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Enseñar ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, las cuatro fantásticas

Las disciplinas STEM acrónimo inglés de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas son consideradas fundamentales en el mercado laboral de alta

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Enseñar ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, las cuatro fantásticas

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Las disciplinas STEM acrónimo inglés de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas son consideradas fundamentales en el mercado laboral de alta cualificación. Las mujeres tienen aún muy poca presencia en ellas. Y las comunidades rurales son frecuentemente olvidadas. Echemos un vistazo a algunos proyectos que intentan cambiar la situación.

En La India, donde muchas regiones solo cuentan con instalaciones escolares básicas, resulta muy difícil encontrar una educación científica práctica.
Este proyecto desarrolla una idea original para combatir la falta de interés y de participación en zonas rurales: un laboratorio sobre ruedas.

Esta es una caja mágica. Y este, un maestro poco habitual. Petollu Satyanarayanan recorre todos los días entre quince y treinta kilómetros para ir a escuelas rurales y acercarles un pequeño laboratorio… en su motocleta.
Satyanarayanan trabaja en un proyecto innovador de la Fundación Agastya de enseñanza divertida y práctica en escuelas rurales en La India.

“Vamos al colegio de Bisanatham”, cuenta Petollu Satyanarayanan, instructor de la Fundación Internacional Agastya. “Daremos clase a los estudiantes de sexto y séptimo curso. El tema de hoy será la luz”.

La flota de Agastya está formada por cien motocletas en todo el país que llevan la ciencia a escuelas rurales que no disponen de laboratorios.

“Cuando llevamos las cajas a las escuelas los niños están muy entusiasmados”, comenta Satyanarayanan. “Les encantan las nuevas actividades y experimentos”.

“La idea se nos ocurrió cuando empezamos a estudiar cómo innovar para llegar a más gente con menor coste, para alcanzar a personas en lugares más remotos y hacerlo de una forma más sencilla”, recuerda Thiagarajan Krishnamoorthy, jefe de operaciones de la fundación.

Cuando Satyanarayanan llega, los niños de este colegio público están en clase. El centro apenas cuenta con cuatro aulas y un despacho.

“Lo primero que le damos a un niño son juguetes. ¿Por qué lo hacemos? Porque se aprende tocando y sintiendo”, explica Krishnamoorthy. “Esto no existe en La India rural. Traer un laboratorio en bicicleta a las zonas rurales es muy útil”.

Vemos el éxito del proyecto reflejado en los ojos de los alumnos. A través de doce cajas que contienen cientos de experimentos, conceptos como reverberación, óptica y biología molecular se vuelven reales para ellos. Los experimentos abarcan temas para niños de seis a doce años. La educación formal tradicional queda aparcada.“Tocar y sentir” es el nuevo mantra.

“Nuestro maestro nos enseña con palabras”, dice Jayasree. “Pero aquí aprendemos con palabras y con experimentos. Necesitamos las dos cosas”.

“Sería estupendo si viniera todos los días”, afirma Akash. “¡Sería muy emocionante!”

“Los niños recuerdan lo que se les ha enseñado”, asegura Karlakunta Chandrashekar Reddy, maestro de la escuela. “Me gusta ver cómo luego en clase contestan las preguntas”.

El laboratorio en una caja es el resultado del I + D realizado en el campus de Kuppam de Agastya, en el estado de Andhra Pradesh, en el sudeste del país. Aquí, un equipo de pedagogos diseña modelos científicos y matemáticos para hacer las asignaturas interesantes y vivas teniendo en cuenta los costes y logística de las escuelas de los pueblos.

“Si instalas una unidad de ciencias en una escuela, solo sirve para los niños que estén allí. Cuesta mucho dinero construirla y mantenerla”, comenta Krishnamoorthy. “En este modelo en el que se comparten materiales y maestros, los costes se reducen automáticamente porque los divides entre 10, 20 o 30, dependiendo del número de centros a los que vayas. En un laboratorio en bicicleta esto es aún mejor, porque el vehículo cuesta menos de una décima parte que un laboratorio móvil”.

“Los niños me dicen que han aprendido, y que los experimentos les han parecido muy interesantes”, cuenta Satyanarayanan. “Me preguntan cuándo volveré y qué experimentos haremos”.

“Los niños normalmente no tienen ningún problema”, explica Krishnamoorthy. “Una vez que les das la oportunidad de aprender lo absorben todo. Hay muchos temas que ni tocamos. Hay mucho por hacer. Hay mucho más contenido que puedes desarrollar en el laboratorio. Hay formas diferentes de llegar a los niños, diferentes pedagogías. hay diferentes estados y distritos que cubrir; diferentes materias en las que trabajar. Es sencillamente infinito, las posibilidades son increíbles”.

Tuit de Agastya sobre sus objetivos Jóvenes ingenieras en África

En muchos países existen prejuicios sobre las mujeres que estudian ciencias.
Según la OCDE, solo un tercio de los licenciados en ingeniería son mujeres. En Sudáfrica un proyecto se propone cambiar esta mentalidad y convencer a más niñas para formarse y convertirse en grandes científicas.

Estamos en un taller de ciencias de fin de semana para las estudiantes de un instituto en Durban. Mediante la combinación de actividades prácticas, del refuerzo de la autoconfianza, y con el apoyo de una serie de mentores, la ONG GirlEng trabaja para cambiar la cara a la ingeniería y crear una nueva generación de muchachas. En Sudáfrica solo uno de cada diez ingenieros son mujeres, a pesar de que constituyen el 50% del alumnado matriculado en institutos.

“En vuestro GirlEng viajamos con vosotras. Os acompañamos en vuestro viaje para convertiros en ingenieras”, explica Bibi-Aysha Fakier, Codirectora de GirlEng.

GirlEng atrae a estudiantes con gran potencial en matemáticas y ciencias. Sus talleres ofrecen a las chicas la oportunidad de recibir información y coaching para la definición de sus objetivos profesionales. Se les entregan ejercicios prácticos de ingeniería y se las conecta con mentores que les aportan apoyo académico, emocional y profesional. Otro objetivo primordial de estos talleres es el refuerzo de la autoconfianza.

“Quiero saber más sobre ingeniería”, asegura Noxolo Phakathi. “Y quiero animar a otras chicas y servirles de ejemplo. Me encanta venir y trabajar en cosas de ingeniería, porque los estereotipos son uno de nuestros mayores problemas. Las chicas pensamos que esto es trabajo de chicos. Me gustaría ser un ejemplo para otras chicas y para todo el mundo”.

La tarea de las mentoras es crucial. Proporcionan a las estudiantes modelos a seguir. Durante estos talleres las jóvenes hablan con muchos ingenieras de distintos niveles. A lo largo del programa, las estudiantes cuentan con diferentes consejeros. Una actividad enriquecedora tanto para la mentora como para su discípula.

“Yo nunca tuve un mentor. Si soy mentora de alguien creo que estoy cambiando su vida, que le estoy apoyando”, cuenta Qhawekazi Nqopiso, estudiante de ingeniería y mentora.

Mientras Sudáfrica intenta construir mejores infraestructuras y progresar tecnológicamente, resulta fundamental el refuerzo y la diversificación del sector de la ingeniería.

“En esta aula llena de estudiantes de instituto, queremos ver a nuestras futuras presidentas, futuras ingenieras, que convertirán el agua de mar en agua potable”, dice Bibi-Aysha Fakier. “Sabéis que confiamos mucho en ellas y en su potencial. Estamos aquí para coger su mano, guiarlas a lo largo de este viaje y verlas triunfar en la vida. E influir en sus comunidades, mejorar la sociedad, porque eso es lo que hacen los ingenieros”.

GirlEng comenzó su andadura hace nueve años en Sudáfrica. En 2014 extendió su actividad a Kenia. Su objetivo a medio plazo es llegar a más países de África occidental.

“Las ingenieras en Sudáfrica estamos llegando lejos”, dice Nqopiso. “Creo que cambiaremos el mundo y seremos consideradas personas con mucho potencial”.

¿Cree que las asignaturas de ciencias deben estar en primera línea de la educación? ¿Cree que eso perjudicaría a otras materias? Comparta su opinión en nuestros perfiles en las redes sociales. Hasta pronto.