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Samsung, una "hidra" todopoderosa en Corea del Sur

Hay quien llama a Corea del Sur la “República Samsung” y es fácil entender por qué.

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Samsung, una "hidra" todopoderosa en Corea del Sur

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Hay quien llama a Corea del Sur la “República Samsung” y es fácil entender por qué. El gigante industrial extiende sus tentáculos por todo el país y su poder parece ilimitado. Para empezar, genera alrededor del 17 por ciento de la riqueza nacional, es responsable de un quinto de las exportaciones y da empleo a cerca de medio millón de personas. Pero su influencia no es solo económica, sino también política y social. Está presente en todos los sectores y siempre cerca de los círculos gubernamentales. Un poder desmesurado que genera inquietud en buena parte de la sociedad surcoreana.

Del comercio de pescado seco a los teléfonos inteligentes

Pero empecemos por el principio. Samsung nació allá por 1938 de la mano de Lee Byung-chull, padre del actual presidente. Al principio solo era una pequeña compañía de importación y exportación especializada en el comercio de pescado seco y frutas.

La tecnología no formó parte de sus actividades hasta 1969 y el gran despegue del grupo no se produjo hasta la década de los noventa gracias a una gran inversión en innovación. Comenzó produciendo componentes de alta tecnología a precios muy competitivos para luego ir aumentando su prestigio y su parte del mercado.

Hoy en día Samsung no es solo el mayor fabricante de teléfonos del mundo. El conglomerado surcoreano aglutina cerca de 80 empresas en sectores muy variados, desde la biofarmacia y la biotecnología a la educación, pasando por la construcción de barcos, el sector financiero, la construcción civil, los seguros o la seguridad.

Además de Samsung Electronics la firma más importante y conocida, el grupo también incluye Samsung Heavy Industries, el segundo mayor constructor naval del mundo o Samsung C&T, dedicada a la construcción civil. En definitiva, un gigante que factura más de 30.000 millones de dólares al año.

El “chaebol” de la familia Lee

Samsung es un “chaebol”. Los “chaebol” son grandes conglomerados empresariales como Hyundai o Lotte en los que Corea del Sur sustenta toda su economía, pero que nacieron y han crecido como negocios familiares. A ellos el país debe su milagro económico y su influencia internacional.

Estos “chaebol” han disfrutado durante décadas de un enorme respaldo oficial, con beneficios de todo tipo para impulsar su crecimiento. A cambio, estos conglomerados apoyaban los proyectos gubernamentales con grandes inyecciones de dinero. Todo esto acabó por generar un enorme un entramado de corrupción e intereses políticos difícil de desenmarañar. La sociedad surcoreana, orgullosa de sus empresas, ha acabado por desconfiar de ellas y reclamar una mayor transparencia.

De entre todos los “chaebol”, Samsung es el mayor, el más poderoso, y sigue en manos de los herederos de su fundador, la familia Lee.

Samsung, el gran hermano surcoreano

“Por el bien de todos”. Ese era el ideal del fundador de Samsung. Y prueba de ello es que la compañía tiene en Corea del Sur: un hospital (el Samsung Medial Center), una fundación de bienestar Samsung, una universidad, un equipo de voluntarios para el servicio comunitario… y esa solo es la punta del iceberg.

Una de las empresas del grupo Samsung es la que controla la seguridad en buena parte del país: cámaras, vigilancia en los aeropuertos y las plantas energéticas. Es como un gran hermano en versión asiática. A eso se suma la influencia de la multinacional sobre los medios surcoreanos y sobre sus propios trabajadores, cuyas reivindicaciones y denuncias apenas tienen eco.

Su presencia en todos los sectores, su poder económico, su enorme influencia política y social y la multiplicación de los escándalos corrupción empiezan a resultar insoportables y asfixiantes para parte de los surcoreanos. El escepticismo se instala en la sociedad y 2016 ha sido el año de la eclosión de todo este malestar.