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El infierno libio de los refugiados

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El infierno libio de los refugiados

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La ONU ya ha pedido al Gobierno de Libia en Trípoli que cierre sus centros de detención de refugiados, por sus condiciones inhumanas. La tortura, las violaciones y el sometimiento a la esclavitud forman parte de los horrores que cada día soportan las personas atrapadas aquí, tras huir de la guerra o el hambre. Muchos llevan hasta un año esperando a que se regularize su situación.

“Ya no puedo más. Quiero volver a mi país. Creo que allí viviré mejor”, clama un refugiado ghanés retenido en un centro de de detención en Trípoli.

Libia, aquejado por una grave crisis económica, se ve atrapado entre las exigencias de la Unión Europea y la llegada masiva de personas. Muchos días, según el personal que atiende estos centros, no dan abasto, y no tienen suficiente comida para todos:

“Libia es una víctima, al igual que los inmigrantes. Todos somos víctimas; somos un país de tránsito”, comenta un supervisor libio, Anas Al-Azadi.


Según un informe de la ONG Oxfam Intermón, el 74% de los refugiados e inmigrantes afirma haber sido testigo del asesinato o tortura de algunos de sus compañeros de viaje, y el 84% se les ha negado alimentos y agua durante su estancia en Libia.

“Éramos dos hermanos, y ahora me he quedado solo. Perdí a mi hermano en este viaje. No sé lo que opina el resto pero yo lo tengo claro. Que me deporten, si quieren. Necesito volver a casa y ver a mi madre”, dice entre sollozos, un inmigrante de Sierra Leona que lleva meses retenido en un centro de la capital libia.

Se calcula que el número total de inmigrantes procedentes del subcontinente africano en Libia se acerca al millón. La Unión Europea está entrenando a los servicios de guardacostas libios para que intensifiquen sus esfuerzos y hagan retroceder a los barcos si están dentro de sus aguas, pero esto requerirá mejores centros de detención en el país.

Según los datos de Oxfam, desde 2016 más de 180.000 personas llegaron a través de la ruta del Mediterráneo central desde Libia a Italia, y sólo en lo que llevamos de año, ya llegaron más de 95.000.