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Dignificar el trabajo doméstico

Vulnerables y muchas veces explotadas, las trabajadoras domésticas se han enfrentado durante muchos años a la discriminación, a salarios ridículos, a

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Dignificar el trabajo doméstico

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Vulnerables y muchas veces explotadas, las trabajadoras domésticas se han enfrentado durante muchos años a la discriminación, a salarios ridículos, a largas jornadas de trabajo y a unas condiciones laborales muy precarias.

Durante años los políticos han dicho que era imposible cambiar el “statu quo” y que los que contrataban sus servicios no podían pagar a las limpiadoras, cocineras, asistentas y canguros un salario mínimo y que estas estaban demasiado aisladas para tener un sindicato.

Pero desde que la Organización Internacional del Trabajo aprobó el Convenio de los Trabajadores Domésticos en 2011, las cosas han empezado a cambiar.

El primer país en ratificar el convenio en Europa ha sido Italia, uno de los pocos lugares donde los trabajadores y los empleadores han creado organizaciones con las que pueden negociar las condiciones de manera colectiva.

Sara Gómez es la portavoz del sindicato FILCAMS en Roma y asegura que si se afilian al sindicato, los trabajadores domésticos podrán ser escuchados mejor.

“Lo que puedo decir es que he conocido a trabajadores que cuando consiguieron el carné de afiliado al sindicato, se pusieron a llorar porque sintieron que estaban reconocidos como integrantes de algo y eso les dio fuerza”, dice Sara Gómez.

FILCAMS sigue trabajando por conseguir en Italia la igualdad con el resto de trabajadores. Contrariamente a muchas personas, los trabajadores domésticos no tienen derecho a más de quince días de baja por enfermedad aunque su trabajo sea uno de los más agotadores.

Todavía queda mucho trabajo por hacer en lo que se refiere a los subsidios por incapacidad.

Evelyn Villalta llegó de Guatemala hace 17 años y ha estado trabajando para el Doctor Carlo desde entonces. Tiene una lesión en la pierna y con la ayuda del sindicato está luchando por obtener una prejubilación por problemas de salud.

Le causó un fuerte impacto saber que su lesión laboral podría convertirse en una minusvalía seria.

“Soy una persona muy activa. Me gusta trabajar y no solo para ganar dinero sino porque me gusta. Cuando me dijeron eso fue como si mi vida se acabara de golpe”, comenta Evelyn.

Italia es uno de los pocos países que cuenta con una asociación de empleadores, que fue creada en contraposición a la histórica fuerza de los sindicatos.

Domina ayuda a las familias con todos los trámites burocráticos para contratar a una cuidadora o limpiadora. Perfilan el contrato y se aseguran de que se pagan todas las contribuciones. Simplifican las cosas para las familias pero también permite que las dos partes se pongan de acuerdo en las condiciones laborales.

“La mayor responsabilidad de Domina en este momento histórico es crear una cultura del trabajo doméstico en Italia. Somos el primer país de Europa que ha firmado el convenio de la OIT y esto ha sido posible gracias al trabajo que hemos hecho con los sindicatos. Lo hemos conseguido porque llevamos años trabajando en este campo para dignificar esta actividad para el trabajador al mismo tiempo que la hacemos asequible para el empleador”, apunta el asesor legal de Domina, Massimo de Luca.

Los trabajadores domésticos tienen un salario mínimo en al menos 60 países.

En los últimos años muchos países han decidido tomar esta medida, incluso si en algunos lugares el sueldo es inferior al que ganan otros trabajadores.

En Francia, Italia, Austria, Bélgica y aquí en Suiza, el sistema de cheques ha demostrado que se puede dar a este tipo de trabajadores todos los servicios sociales. Este sistema ha aportado más de cuarenta millones de euros a las arcas de la seguridad social suiza.

“Los beneficios para un trabajador son las prestaciones sociales. Sea cual sea su país de origen y su situación en Suiza, esa persona disfrutará de prestaciones sociales, tendrá una pensión, ayudas sociales, una indemnización por maternidad y desempleo. Si esa persona está en situación irregular no pero con el cheque servicio podrá tener todas las prestaciones”, dice Anne Babel, responsable del cheque servicio.

A pesar de estas ventajas, se calcula que solo un tercio de los trabajadores domésticos utiliza estos cheques. Anne reconoce que hay empleadores sin escrúpulos pero asegura que la situación está mejorando.

“Creo que hay muchos empleadores que quieren hacer las cosas bien y que sus empleados coticen y es ahí donde entra en juego el cheque servicio, para garantizar la transparencia en las relaciones laborales, los derechos y los deberes. Es por eso que controlamos mucho y que no permitimos que se contrate a alguien sin que se le pague el salario mínimo”, añade Babel.

En Hong Kong las noticias sobre los abusos a los trabajadores domésticos han llenado de titulares los periódicos de los últimos años pero para los trabajadores locales las condiciones están mejorando gracias, en parte, a un innovador centro de formación financiado por el Gobierno y llamado el Centro de Formación de la Confederación de Sindicatos de Hong Kong.

Aquí, los trabajadores domésticos reciben formación en el cuidado de niños, la gestión de la casa, la limpieza ecológica y demás. Después de graduarse pueden presentarse a los puestos que el centro tiene inscritos. Todas esas ofertas tienen un sueldo decente, muchas veces por encima del salario mínimo.

“Muchas de las personas de Hong Kong que contratan trabajadores domésticos quieren que se ocupen de sus bebés recién nacidos, niños pequeños y también gente mayor que requiere mucho cuidado y atención. Si no están preparados pueden causar muchos accidentes”, apunta la profesora Mary Wong.

Fiona Leung solía trabajar en un banco pero espera que gracias a este curso pueda empezar una nueva carrera laboral.

“Después de formarme en el centro, cuando tenga experiencia, podré encontrar un trabajo para cuidar a recién nacidos. En Hong Kong, el trabajo doméstico es una profesión que tiene más futuro y espero ir creciendo con el tiempo”, dice la alumna Leung.

El problema es que esta formación solo está abierta a los locales, no a los inmigrantes, que todavía trabajan en pésimas condiciones y están obligados a vivir en la casa del que les contrata.

Shiella Estrada explica en qué consiste el abuso: “Cuando vuelven a casa nos piden que les abramos la puerta. Si quieren beber un té u otra cosa, llaman a tu puerta y te piden que les prepares algo y eso es 24 horas al día”.

En su único día libre las trabajadoras domésticas comen juntas e intercambian sus experiencias. Unas condiciones laborales muchas veces inhumanas. Hay trabajadoras a las que se les obliga a dormir en la cocina o encima de la lavadora, a las que no se les da apenas comida y se les engaña con el sueldo.

Diana Juanillo nos cuenta cómo es su jornada laboral: “Limpiar, lavar el coche, hacer la compra, cocinar, lavar la ropa, planchar… Y todo esto sin poder salir en 18 horas. Tengo que servirles todas sus comidas y como no salen, tengo que ser muy paciente con ellos”.

A pesar de que el consuelo es lo único que tienen, las organizaciones no gubernamentales y la Organización Internacional del Trabajo siguen luchando para que las mentalidades y las leyes cambien y traigan dignidad a uno de los trabajos más necesarios de nuestra sociedad.