Última hora

Leyendo ahora:

El Yemen: ¿Una guerra olvidada?

insiders

El Yemen: ¿Una guerra olvidada?

En asociación con

Desde hace más de año y medio, el Yemen es un caos. Una guerra civil enfrenta a los rebeldes hutíes, del movimiento Ansar Allah y al Ejército Nacional, apoyado por la Coalición árabe.

Junto a las tropas regulares, Mohammed Shaikhibrahim, enviado especial de euronews pudo acceder a una de las muchas líneas del frente de ese conflicto en la provincia de Lahj, en el sur del país.

Las tropas tratan de avanzar hacia las ciudades del norte y hacia la capital, Saná, controlada por los rebeldes hutíes, desde septiembre de 2014.

“Queremos asegurar al pueblo del Yemen que no abandonaremos, ni dejaremos un centímetro de tierra, dice el comandante Mothana Ahmed, oficial del Ejército nacional. Vamos a seguir avanzando hasta la erradicación del último hutí y de las fuerzas leales al antiguo presidente Alí Abdalá Saleh.”

Frente a los hutíes, aliados al expresidente Saleh, combate la Coalición árabe, dirigida por Arabia Saudí, y que apoya a las tropas del Ejército con bombardeos aéreos sobre las posiciones hutíes desde el 25 de marzo de 2015 en la llamada Operación Tormenta Decisiva.

Uno de los logros de esta operación consistió en haber logrado recuperar el control sobre la ciudad de Adén, que estaba en manos de los hutíes.

Adén ocupa una posición estratégica importante en esta guerra, debido a su proximidad con el estrecho de Bab el-Mandeb, paso importante para los navíos internacionales. Por ello, la coalición árabe ha intensificado sus operaciones militares aéreas y terrestres para liberar la ciudad.

“Estamos dispuestos a liberar todas las ciudades yemeníes que están bajo control hutí asegura Adrous al Zoubaidi, el Gobernador de Adén. Queremos salvar el honor y la religión de nuestro pueblo, que al caer en manos hutíes, pierde nuestro apoyo unánime y se aleja de las tradiciones del pueblo yemení, y todo ello con el apoyo de Irán.”

Además de los hutíes, grupo chií que cuenta con el respaldo de Irán y de los militares apoyados por la coalición árabe, un tercer elemento siembra la inestabilidad: Al Qaeda.

Diferentes redes terroristas radicales implantadas en el sur del Yemen cometen atentados, como en Adén, en general contra las tropas regulares del presidente yemení Abd Rabbo Mansur Hadi.

Nos dirigimos a la capital Saná, controlada totalmente por los rebeldes desde septiembre de 2014.

Los hutíes se llaman así por el nombre de su guía espiritual, el clérigo chií, Badr Eddine al Hutí, jefe de la secta zaidí. Con el apoyo de decenas de miles de combatientes del movimiento Ansar Alá (Partidarios de Dios) han logrado controlar la capital y los todos los edificios gubernamentales.

Han adoptado una declaración constitucional que hace del Comité Revolucionario Supremo, dirigido por Mohamed Ali Al Hutí, la más alta autoridad del país:

“Estamos dispuestos a combatir hasta el final, para lograr la independencia de toda injerencia extranjera en nuestro país, para así vencer a los invasores de nuestra tierra. Pero, ¿quién sale perdiendo? Saldrán perdiendo los hijos de los pueblos árabes y musulmanes. En el sur tratan de implantar el terrorismo que según dicen pretender combatir.”

Los hutíes, que denuncian la marginalización de la secta zaidí en un país de mayoría suní y del escaso desarrollo de su bastión en el noroeste, se han convertido en la primera fuerza política del Yemen, gracias al apoyo de numerosas tribus y de los jefes militares.

“Creemos que Arabia Saudí no se incorporó a esta guerra por su propia voluntad, sino que se le ordenó que la liderara, asegura Mohamed Ali Al Hutí, jefe del Comité Revolucionario Supremo. Nosotros pensamos que quien maneja este conflicto es EE.UU.. Es ese país quien dirige las operaciones militares y señala los objetivos que los aviones deben bombardear, proporcionando toda la información.”

“Abajo Israel. Abajo EE.UU.”, son algunos de los lemas inscritos en los carteles que por toda la capital han colgado los insurgentes hutíes, que según diversos informes contarían con el apoyo del Hizbulá libanés.

En cuanto a los militares con los que están vinculados, se trata de las tropas fieles al antiguo presidente Alí Abdalá Saleh quien dimitió tras la revolución yemení en 2011.

“Ya basta de destrucción, dice este yemení. ¿Por qué se produce esta sublevación en la sociedad ? ¿Y con qué objetivo? Además, esta violencia está destruyendo completamente al país. De momento no hay nada positivo. La agresión de Arabia Saudí es injusta y deberíamos devolvérselo con creces, pero, la cuestión es: ¿Por qué nos matamos los unos a los otros?.”

Durante este reportaje en el Yemen, hemos viajado hasta Sadá, otra ciudad situada al norte, la cuna del zaidismo. La ciudad conoció diversas guerras bajo el antiguo régimen yemení y de nuevo se encuentra en una encrucijada. Los combates, que también llevan a cabo los hutíes, han devastado cada una de las calles y edificios.

“Sadá ocupa un lugar importante en esta guerra, subraya nuestro reportero de guerra Mohamed Shaikhibrahim. Además de ser el principal reducto de Ansar Allah, es una de las ciudades más cercanas de la frontera con Arabia Saudí. Lo que la convierte en una de las localidades más golpeadas por la violencia.”

Tras haber sufrido la devastación de seis guerras contra el régimen de Alí Abdulá Saleh, además del conflicto actual, aquí en la ciudad de Sadá la mayoría de la población se ha puesto del lado de los hutíes. Y se trata de un apoyo creciente en los últimos años.

“El Yemen tiene hombres fuertes, pero se convertirá en un cementerio para los invasores, exclama este otro yemení. No les dejaremos dar un paso dentro de las fronteras del Yemen. Y su destino será perder la guerra.”

Arabia Saudí acusa a los rebeldes hutíes de traspasar su frontera sur, de ocupar posiciones militares saudíes y de bombardear las ciudades fronterizas.

Los rebeldes, por su lado, consideran que están defendiendo su territorio ante los bombardeos aéreos de la coalición y ante la muerte, según denuncian, de miles de personas.

Esta gasolinera en Sadá fue bombardeada según imágenes proporcionadas por los hutíes.

Rasha Mohamed, de Amnistía Internacional, considera que cada parte en este conflicto ha cometido crímenes de guerra incluyendo a la Coalición, a los hutíes y a todos los grupos que les combaten en el terreno.

“En cada pueblo y cada región hemos encontrado las pruebas de ataques por parte de los diferentes grupos armados en Adén y en Taiz. Todas y cada una de las partes implicadas en el conflicto han cometido crímenes de guerra por lo que es necesario que la comunidad internacional condene inmediatamente esta situación.”

Desde que empezó la guerra en el Yemen se han utilizado infinidad de armas algunas de ellas prohibidas en áreas densamente pobladas y cuyo empleo está regulado por el derecho internacional humanitario.

Entre dichas armas están las bombas racimo. Estas submuniciones han sido recogidas en diferentes lugares.

Diversas organizaciones como el Observatorio de Derechos Humanos o Amnistía Internacional han confirmado que estas armas fueron lanzadas en zonas residenciales, provocando centenares de muertos y heridos civiles.

Según estas ONG, la ingente cantidad de bombas y misiles que se han empleado en el país no es conforme a los principios básicos de proporcionalidad y prevención. Lo que constituye, según diversos organismos internacionales, una violación de las leyes de la guerra.

“En el Yemen, los expertos se encuentran con muchas dificultades en el procesamiento de las bombas y misilies, en particular las bombas de racimo, que según las autoridades locales han sido lanzadas desde diferentes lugares a lo largo de esta guerra. Muchas veces no pueden desactivarlas por no tener los equipos necesarios debido al bloqueo impuesto por Arabia Saudí al Yemen”, explica nuestro enviado especial Mohamed Shaikhibrahim.

Arabia Saudí y los países de la coalición de habrían utilizado, según los rebeldes hutíes, diferentes tipos de armas cuyo uso está prohibido contra civiles. Algo que desmienten los principales países concernidos, por lo que desde Saná exigen una verdadera investigación independiente.

“Aquí se han utilizado bombas británicas y francesas, aunque la mayoría vienen de
EE.UU. explica el General Yahya al-hutí. Las bombas lanzadas sobre el Yemen, y más exactamente en la provincia de Marib, son bombas químicas, bombas de fósforo blanco y bombas de fragmentación.”

En esta zona nos acompaña el grupo Ansar Allah. A las afueras de Saná, esta montaña domina sobre la capital. Diversas fuentes aseguran que hace poco más de un año, “la zona de Faj Atan, en el distrito de Hada, habría sido el blanco de la bomba de neutrones”:, totalmente prohibida a nivel internacional, y cuyos efectos son devastadores.

Aunque de momento no existen pruebas concluyentes de que ese tipo de arma de destrucción masiva haya sido utilizada.

“Varios expertos identificaron el tipo de bomba que se utilizó aquí y aseguran que se trata de una bomba de neutrones, porque provocó una destrucción impresionante, se indigna un coronel yemení. La montaña se hizo añicos, proyectando fragmentos por toda la zona de alrededor.”

La zona afectada por la explosión de abril de 2015 se extiende en torno a unos dos kilómetros y hubo centenares de víctimas según el Ministerio de Sanidad del Yemen.

Según los informes publicados por las fuerzas de la Coalición árabe indican que el bombardeo tenía por blanco un depósito de armas situado cerca de una zona residencial.

La intensidad de las explosiones sucesivas que se produjeron podría explicarse también por las municiones que albergaba el depósito de armas de la fuerzas fieles a Alí Abdulá Saleh.

Las consecuencias de esta guerra civil en Yemen son terribles. La mayoría de las ciudades está en estado de sitio.

El bloqueo de que ejerce la coalición árabe afecta aún más a la población que apenas puede cubrir las necesidades más básicas. La falta de comida, de agua, de medicamentos y de electricidad es alarmante.

“Sufrimos por el bloqueo, dice este yemení. No hay harina ni para hacer pan. No hay agua y no tenemos alimentos. Han bloqueado la frontera principal, han cerrado el puerto de Hodeida a los navíos con ayuda humanitaria que traían comida y medicamentos y además han destruído las centrales eléctricas del país.”

La guerra ha degradado las condiciones de vida de la población yemení. Cerca del 80% de los 26 millones de yemeníes vive hoy en día bajo el umbral de la pobreza. Y nueve millones padecen hambre.

“Los niños mueren por deshidratación porque no podemos darle ni agua ni leche se lamenta este otro yemení. Le juro que he visto a niños morir de hambre. Las mujeres prefieren abortar por la falta de comida. No tenemos acceso a cuidados médicos.”

Ante los locales de la ONU en Saná, cada semana, estos manifestantes reclaman más ayuda humanitaria y piden a la comunidad internacional que intervenga para poner fin a la crisis.

“Y la ONU ¿Qué hace por el Yemen? ¿Qué hace por nosotros? Hasta ahora no ha sido capaz de levantar el bloqueo sobre Yemen, ni logra hacer llegar víveres, ni medicamentos o ayuda para que tengamos más seguridad ¿Cómo vamos a hacer?” se pregunta Al Mufti Taiz Sheikh Aqil ibn Sahl, un yemení que cada semana viene a protestar a la sede de la ONU.

Los representantes de las Naciones Unidas podrían tratar de ayudar más, aunque ellos mismos son conscientes de que su acción en Yemen es insuficiente. Jamie McGoldrick es funcionario de la ONU:

“Las restricciones en la importación de comida, medicamentos y carburante complican las cosas también para nosotros, pero sobre todo para la población en general. Al mismo tiempo, hemos lanzado una campaña para recolectar 1.800 millones de dólares para cubrir las necesidades humanitarias. Pero de momento, sólo hemos conseguido el 16 % de esta cantidad.”

La guerra, la destrucción y el miedo a la muerte llevan a muchos yemeníes a huir de las ciudades y de las zonas en conflicto.

Muchos se encuentran en campos de como este en la pobreza total. Según las estimaciones de la ONU, el conflicto del Yemen ha desplazado a unos diez millones ochocientas personas dentro del país.

“No tenemos nada, ni ropa, ni comida, ni agua. Nuestra situación es muy difícil, dice al borde de las lágrimas esta mujer yemení. Sufrimos mucho,comemos restos, nos enfermamos y ni siquiera podemos ir al hospital. No podemos hacer nada más que pedir ayuda a Dios.”

siguiente artículo