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La frágil realidad de la tregua en Ucrania

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La frágil realidad de la tregua en Ucrania

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Desde la azotea de un edificio medio derruido un grupo de paracaidistas del Ejército ucraniano mira el frente de un Donetsk controlado por los separatistas prorrusos. Estamos en Avdiivka, una ciudad industrial dentro de la zona de seguridad. Los intercambios de disparos entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes no han cesado a pesar del alto el fuego instaurado tras los acuerdos de Minsk.

Esta zona es un punto estratégico, como recuerda el comandante Serguéi: “La carretera de circunvalación de Donetsk y Yasinovataya lleva a Gorlovka. Es una zona importante para el transporte. Nuestro enemigo, del otro lado, dice que queremos hacerse con su control pero lo cierto es que queremos avanzar para garantizar la seguridad de los ciudadanos”.

El comandante Serguéi nos muestra un edificio abandonado por sus habitantes.

Alexey es uno de los que se fueron pero lucha su propia guerra y resiste intentando reformar su apartamento. A pesar de que su piso puede dañarse o ser destruido en cualquier momento.

“Ahora queremos cambiar el papel pintado y el linóleo. Antes de la guerra no tuvimos tiempo para hacerlo. Cuando llegó Poroshenko dijo que el conflicto se acabaría en un mes. Esa fue su promesa pero ya lleva tres años presidiendo el país y la guerra continúa”, apuntaba Alexey.

Seguimos con los paracaidistas. Nos llevan a la zona álgida. Desde ahí, los soldados pueden vigilar a las tropas prorrusas y entorpecer sus movimientos por la carretera principal. Los intercambios de disparos son constantes y a veces caen proyectiles de mortero y de artillería pesada.

La zona que intentamos alcanzar está siendo bombardeada. Nuestro convoy tendrá que detenerse a mitad de camino en un puesto de avanzadilla ucraniano.

“Ahora en la región de Donetsk, los terroristas empiezan a disparar después de las 7. Usan armas cortas y tiran morteros sobre todas las posiciones de las fuerzas armadas de Ucrania”, decía el combatiente ucraniano, Staryi.

Este puesto de avanzadilla era un antiguo taller de tractores. Hoy sufre el intermitente ataque de la artillería separatista.

Nos dicen que los bombardeos han parado y podemos seguir nuestro viaje hacia una zona que llaman el “cráter”, cerca de la carretera que une Horlovka con Donetsk.

“La gente ha empezado a llamar este lugar el cráter porque se han lanzado más de 300 proyectiles”, apuntaba Serguéi.

Antes de la guerra, en Avdiivka vivían 35.000 personas. Hoy solo quedan la mitad y la mayor parte de la gente jóven ha huído. Muchos no entienden el porqué de esta guerra. Para conocer la opinión de los vecinos, visitamos el mercado, donde no hay ninguna escasez aparente de alimentos.

“Muchos civiles han muerto, al igual que los pobres soldados. ¿Está es la manera de entrar en Europa? ¿Caminado sobre sangre? Queremos quedarnos en Ucrania, en un país pacífico y como antes no necesitamos a Rusia. Que vengan los políticos y vean cómo vivimos”, decía Valentina, residente de Avdiivka.

Muchos de los vecinos de la ciudad trabajan en la fábrica de carbón Metinvest. Unas instalaciones de vital importancia para el sector metalúrgico de Ucrania. Hace dos años la producción se suspendió por los combates y el precio del carbón subió un 20%. La fábrica esta hoy amenazada.

El año pasado, Viktor Kruglenko vio morir a su hijo de 25 años por un disparo de mortero. Padre e hijo solían trabajar aquí mano a mano.

“Mi Sereja cayó aquí. Murió al instante. Su amigo, Sasha, también. Resultó gravemente herido y tuvo que ser operado de urgencia”, nos comentaba el trabajador Viktor Kruglenko.

- ¿Dónde estabas?

- “Ahí detrás. Solo me alcanzó un pequeño fragmento en la cabeza”.

La empresa ha puesto una placa conmemorativa en el lugar donde murió Serguéi. Otros trabajadores nos cuentan que de vez en cuando el fuego de artillería llega a la fábrica”.

“Los bombardeos se sienten. La metralla llega hasta aquí. Estos son impactos de la metralla”, añadía Viktor.

Más al sur, en el Mar de Azov, en la retaguardia de la línea del frente de Mariupol, nos encontramos con voluntarios del regimiento de Azov. Iaromir es un ruso de Stávropol y como algunos de sus compatriotas cogió las armas contra los rebeldes separatistas que se encuentran en esta parte de Ucrania. Estos rusos consideran que la guerra de Ucrania no es un conflicto étnico, sino una guerra para la defensa de los valores democráticos y contra lo que ellos llaman la Rusia despótica. Unos 20 ciudadanos rusos se han unido a este regimiento.

“El llamado por Putin ‘mundo ruso’ no tiene nada que ver con nosotros. No luchamos contra los rusos, sino contra lo que han hecho en el territorio de la Rusia moderna”, comentaba Iaromir.

El regimiento Azov está formado por voluntarios, incluidos combatientes extranjeros, y está controlado por el Ministerio de Interior. El compañero de armas de Iaromir, Dennis, es un croata que hace más de 20 años luchó contra los Serbios en la guerra de los Balcanes.

“Este es el principio de una nueva Guerra Fría y Putin quiere situarse en una buena posición en ella. Creo que toda Europa y todo el mundo libre debe apoyar este bando, apoyar a Ucrania”, añadía Dennis.

Este regimiento es bastante polémico en Ucrania y fuera del país. Sus detractores dicen que está formado por mercenarios de tendencia neonazi mientras que los que les apoyan aseguran que luchan contra el expansionismo del presidente ruso Vladímir Putin.

- Hay gente en Occidente que dice que, vosotros los extranjeros que estáis aquí luchando, sois mercenarios.

- “No tengo ninguna razón para ocultar nada. Ayer cobré el sueldo de febrero, exactamente 6.000 grivnas, 220 euros. Si dicen que soy un mercenario, me parece bien. Antes en Croacia, me podía gastar 2.000 euros en una noche, en unas pocas horas, comiendo o bebiendo en un bar”.

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