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Un violín artesanal exige hasta 300 horas de trabajo

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Un violín artesanal exige hasta 300 horas de trabajo

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Marco Brunello hace violines. Después de trabajar como ingeniero más de 10 años, decidió dejar la seguridad del empleo para centrarse en un trabajo más creativo. Se formó con experimentados luthiers para aprender el oficio. Abrió su propio taller en 2010.

Ahora, Brunello hace unos diez violines al año. Emplea en cada uno de ello de doscientas a trescientas horas de trabajo. Hay violines a partir de cinco mil euros. Cada uno de ellos es único.

Marco Brunello explica en su taller: “La talla del propio violín de cada parte, todo es esencial en el instrumento. Lleva la firma del artista, del luthier que lo hizo. Cómo se tornea la voluta, la cubierta, la tabla armónica, todos ellos son elementos distintivos del fabricante de violines”.

Los luthiers de violines tienen una larga tradición en Italia. La capital de estos artistas es Cremona, bien conocida por los violines Stradivarius. Ahora nuevos talleres surgen en otras ciudades Italia, como Pavía y Milán.

El ochenta por ciento de los encargos de Brunello le vienen del extranjero, principalmente de Asia: “El arte italiano de la fabricación de instrumentos es reconocido porque los italianos todavía son vistos como gente con un gusto artístico ejemplar, con gusto y sentido por la belleza.”

Y a diferencia de muchos oficios tradicionales, las nuevas generaciones se interesan por este arte. Cada vez hay más alumnos en la Escuela de Luthiers de Milán. La carrera dura cuatro años. Les enseñan a utilizar las herramientas y más adelante a hacer sus propios instrumentos.

La profesora Paola Vecchio respeta la creatividad de cada uno de sus alumnos: “Me aseguro de que el aspecto técnico se hace correctamente, pero todo lo que es subjetivo, como la talla de la voluta, el contorno, todos estos elementos son un medio para que se expresen.”

La normas de admisión de la escuela son cada vez más restrictivas; sólo admite quince alumnos por curso. Hacen guitarras, violines y también instrumentos de cuerda más antiguos.

Uno de los alumnos, Franco Ferloni, aseguró a Euronews: “Para mí, la mayor alegría al hacer un violín es cuando ajusto las cuerdas, cuando en realidad puedo tocar ese violín.”

Pero tener éxito como luthier no es tan fácil como podría parecer. Según los datos de la propia escuela, tan sólo la mitad de sus alumnos trabaja ahora en la fabricación de instrumentos musicales.

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