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Tras nueve meses de ofensiva, han conseguido arrebatar el control total de la ciudad al grupo Estado Islámico.

La bandera nacional sustituye en las calles a la de los yihadistas y tanto civiles como soldados festejaban la victoria.

La pérdida de Mosul supone un duro golpe para los extremistas. Durante sus tres años de control la consideraban su “capital” en Irak.

El primer ministro iraquí, Haider al Abadi, acudió este domingo a la zona para declarar la liberación de la ciudad y conocer de primera mano las operaciones del Ejército.

Sin embargo, el panorama es desolador. La ciudad se encuentra en ruinas, hay barrios enteros reducidos a escombros, miles de personas han muerto y más de un millón se han visto obligadas a abandonar la ciudad.

En la ribera del río Tigris aún se escuchan disparos, ya que algunos yihadistas resisten decididos a luchar hasta el final, mientras que otros se han infiltrado entre los civiles que han regresado a la ciudad.