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Los iraquíes continúan huyendo de las zonas controladas por Daesh. En dos días, cerca de un millar de civiles iraquíes han logrado llegar hasta una zona del noreste de Siria, bajo control kurdo, considerada segura.

Fátima Ibrahim Khalaf, describe el infierno del que ha logrado escapar, con sus hijos. “Estábamos cansados de los tiroteos y de Daesh. Si ven un vehículo que transporta cigarrillos lo cogen y si ven otro con personas, también. Han usado dinero público y se quedan con el de la gente a base de impuestos. Estábamos hambientos y sin ninguna ayuda”, confiesa.

Después llegan hasta el campo de refugiados de Al Hawl, que acoge ya a miles de civiles iraquíes. Khaled Khalas Inat también vivió una odisea con sus niños pequeños. El hombre explica que “fue un viaje duro. Era como si te torturaran. Tuvimos que andar mucho y pagar dinero a los traficantes para que nos guiaran hasta aquí. Sufrimos todo el tiempo hasta que llegamos.”

La mayor parte de estos refugiados proceden de Tal Afar, al oeste de Mosul, un distrito que sigue estando controlado por los yihadistas.

Otro punto seguro – de momento – para quienes intentan huir de Daesh en Siria es Safira, al oeste, cerca de Alepo.

Elham Saleh vive en Safira, desde que logró escapar, hace un año. Hace esponjas de lufa que vende a ocho céntimos cada una. Como otros muchos sirios ha tenido que pagar cerca de 260 euros para poder huir de los yihadistas con su hijo. “Yo estaba casada y vivía en Deir Hafer. Mi marido se unió a Daesh así que decidí escapar, además acosaban a las mujeres y nos obligaban a cubrirnos el rostro”, dice.

Samia al-Moussa también escapó de Daesh con sus seis hijos después de que los yihadistas decapitaran a su marido en 2014. Él era profesor en una escuela de Sheikh Ahmad. Samia recuerda que estaban “en casa, eran alrededor de las once la noche” y sintieron llegar un coche. “Gritaron: Abdo (Abdul-Fattah) ven con nosotros. (…) Cuando les preguntamos a dónde nos dijeron que no era cosa nuestra. Desde que se fueron con él no volvimos a verle”.

Su cuñado, Nafeh al-Moussa, relata los testimonios de quienes asistieron al asesinato de su hermano. “Antes de que lo ejecutaran dijo que los militantes de Daesh eran infieles y no podían escudarse en el Islam, que no tenían fé. Ellos le acusaron de facilitar información para dirigir los ataques aéreos y de ser agente del Gobierno.”

En los dos últimos meses cerca de 3.500 familias han huído de las zonas controladas por Daesh en el norte de Siria para refugiarse en Safira.

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