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El coste humano de nuestra obsesión por los teléfonos móviles


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El coste humano de nuestra obsesión por los teléfonos móviles

Por Jaime Velázquez para euronews

Imagina que pudieras ver a través de tu móvil. Imagina que pudieras darle la vuelta como giras la cámara de tu teléfono y pudieras ver las caras de quienes lo han fabricado y el lugar de donde proceden todos sus componentes.

Si lo hicieras, quizá no te gustaría lo que ves.

Los teléfonos móviles se han convertido en un elemento fundamental de nuestras vidas. Han ampliado nuestra capacidad de comunicarnos y acercarnos al mundo, y han facilitado el acceso a la educación, la salud, los servicios financieros y la información. Ya prácticamente no existe nada que no puedas hacer con tu teléfono.

La telefonía móvil es uno de los principales factores de desarrollo a nivel global, y sin embargo, esconden en su interior una cara oscura, un círculo perverso que los gobiernos, los fabricantes y los ciudadanos empiezan sólo ahora a entender.

Según diversas organizaciones medioambientales y de defensa de los derechos humanos, como Amnistía Internacional o la Campaña Global Witness, la industria de la electrónica y los teléfonos móviles juegan un papel determinante en la perpetuación de conflictos armados en África y contribuyendo a mantener condiciones laborales de explotación en el Sureste asiático; todo ello, acompañado de importantes costes medioambientales.

En su informe de 2015, la campaña Global Witness asegura que sólo una de cada cinco empresas cumple con las leyes estadounidenses en materia de ‘minerales de sangre’. “El comercio de minerales ha contribuido a financiar durante décadas los conflictos armados más brutales del mundo. En la actualidad, las materias primas procedentes de áreas de alto riesgo, como partes de Afganistán, Colombia, la República Democrática del Congo (DRC) y Zimbabue, pueden estar sirviendo para financiar a grupos armados que abusan de los derechos humanos”, asegura la plataforma civil.

Amnistía Internacional, por su parte, publicó el año pasado un estudio centrado en la extracción de cobalto en la RDC en el que se denunciaban las condiciones de explotación y el uso de mano de obra infantil que se extiende por la gran mayoría de las minas informales de la región. Según el informe, los fabricantes tecnológicos que emplean cobalto – un material presente en la mayoría de las baterías eléctricas – carecen de los controles más básicos para impedir que se utilice mano de obra infantil en la fabricación de sus productos.

“Millones de personas disfrutan de los beneficios de las nuevas tecnologías, pero en raras ocasiones se preguntan cómo están fabricados estos objetos. Ya es hora de que las grandes marcas asuman su responsabilidad en la forma en que se extraen los materiales que componen sus lucrativos productos”, afirmó Amnistía Internacional en un comunicado.

“Si ves las minas (del Congo) donde se extraen estos minerales… cavan los túneles con una simple pala. A veces profundizan hasta treinta o sesenta metros para conseguir la materia prima. He estado allí, y es un trabajo muy duro”, explicó Bas Van Abel, director y fundador de Fairphone, la empresa que ha creado el primer teléfono ético del mercado, durante la celebración del Mobile World Congress de Barcelona.

Instigando el conflicto

“Cuando consiguen sacar el material a la superficie, arriesgando sus vidas –continúo Van Abel- tratan de venderlo. Es una región militarizada, y los rebeldes se colocan a la entrada de la mina para reclamar la mitad del dinero de la venta. Los mineros les dan la mitad de sus ingresos y ese dinero acaba manteniendo la maquinaria de guerra. Se puede decir que cuando compras un móvil estás potencialmente financiando un conflicto armado”, añadió.

Fairphone, una startup radicada en Holanda, fue primero concebida como una campaña de concienciación sobre el uso de ‘minerales de sangre’, pero pronto pasó a convertirse en un fabricante de teléfonos móviles. “Una de las primeras cosas que nos preguntamos era cómo podíamos mostrarle al consumidor lo que verdaderamente en la trastienda. Podíamos atacar y exponer a ‘los malos’, o podíamos hacer nuestro propio teléfono, y al hacerlo, acercarles nuestro mensaje. No esto desafío no era hacer un teléfono, sino un teléfono que fuera capaz de cambiar el sistema”.

Fairphone se encarga de comprobar la trazabilidad de los minerales que utiliza en sus dispositivos, como estaño, coltán, tungsteno y oro, al tiempo que trata de establecer mejores condiciones laborales en las plantas de ensamblaje y aboga por el reciclaje y la reutilización.

“Una de las cosas que más me han decepcionado del Mobile World Congress es que todo el mundo habla de tendencias, de la última sensación. Y nos estamos olvidado de una mega-tendencia, que es la sostenibilidad. No se aprecia (en la feria) la conciencia ni la urgencia de la necesidad de cambiar las cosas hacia un modo más sostenible de consumo”, lamentó el director de Fairphone.

“Los consumidores concienciados están creciendo y creciendo, pero (la industria dl móvil) es más difícil de entender que la cosmética o la alimentación… Si le preguntamos a la gente qué le preocupa más en términos de sostenibilidad, la electrónica probablemente aparecerá en último lugar. ¿Y por qué? Porque la electrónica es como una caja negra. Hacemos productos que ni siquiera se pueden abrir, son complicados, son tecnológicos… Así que de esta forma no nos preguntamos quién los ha hecho ni dónde se han fabricado. Si demandamos productos más sostenibles, la industria nos los dará, porque así funciona el mercado”.

¿Qué hay en el interior de un teléfono?

Los teléfonos móviles contienen cientos de materiales diferentes, combinando más de 40 elementos. Esa es la tercera parte de los elementos existentes en la tabla periódica. Algunos de ellos están etiquetados como “minerales de la sangre” o “minerales de conflicto”.

Esos términos son mucho más antiguos que los teléfonos. Algunas mercancías como los diamantes o el oro han estado alimentando los conflictos en todo el mundo durante décadas, convirtiéndose en una fuente sustancial de financiación para los diferentes bandos de la contienda. El comercio de minerales está en el centro de un círculo vicioso: los grupos armados luchan por controlar la producción como medio de supervivencia y, finalmente, la lucha por los recursos acaba por convertirse en el centro de la confrontación.

Cuatro de esos “minerales de conflicto” son parte del teléfono que llevamos en nuestras manos: tántalo (o coltán), estaño, tungsteno (o wolfram) y oro, conocidos como el ‘3TG’ (por sus siglas en inglés).

El tantalio, o coltán, es un ingrediente clave en muchos aparatos electrónicos. Gran cantidad de tántalo se encuentra en la República Democrática del Congo, donde la minería, el contrabando y el impuesto revolucionario han financiado a los grupos armados en uno de los conflictos actuales más duraderos del mundo. Este material se utiliza principalmente para construir condensadores para mejorar la calidad de audio.

El oro, el metal precioso más famoso, se ha utilizado durante siglos como fuente para la financiación de la guerra. Los teléfonos móviles contienen una cantidad muy pequeña de oro, pero es el metal es muy apreciado sus propiedades de conducción eléctrica. La materia se extrae en regiones de América Latina y en países subsaharianos como la República Centroafricana, devastada por la guerra.

El tungsteno se utiliza principalmente como parte del elemento que hace que nuestros teléfonos vibren cuando suenan. Su resistencia al calor la convierte en clave para muchas herramientas electrónicas. Su producción y transporte se ha vinculado a grupos armados violentos en Colombia y África central, según la Campaña Global Witness.

El estaño es un metal muy común en los productos electrónicos, automóviles o alimentos enlatados. En nuestros teléfonos celulares compone una gran parte de la placa del circuito impreso. Se extrae en todo el mundo, incluidas zonas afectadas por conflictos.

Legislación sobre “minerales de conflicto”

Gracias a un aumento de la conciencia de los consumidores, Europa y los EE.UU. han comenzado a aprobar legislación para rastrear los materiales utilizados en la cadena de valor de las empresas de tecnología con el objeto de garantizar las condiciones de trabajo y la obtención sostenible de minerales libres de conflicto.

En 2010, una ley histórica fue aprobada por el Congreso estadounidense.

Requiere que las empresas cuyos productos contengan estaño, tántalo, tungsteno u oro lleven a cabo controles sobre los minerales que puedan proceder de la República Democrática del Congo o de sus nueve países vecinos. En pocas palabras, se pide a las empresas que hagan su parte para asegurarse de que los beneficios no terminan donde no deberían.

En 2015, Global Witness y Amnistía Internacional analizaron el primer conjunto de presentaciones presentadas por las empresas que informaron bajo la Sección 1502 de la ley. De las compañías encuestadas, el 79 por ciento todavía no cumplía con los requisitos mínimos de la norma.

Los legisladores de la Unión Europea (UE) concluyeron en noviembre de 2016 sus negociaciones sobre una nueva ley sobre los llamados “minerales de conflicto”, un reglamento que garantiza que los minerales que entran en la UE no financian conflictos o violaciones de los derechos humanos. Los importadores de la UE de estaño, tungsteno, tántalo y oro deberán llevar a cabo controles a sus proveedores, fundiciones y refinerías.

Aunque las nuevas leyes han sido bien recibidas por los activistas, algunos los consideran “un primer paso medio”, mientras que otros advierten sobre los riesgos de abandonar a su suerte a los países desgarrados por el conflicto. Como resultado de estas regulaciones, muchas compañías de electrónica de consumo han detenido supuestamente la compra de minerales de la República Democrática del Congo (RDC) y sus países vecinos, cortando una de las pocas fuentes de ingresos de áreas ya de por sí empobrecidas.

“Nosotros trabajamos en Congo –reconocío Bas Van Able dijo-. Y probablemente somos una de las pocas compañías de móviles que dice abiertamente que sabemos con certeza que en nuestra cadena de suministro existe mano de obra infantil. Nos llamamos Fairphone (teléfono justo) pero tenemos trabajo infantil”.
“Este es uno de esos dilemas a los que te enfrentas. ¿Debemos evitar todo un área porque hay un conflicto armado y evitar, al mismo tiempo, minas donde puede no haberlo, o por el contrario, seguimos comprando en la región, asumimos que hay trabajo infantil, y tratamos de mejorar las cosas? Creo que lo que las empresas han optado por reducir sus riesgos y evitar problemas. Sin embargo, yo creo lo que tenemos es que hacer frente a los problemas y tratar de encontrar soluciones”.

“Muchas empresas han dejado África; para las empresas de EE.UU. es casi como si África estuviera prohibida, y el resultado de eso es que la gente pierde sus puestos de trabajo en la minería y acaban uniéndose a las milicias. Hay que fijarse en la complejidad de esas situaciones. A veces las soluciones a corto plazo tienen un efecto opuesto “, concluyó Van Abel.

Jaime Velázquez para euronews

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