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Dispuestos a arriesgarlo todo por cruzar el mar Egeo

La UE ha ofrecido a Turquía miles de millones de euros, la supresión del régimen de visado y la aceleración de las negociaciones de adhesión, a

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Dispuestos a arriesgarlo todo por cruzar el mar Egeo

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La UE ha ofrecido a Turquía miles de millones de euros, la supresión del régimen de visado y la aceleración de las negociaciones de adhesión, a cambio, Ankara debe aceptar la readmisión de los refugiados llegados clandestinamente a Grecia. Mientras, la ruta de los Balcanes sigue cerrada.

Un reportaje de Marilú Lucrezio de la RAI 1.

Atrapados en el campo de Idomeni

A la deriva y con las ilusiones perdidas… El acuerdo que está tomando forma entre Europa y Turquía no gusta a los refugiados que se apiñan en el campo de Idomeni.

Ya son más de 14.000 personas atrapadas enla frontera entre Grecia y Macedonia, casi la mitad son niños.

“Esperamos que abran la frontera dice Joan. Si me devuelven a Turquía, entonces tendré que volver a Siria. Nos han tratado como a animales. Éramos dos mil personas encerradas en un gimnasio sin ventanas. Allí nos íbamos a morir asfixiados.”

Asra viaja con su gato: “Yo no volveré a Turquía, aunque me obliguen. Allí nos han maltratado, nos cuenta.”

“Él explica como puede hacer para llegar a Alemania, pasando por Italia. No quiere regresar a los campos de refugiados turcos. “Además hay hombres que tienen relación con el Dáesch. A mí me buscan los milicianos, si me encuentran me cortan la cabeza, nos confía.”

“El campo de Idomeni sigue ampliándose, dice en su reportaje Marilú Lucrezio. La gente vive en medio del barrizal. Anoche 14 niños fueron hospitalizados con hipotermia. Y ya están preparándose para otra noche de frío.”

La solidaridad de la gente no falta, aquí distribuyen sopa caliente, un camión ha descargado una montaña de leña. Pues por la noche, no se puede sobrevivir sin el calor del fuego.

Una travesía muy vigilada

Aquí se ha interceptado a un grupo de cuarenta y dos sirios, entre los cuales había una docena de niños, para impedirles, este miércoles, embarcar en su travesía a Grecia.

Pero, a pesar de la vigilancia reforzada de los guardacostas turcos, y de los peligros del mar, el flujo continúa. Reportaje en Çesme de Clement Le Goff, enviado especial de France 2.

Todos tienen un solo objetivo: llegar a Europa. Las costas griegas están a menos de ocho kilómetros. Algunos de los emigrantes incluso tienen puesto el chaleco salvavidas. Pero esta tarde, un imponente barco está anclado. A unos cien metros los guardacostas les han cortado el paso.

“Los turcos nos están observando, vigilan para que no nos hagamos a la mar.

De momento, es imposible para ellos embarcarse en una barca neumática como ésta.

Escondidos entre los árboles, esperarán que caiga la noche para probar suerte. Y eso que desde hace días, Turquía ha reforzado su frontera.

- ¡Atrás! ¡Aléjense! Aquí, la policía impide el paso a los emigrantes para evitar que accedan a la costa.

Sin embargo, este pescador constata la afluencia de nuevos refugiados. Según él, las travesías no han cesado.

“Mire ahí, es un punto de partida, ahí hay otro. Ahí hay restos de embarcaciones e incluso objetos personales de los refugiados.”

En la orilla hay ropa e incluso una lancha neumática reventada. Parece imposible controlar los cientos de kilómetros de costa que Turquía tiene en el mar Egeo.

“Hoy he visto 6 ó 7 guardacostas patrullando, pero los emigrantes salen de muchos sitios diferentes, todos al mismo tiempo, salen de todas partes.”

Y esta tarde, siguen siendo muchos los que toman camino hacia el mar.

Mehdi ha intentado once veces la travesía, y asegura que nada le parará.

“Estamos dispuestos a arriesgarlo por cruzar el mar, a pesar de los peligros, incluso si hemos hacerlo por la noche:

“Esta tarde, no se ven los guardacostas turcos desde esta orilla. Es difícil decir si esa vigilancia reforzada durante el día limitará las nuevas salidas. En las últimas semanas entre 1.500 y 2.000 emigrantes salieron cada día de Turquía para llegar a Europa.”

Naufragios en el mar Egeo, el compromiso sueco

Este miércoles, 2.373 personas cruzaron el mar Egeo desembarcando en las islas de Lesbos:http://in-cyprus.com/greek-islands-nominated-for-nobel-peace-prize/ y de Kos.

En solo media hora han llegado a Lesbos tres balsas inflables. A menudo escoltados por barcos de salvamento. El reportaje de Thomas Epitaux-Fallot, de la Radio Televisión Suiza, RTS.

Son las seis de la mañana en las costas de la Isla de Samos. Los rostros concentrados en cada gesto preciso. Como cada mañana, el equipo de salvamento sueco busca embarcaciones de emigrantes a la deriva.

Matthew Fader, que ha trabajado por los cuatro rincones del mundo, explica porqué Samos es una isla tan peligrosa.

“Son costas espectaculares y dramáticas de gran belleza, asegura. Hay altas montañas con pequeñas calas y acantilados. Muchos barcos llegan a rincones prácticamente inaccesibles.”

Como esta noche, por ejemplo, en la que varios emigrantes intentaron encontrar el camino en la oscuridad y se quedaron atrapados a diferentes alturas. Los servicios de auxilio fueron un alivio inesperados para estas familias.

Estos dos niños aterrorizados podrán abrazar de nuevo a su padre.

Pero la gran mayoría de las operaciones de salvamento no son tan peligrosas. A menudo, el equipo ayuda a los guardacostas griegos y embarca a los emigrantes antes de que la situación se ponga fuera de control.

Los niños, que viajan en cantidades inimaginables, son siempre la prioridad para los equipos de socorro.

“La isla de Samos es una de las más peligrosas del mar Egeo, sus fuertes vientos y costas rocosas, la convierten en una trampa para las embarcaciones de los emigrantes.”

Navegando a lo largo de la isla, es imposible no ver los restos que recuerdan el drama cotidiano de este rincón del Mediterráneo.

En 2016, con 321 muertos, el trayecto entre Turquía y Grecia ha sido el que más vidas se ha cobrado.

A la tripulación, las imágenes se les quedan grabadas durante mucho tiempo en la memoria.

Nils Inngul está tan impresionado por esta experiencia, que incluso se la ha grabado en la piel. Nos cuenta su mejor recuerdo.

“Era una familia con dos niños, uno de ellos se llamaba Amid. Después de haberles salvado, nos lo encontramos en el campo. Había ido a la ciudad para comprar una bolsa de patatas fritas, y vino a ofrecernos a toda la tripulación.”

Desde octubre del año pasado, el equipo de salvamento sueco ha llevado a 1.600 emigrantes a buen puerto. Financiadas gracias a donaciones, sus operaciones en Samos, deberían proseguir por lo menos hasta este verano.

Niños enfermos en el campo Idomeni

Volvemos a Idomeni, donde un 40% de los refugiados son niños y muchos sufren enfermedades respiratorias provocadas por la humedad y el frío, pero también por el humo del plástico quemado. Un reportaje de Lorenzó Milá y Daniel Bastida para TVE.

Es un poblado de casi 14.000 personas en medio del barrizal. Un caos que sin embargo funciona sobre todo por el esfuerzo de ONG’s como Médicos Sin Fronteras, que ha levantado enormes carpas y atiende a todos.

También la organización internacional Aid Delivery Mission, que da de comer caliente, todos los días a miles de refugiados, como nos explica María Rodrigo, una española que ayuda aquí desde hace algunos días.

“Nosotros hacemos una tonelada y media de sopa todos los días.”

Centenares de refugiados hacen cola para comer de esa sopa, elaborada con productos locales, donados o comprados gracias a donaciones particulares.

“Lo que pasa es que el dinero se acaba y las donaciones también se acaban.”

Otro de los problemas aquí es la salud, sobre todo la de los niños. Algunos médicos en el campo advierten que quizá el 70% de los niños aquí está enfermo, sobre todo por resfriados y problemas respiratorios por el humo constante de las hogueras.

“Y después hay realmente muchos casos de gastroenteritis, con vómitos y diarrea probablemente también por los cambios bruscos de temperatura. Ha estado haciendo calor, y de pronto toda esta lluvia.”

Cerrada de momento la ruta de los Balcanes, no está claro que piensa hacer Grecia con este campo. Hace dos semanas lo desalojaron, reubicando a los refugiados en otras instalaciones, pero entonces eran 1.000 y ahora son unos 14.000 y creciendo.