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Puerto Rico se desespera tras el paso destructor del huracán María

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Puerto Rico se desespera tras el paso destructor del huracán María

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La desolación salta a la vista en Toa Baja, en la costa norte de Puerto Rico. Aquí el huracán María dejó dos víctimas mortales. No hay suministro eléctrico, tampoco agua. La isla del encanto se desespera entre el fango y los destrozos.

“Estamos incomunicados. Yo no tengo teléfono, no tenemos nada. No tenemos suministro (eléctrico). En mi casa no tenemos agua. Aquí tenemos lo que se consigue. No hay gasolina. Las filas son enormes”, se lamenta Yarinlin, sentada a la puerta de su casa.

“No me quedó nada. No me quedó nada, nada. Pero voy a empezar de nuevo, con la ayuda de papá Dios, de verdad”, dice Carmen, una señora de mediana edad, con la voz entrecortada.

Las autoridades federales han enviado a Puerto Rico miles de litros de agua y comida. Los bienes de primera necesidad llegan a las zonas más alejadas en helicóptero.

Conseguir combustible lleva horas de espera en colas interminables vigiladas por el FBI para evitar altercados. El otro gran problema son las comunicaciones. Algunos recorren kilómetros para conseguir encontrar señal en sus móviles. De repente, en el margen de una carretera, aparece una fila de coches aparcados y, junto a ellos, decenas de personas con sus teléfonos móviles en la mano. Han venido porque les han dicho que aquí hay señal.

“Llevo días tratando de llamar a mis familiares en Estados Unidos, pero no he podido hasta hoy que me enteré que acá arriba había señal. Y vengo con mi mamá a llamar a mi papá que está allá afuera, para dejarle saber que estamos bien”, explica Admin Rebozo.

Muchos boricuas están optando por dejar la isla con dirección a Estados Unidos, pero en el aeropuerto de San Juan las esperas son interminables. Los vuelos se cancelan uno tras otro y cunde la deseperación.

“Está horrible. Se están peleando por la gasolina. Mi esposo sale a las cuatro de la mañana todos los días para podernos conseguir gasolina para el generador y llega como a las dos o tres de la tarde con diez dólares de gasolina, que es lo más. Nosotros conseguimos sobrevivir, pero tenemos una niña, que todo se complica, y esto está de locos”, relata con su bebé en los brazos una joven mamá, que espera para coger un avión.

Las aerolíneas tienen muchos problemas con las comunicaciones y a los pasajeros no les queda más que armarse de paciencia.