres de los bombardeos en noviembre de 2013.

Se fueron a Beirut por carretera y de allí, en avión hasta Egipto, donde permanecieron varios meses. Desde allí, Saohaib realizó un primer intento fallido para cruzar el Mediterráneo pero fue arrestado por las autoridades egipcias y posteriormente enviado a Turquía. Poco después cogería un avión a Argelia para desde allí alcanzar la costa Libia, en donde, entraría en contacto con el mundo de la trata de inmigrantes. Una vez en Italia, las autoridades le dejaron ir a Francia.

En junio de 2014, un tren le trae finalmente hasta Lyon. No habla francés pero no le quedaba ya dinero para irse más lejos. Al igual que muchos sirios, no recibió una cálida bienvenida.

“Todos los sirios sabemos que el papeleo en Francia es lento y que no hay ninguna institución establecida en donde uno se pueda quedar al principio. Uno está solo, y si no conoces a nadie, no te queda más remedio que dormir en la calle.”

En Lyon, los inmigrantes que vienen solos, sin hijos o familia, apenas tienen oportunidad de acojerse a un alojamiento social. La “casa de refugiados”, gestionada por la asociación Foro de Refugiados, se ha convertido en la primera parada para todos los recién llegados. Aquí, los refugiados pueden obtener una dirección de correo y asistencia jurídica y administrativa.

El director de la asociación , Jean-François Ploquin, resalta lo importante que es ofrecer una buena atención y apoyo a los refugiados:

“No se trata de mimarlos como una madre a un hijo, pero sí de ofrecerles apoyo y un vínculo de conexión entre el mundo en guerra del que vienen, el tortuoso viaje de huída y el nuevo país con un estilo de vida diferente. Por ejemplo, llega gente muy cualificada pero sus títulos aquí no son reconocidos. ¿Cómo puede alguien reiniciar una nueva vida cuando el trabajo que realizó durante veinte años en su país no se le reconoce? y ¿Qué trabajos podría buscar para poder pagarse el alquiler.”

El currículum vitae de Sohaib pone que ha estudiado inglés e informática, pero aún no ha encontrado un trabajo estable. De momento vive en una residencia social, que le cubre las necesidades mínimas del día a día.

“Yo vivo en esta planta, hay dos baños y una cocina compartida, en la que cada uno tenemos nuestro pequeño armario. Aquí guardo mis cosas. Como el pan aquí es caro, yo mismo lo hago, y con 2 euros tengo pan para 15 días”, añade. La habitación me cuesta 45 euros al mes.

Al ser sirio, el papeleo para obtener su condición de refugiado fue rápido, sólo tres meses. Hoy Sohaib tiene seguro sanitario, licencia de conducir, una tarjeta de descuento para el transporte y algo crucial, una tarjeta de residencia por un período de 10 años.

“Esta es la carta más importante del mundo, la tarjeta de residencia. Es el mejor apoyo que nos pueden dar, es una tarjeta oficial, legal, con ella podemos trabajar, viajar, y vivir como un ser humano”, dice.

Sus padres se quedaron en Egipto. De momento no tiene posibilidades de traerlos.

“Me da pena de ellos. Me encantaría poder traerlos aquí pero es muy difícil.Tan sólo permiten traer a las esposas e hijos. Me paso todo el tiempo así, sentado y mirando las noticias que llegan de Siria. Un amigo me ha enviado esta foto de su casa bombardeada, está muy cerca de donde vivíamos en Harasta.”

Hace poco, Sohaib se encontró a un amigo de su ciudad natal. Hossam llegó a Lyon hace un mes, legalmente, con una visa. Doctorado en ciencias de la computación, había estudiado ya antes en Francia. Ahora está intentando obtener el asilo. Él sí habla francés, un activo muy importante.

Otro amigo sirio de paso, Raafat, se estableció aquí desde que vino a estudiar. El año pasado obtuvo la ciudadanía francesa.

“No se trata de personas que quieren vivir de prestaciones sociales.Yo trabajo aquí, al igual que muchos, y tenemos proyectos. Por eso lo más importante es facilitar el procedimiento administrativo para no perder el tiempo. Lo segundo es aprender francés cuanto antes para conseguir una buena integración social”, explica Raafat Zarka, amigo franco-sirio de Sohaib.

En año y medio, Sohaib sólo ha conseguido un curso de francés de tres semanas, insuficiente para aclararse con la marabunta información administrativa y el acceso al mercado laboral.

Cuando le preguntas sobre su futuro, Sohaib no pierde la esperanza de volver a su país:

“Espero que acabe pronto la guerra y pueda volver a mi país, continuar con mi vida. Aquí es difícil porque necesito empezar de cero. Lo estoy haciendo ahora y es duro, muy duro, verte de nuevo empezar desde abajo para crear una nueva vida.”