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Unos niños soldado del grupo Estado Islámico escapan y cuentan sus atrocidades

El delirio de los yihadistas del autoproclamado Estado Islámico les ha llevado a secuestrar, adoctrinar y mandar a la guerra a centenares de niños

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Unos niños soldado del grupo Estado Islámico escapan y cuentan sus atrocidades

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El delirio de los yihadistas del autoproclamado Estado Islámico les ha llevado a secuestrar, adoctrinar y mandar a la guerra a centenares de niños, algunos de sólamente cinco años. Su adiestramiento se controla minuciosamente, se graba en video y se lanza a las redes sociales para alimentar sus fuentes de propaganda.

Punto de vista

"Nos enseñaron cómo cortar la garganta a una persona y cómo suicidarnos. Ponemos una mano en la frente, levantamos la cabeza, colocamos el cuchillo en el cuello y la degollamos"

Algunos han conseguido escapar y contar su historia al mundo como Raghib: “Nos enseñaron cómo cortar la garganta a una persona y cómo suicidarnos. Ponemos una mano en la frente, levantamos la cabeza, colocamos el cuchillo en el cuello y la degollamos. En cuanto al cinturón de explosivos se nos explica cómo tirar de una pieza blanca de metal que lleva adosada para que explote en ese mismo instante. También nos enseñan a tirar de la anilla de la parte superior de una granada de mano para que detone de inmediato”.

Raghib Al-Yas Ahmed (en las imágenes a la izquierda del yihadista) tiene 14 años. Pertenece a la minoría kurda de los yazidíes. Gran parte de su familia fue secuestrada tras la ocupación de Kojo, la ciudad del norte de Irak en la que vivían.

Antes de escapar sufrió siete meses de riguroso adoctrinamiento: “Una vez que se termina el entrenamiento en el campamento te envían a un segundo campo para recibir un adiestramiento más estricto antes de llevarte a combatir a Kobani. Te dicen que vas a luchar contra los yazidíes porque son infieles y que si mueres irás al paraíso y ellos al infierno”, explica Raghib Al-Yas Ahmed.

Su vida transcurre entre la monotonía y la esperanza en el campo de refugidos de Qadiya, en Irak.

Hamada es otro de los familiares de Raghib que consiguió huir. A sus 10 años explica cómo era el día a día de los niños en manos de los yihadistas: “Además de los musulmanes éramos más de 80 niños yazidíes en el campamento. Desde los cinco o seis años hasta los quince. Mi primo de 15 años todavía está allí”.

“Entrenábamos de la mañana a la noche en el campo (en el instituto Farouk para “cachorros” de la provincia de Raqqa). Nuestras fotografías y nuestros vídeos eran publicados en una página de Facebook. Nos enseñaban su religión, los que no aprendían eran castigados, con palizas o te dejaban de pie bajo el sol. Nos despertaban a las 4 de la madrugada para rezar, nos observaban, los que no se levantaban también eran castigados. La comida escasa, sólamente una al día”, comenta Hamada Shihab Ahmed.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos calculaba en marzo que al menos 400 menores estaban internados en estos campamentos militares del grupo Estado Islámico.

Medio centenar habrían muerto en combate, según datos del mes de julio.