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La fuerza de la amistad y la fraternidad, según Dvorak

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La fuerza de la amistad y la fraternidad, según Dvorak

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Quizás fue en un entorno parecido a este, en el que la naturaleza calma el espíritu, donde en 1889 el compositor checo Antonín Dvorak escribió su octava…

Quizás fue en un entorno parecido a este, en el que la naturaleza calma el espíritu, donde en 1889 el compositor checo Antonín Dvorak escribió su octava sinfonía. Música poderosa y tierna a la vez, que ha vuelto a cautivar a la Konzerthaus durante la escala vienesa de la gira de la orquesta Tonhalle. A la batuta, el joven y brillante director, pianista y violonchelista francés Lionel Bringuier.

Punto de vista

"A menudo nos entendemos simplemente guiñando un ojo o sonriendo. No necesitamos hacer grandes gestos, sobre todo con una sinfonía de Dvorak".

Le acompañan en la capital austríaca dos solistas estrella: la georgiana Lisa Batiashvili y el también francés Gautier Capuçon. Su interpretación del Doble Concierto para violín y chelo de Johannes Brahms, ha sido mágica.

“Es una pieza llena de humor y ligereza al mismo tiempo”, dice Lionel Bringuier. “Nuestros dos solistas tienen tanto talento como para reflejarlo. Es como un diálogo, con la música rebotando de un instrumento al otro… solo se necesita ver la conexión entre ellos para apreciar ese humor.
Gautier es alguien a quien aprecio mucho. En una época coincidimos en el conservatorio. Yo tenía trece años y Gautier acababa de graduarse con 17. Pocos años después nos reencontramos en el escenario. Yo como director y él como solista… ¡Nos encanta trabajar juntos!”

“Respecto a esta pieza, creo que es importante aclarar que Joseph Joachim, que fue un famoso violinista y gran amigo de Brahms, en un momento dado rompió con él”, recuerda Gautier Capuçon. Y este concierto es la obra que permitió su reconciliación. La pieza constituye un verdadero diálogo, y contiene un mensaje simbólico sobre la fraternidad, la amistad y el reencuentro”.

“Creo que es vital compartir la música, para mí la música es más importante que los músicos, por lo que yo intento servir a la música…”, asegura Lisa Batiashvili.

“Entonces, ¿qué hago yo aquí?”, pregunta, riéndose, Capuçon.

“Pero también me inspiran mis colegas”, responde Batiashvili. Es increíble cuando hay tanta energía en el escenario y creamos algo que nos hace más fuertes, cuando conseguimos comunicarnos con el público de una forma diferente”.

“Viena es muy especial para mí”, comenta Capuçon
. “Por supuesto, está París, pero Viena es la ciudad en la que estudié… Donde la música resuena por todas partes… Sabemos que hay una forma diferente de comprender la música cuando tocamos a Brahms en Viena… Pero al mismo tiempo es un placer saber que es una música que resuena en los corazones de toda la gente aquí”.

Un amor por la música compartido y un profundo conocimiento mutuo que crean una relación especial entre el maestro Bringuier y sus músicos de Zurich.

“Lo que me gusta de mi orquesta es que tenemos una complicidad muy fuerte”, explica Bringuier
. “A menudo nos entendemos simplemente guiñando un ojo o sonriendo. No necesitamos hacer grandes gestos, sobre todo con una sinfonía de Dvorak. No es el jefe el que lo hace todo, el jefe debe simplemente animar a los músicos, son ellos quienes van a transmitir en la sala. El objetivo es que el público sienta la emoción”.