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Las protestas contra la visita del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a Washington acabaron como el rosario de la aurora. Los guardaespaldas del mandatario la emprendieron a golpes y patadas contra un grupo de manifestantes que portaban banderas de las milicias kurdo sirias YPG y se habían congregado frente a la embajada de Turquía. La refriega se saldó con varios heridos (9 fueron llevados al hospital) y dos detenidos, uno de ellos fue acusado de agredir a un oficial de policía.

Las autoridades estadounidenses han emitido un comunicado en el que afirman que trasladarán su “preocupación” por lo ocurrido al Gobierno turco, que tacha de grupo terrorista al YPG y está muy molesto con la decisión del Pentágono de armas a estas milicias para combatir al Dáesh.

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