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Afganistán: Más de dos años de presencia y expansión de Daesh


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Afganistán: Más de dos años de presencia y expansión de Daesh

El autodenominado Estado Islámico, cuyo acrónimo en árabe es Daesh apareció por primera vez en Afganistán en 2014. En marzo de aquel año, nueve ex comandantes de Al Qaeda juraron lealtad al nuevo grupo terrorista, que ya contaba con bases en Irak y Siria.

En octubre de 2014 varios miembros descontentos de la facción talibán Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) se sometieron a las órdenes de Aboubakr al-Baghdâdiel, apodado “el califa”, chef de Daesh. Sus combatientes afganos comenzron a reclutar hombres en las zonas tribales y al este del país.

El ataque a los miembros de la Cruz Roja el 8 de febrero de 2017 fue el peor sufrido por la organización en ese país en los últimos veinte años. Daesh no reivindicó el atentado pero está en el punto de mira de todas las sospechas. La organización humanitaria ha suspendido temporalmente todas sus acciones en Afganistán.

¿Por qué Afganistán?

¿Por qué otro movimiento yihadista se instala en un país que es feudo de los talibán y de Al Qaeda? Aziz Hakimi, sociólogo y periodista especializado en grupos armados en esta región, ha declarado a Euronews que estos grupos “se parecen mucho, aunque son dos fuerzas completamente diferentes. Los talibán forman un movimiento local que se limita a las fronteras de Afganistán, pero Daesh sueña con un gran califato musulmán. El grupo “Estado Islámico” en Afganistán es una parte de esta nueva aventura yihadista mundial”.

Los orígenes

Tras el anuncio oficial de la muerte del mulá Mohammad Omar, líder de los talibán, ese movimiento se debilita y aparecen escisiones desde la base hasta su cúpula. Una parte de la dirección no era hostil a las negociaciones de paz con el gobierno, pero una gran mayoría de sus miembros rechaza el diálogo con las autoridades, respaldadas por Occidente. Los talibán pierden fuerza ante la emergencia del nuevo movimiento armado salafista, Daesh, que actualmente controla buena parte de Irak y Siria y que persigue el establecimiento de un califato en las fronteras de la edad de oro del Islam, es decir desde el oeste de China hasta España.

En enero de 2015, el mulá Abduf Raouf, ex miembro de los talibán y ex convicto en Guantánamo, anuncia la formación de Daesh en la provincia de Nangarhar al este de Afganistán. Según Najibullah Mani, jefe de la sección antiterrorista del ministerio afgano del interior, Daesh “está activo al menos en 11 provincias del país”. Sin embargo, otras fuentes apuntan que su presencia sería mucho menor, aunque las autoridades se sirven del tirón de la marca Daesh empleada “como excusa para convencer a las potencias occidentales de la necesidad de mantener el apoyo a Afganistán, o a las autoridades afganas de prestar más atención a determinadas zonas del país. Es necesario reconocer al mismo tiempo que hay un número limitado de afganos, en su mayoría jóvenes salafistas, que aunque no tengan conexión con las redes del Daesh, se sienten identificados con él y sueñan con que el Estado Islámico fundado en Irak y Siria llegue a Afganistán. Su retórica está llena de orgullo y muestras de apoyo, pero esta pasión todavía no ha dado lugar a la aparición de una franquicia afgana”.

Objetivos de Daesh en Afganistán

Mientras que los ataques de los talibán van dirigidos a las fuerzas militares afganas e internacionales y a los funcionarios, Daesh incluye en su diana a los civiles, sobretodo a los de la minoría chiita hazara, considerada hereje por los sunitas. Desde el verano pasado se han producido varios atentados en reuniones políticas y religiosas de los hazaras en Kabul, que han provocado centeranes de muertos y de heridos.

El doble juego de Irán y Rusia

En el proyecto del gran califato que Daesh defiende, se incluyen Irán y el Caúcaso ruso. Según varios expertos, la República Islámica de Irán, enemiga de los talibán en el pasado, ahora les apoya ante la amenaza que supone Daesh para su territorio. Algo similar ocurre con Rusia. Aunque Moscú niega su apoyo directo a los talibán, hace exactamente un año, el embajador turco en Kabul, Alexander Mantytskiy garantizaba ante los senadores afganos que los vínculos de su país con los talibán tienen por objetivo asegurar la seguridad de Asia central, arguyendo que los talibanes combaten a “Daesh”. En este sentido, su colega, Zamir Kabúlov enviado especial del presidente ruso para Afganistan, mantiene que “la responsabilidad política y moral de lo que ocurre en Afganistán es de los estadounidenses”. Según él, la presencia de las tropas estadounidenses en Afganistán, ha creado “nuevos problemas”.

Según Washington el número de hombres de Daesh en Afganistán no supera los dos mil, aunque según las autoridades locales en la provincia de Kunar había cerca de 3.000 terroristas y en Nangrahar, más de 6.000.

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