Última hora

Última hora

Los riesgos del carbón bituminoso

Otra casa tradicional sorbia destruida. Las minas a cielo abierto de carbón bituminoso están devorando los pueblos de esta pequeña minoría étnica de

Leyendo ahora:

Los riesgos del carbón bituminoso

Tamaño de texto Aa Aa

Otra casa tradicional sorbia destruida. Las minas a cielo abierto de carbón bituminoso están devorando los pueblos de esta pequeña minoría étnica de origen eslavo que vive en el este de Alemania. Christian Penk siente que su cultura esta amenazada y antes de que las máquinas conviertan su hogar en un paisaje lunar, registra las construcciones sorbias y la naturaleza.

La familia Penk resiste. Se quieren quedar.

“En esta zona quieren reubicar a 1.700 personas. Estas grandes excavadoras están destruyendo nuestras pueblos. Están acabando con nuestra historia. Destruyen nuestro paisaje. Aquí es donde vivimos y todo se convertirá en un gran agujero”, decía Edith Penk.

Christian visita a menudo la tumba de su abuela en este pequeño cementerio muy anclado en la historia del pueblo sorbio. A pocos metros de la superficie yace una cantidad considerable de carbón bituminoso. ¿Acabará la industria por destruir este camposanto?

Los sorbios no solo temen por la suerte de sus muertos, también por la de los vivos.

“Vivimos en medio de tres centrales térmicas. Lo más importante es la salud y mucha gente de esta zona tiene cáncer”, denunciaba Christian Penk.

El padre de Christian también tiene un tumor. Pero… ¿Existe una relación entre los casos de cáncer en la región y la explotación minera? Los datos no son claros. Por esa razón los Penk quieren que se haga un estudio amplio.

Sobre el mapa y en amarillo se muestran las minas a cielo abierto. Las zonas que están siendo excavadas están en naranja y las partes rojas son proyectos de explotaciones y donde esté el epicentro del conflicto.

Varios pueblos como el de Proschim desaparecerán. Los vecinos esperan que su iglesia no sea derrumbada.

Conocemos a Hagen Rösch, propietario de una empresa agrícola en la zona que combina la agricultura con la producción de energías renovables como el biogás. Las cada vez más extensas minas han engullido grandes áreas de sus tierras. ¿Acabarán con los 80 puestos de trabajo que quedan?

Las principales plantas emisoras de CO2 de la Unión Europea

Source: 2013, Europe's dirty 30 - CAN Europe and WWF

“En los últimos años nuestra empresa ha perdido muchas zonas agrícolas. Las minas se las han llevado y han acabado con doscientos puestos de trabajo. Hoy, en Alemania, aproximadamente el 30% de la energía la generan las renovables. No necesitamos carbón bituminoso.
Producimos más de lo que consumimos y el precio de la electricidad es muy bajo. No necesitamos el carbón bituminoso ni destruir el medioambiente”, decía Hagen Rösch.

Las señales en alemán y en sorbio llevan al pueblo reconstruido de Horno. El antiguo fue devorado por las minas y sus habitantes reubicados aquí.

Bajo el tejado de la recién acabada iglesia, Thomas Burchardt recuerda su infancia. Cuando era solo un adolescente fue testigo de la destrucción de ocho iglesias. Las excavadoras han destruido en total 29.

“Vi como se moría el pueblo. Cuando empezó la destrucción empezaron a arrancar de raíz los árboles, a quitar el pavimento y a destrozar todo el pueblo. Fue muy duro. No tenemos ninguna necesidad. Alemania exporta mucha electricidad. Nuestra región no tendría que ser aniquilada solamente por razones de exportación. Además es malo para el medioamiente. El carbón bituminoso es la fuente de energía más sucia que existe”, apuntaba Thomas Burchardt.

Thomas nos enseña el museo local, llamado “el archivo de los pueblos muertos”. Thomas es sorbio y representa a su comunidad en el comité del carbón bituminoso.

“Unos 136 puebos han sido destruidos y gran parte de ellos eran sorbios. Se ha perdido para siempre tesoros históricos y culturales de nuestra comunidad. Los asentamientos sorbios están protegidos por la Constitución y cada ataque hacia ellos es una violación constitucional del Gobierno regional”, añadía Burchardt.

Las minas y las centrales eléctricas pertenecen a Vattenfall, una empresa pública de Suecia. Vattenfall quiere dejar de explotar este tipo de carbón e intenta vender pero la emprensa dice que necesita un periodo de transición ya que de momento tiene que seguir explotando las minas.

“¿Quién producirá electricidad cuando no haya ni viento ni sol? Creo que de momento nadie ha conseguido responder correctamente a esta pregunta. Asumimos que la extracción de carbón bituminoso y la producción de energía con este mineral continuarán después de 2020 hasta 2030 o 2050”, comentaba el portavoz de Vattenfall, Thoralf Schirmer.

El Gobierno alemán quiere reducir las emisiones de CO2 en un 40% de aquí a 2020. En primavera se apostó por un impuesto especial para el clima, que pretendía penalizar a las plantas térmicas que utilizaran este tipo de carbón. Pero antes de que se aprobara la tasa, las eléctricas la tumbaron. Ahora el proyecto de ley contempla una subvención para que las centrales térmicas se mantengan apagadas. Los expertos climáticos están indignados.

“Alemania tiene un problema: los grupos de presión de la industria del carbón son muy fuertes. Podría ser que el acuerdo firmado entre el Gobierno y la industria esconda subsidios. En ese caso, el pacto sería incompatible con la ley comunitaria”, comentaba la experta climática Paula Claudia Kemfert.

Crucemos la frontera. En Polonia nos encontramos con Anna. Hace años este castillo era su guardería. Ahora está vacío. Cuando unos inversores vinieron para transformarlo en hotel las autoridades bloquearon el proyecto con la excusa de que había la posiblidad de construir una mina y una central térmica.

“Hace años que el edificio está abandonado. El castillo se está convirtiendo en ruinas porque la agencia estatal que lo gestiona no quiere venderlo. La razón es el proyecto de abrir minas de carbón y una central térmica. Prometieron dinero y trabajo pero el problema es que no se autoriza a los pequeños inversores a que desarrollen la zona”, decía Anna Dziadek, de la ONG “No más minas de carbón”.

Anna todavía tiene la esperanza de poder parar a la compañía minera polaca antes de que las excavadoras acaben con los pueblos y con la granja de su amiga. Mientras embotellan el licor de cerezas hablamos sobre el proyecto minero. Una mina y una central requieren una inversión de 7.000 millones de euros pero, según Anna, ni cuentan con ese dinero ni tienen el apoyo de los vecinos.

“En 2009 tuvimos dos referéndums y la gente votó que no quería que se invirtiera más en esta industria. Tarde o temprano los grupos de presión del carbón bituminoso tendrán que renunciar a sus planes”, añadía Anna.

“Ya está bien de energía de origen fósil. “Dejen el carbón donde está y saquen nuestro dinero de las inversiones en energías sucias”, son algunos de los mensajes que lanzan los activistas de la ONG 350-Dot-Org.

Su lucha contra el calentamiento global ha convencido a algunos de los actores clave para que no inviertan en esta industria.

“Hemos conseguido que varios grandes inversores y otros públicos como el fondo de pensiones del Gobierno noruego saquen su dinero de la industria del carbón”, decía la coordinadora para la comunicación en Europa de la ONG, Melanie Mattauch.

A pesar de esos logros muchos pueblos siguen estando en riesgo.

La familia Penk dice que la esperanza es lo último que se pierde y esperan que los gobiernos y los líderes internacionales acaben de una vez con la extracción y explotación del carbón bituminoso.

“Si en la cumbre del clima los que tienen que tomar decisiones empiezan a atender los intereses de la industria, las perspectivas para el clima y para nosotros serán desoladoras. Pero si no luchas habrás perdido la batalla antes de empezarla. Yo me mantendré firme y lucharé por mis derechos. Lucharé para que no haya ni una excavación más”, concluía Edith Penk.

¿Seremos capaces de decir adiós al carbón y a las energías fósiles? El tiempo lo dirá pero para que esto suceda los líderes políticos se tendrán que poner de acuerdo.

Reporter - Brown coal