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La conversión de muchos independendistas

El punto de inflexión fue en 2010, cuando el Constitucional declara inconstitucionales 14 artículos del Estatut

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La conversión de muchos independendistas

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En los últimos años el independentismo en Cataluña ha crecido exponencialmente. Ha pasado de alrededor del 20%, hace 30 años, a un 49% en sus niveles máximos, en 2017. Casi un 29% de los catalanes han pasado de ser apolíticos, catalanistas, federalistas… a querer rotundamente separarse de España. ¿Qué les ha llevado a dar ese giro?

El expresidente del Parlamento catalán Joan Rigol fue vicepresidente del Senado español, miembro de la extinta Unió Democrática, un partido catalanista muy alejado de las tesis independentista. Pero hoy votaría Sí a un nuevo Estado independiente. ¿Por qué?

“Desde 2010, cuando vi que el Tribunal Constitucional intentaba rebajar lo que había votado el pueblo, lo que había pasado por las Cortes, vi que era imposible, porque el Estado intentaba anular la ilusión del pueblo catalán de decidir su futuro”, explica Rigol.

2010 es un punto de inflexión en las relaciones entre el Gobierno español y el catalán. Fue entonces cuando el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales 14 artículos de un Estatuto de Autonomía refrendado y aprobado por el Parlamento catalán, en 2006. A partir de ese momento, el independentismo encuentra razones para agitar su bandera.

Maria Àngels Bailo, vecina de Barcelona, cuenta que era catalanista, pero: “yo no era independentista, nunca lo he sido, pero a raíz de que nos tumbaron el Estatut esto me hizo reaccionar. Un Estatut que habíamos aprobado aquí en el Parlamento, que Zapatero dijo que se iba a aprobar lo que saliese… y resulta que no, que se lo cepillaron, así lo dijo Guerra, tal cual, ‘nos lo hemos cepillado’, lo tumbaron en el Congreso. Yo, a partir de aquí, dije no, por aquí no paso, ¿nos toman el pelo o qué?”.

En 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy rechazó el Pacto Fiscal propuesto por el expresidente catalán, Artur Mas. La perspectiva de una España que no quiere escuchar sus demandas ha calado.

“Poco a poco, las humillaciones han ido subiendo, y también te vuelves independentista por orgullo, ya no por otra cosa. No es que tenga nada contra el resto de España, yo soy familia y vecina del resto de España, es un tema de independizarse del Gobierno español. Si hubiese otro Gobierno que me ofreciese, ya no dinero, sino disculpas por las humillaciones…”, dice Tesa Tejada, vecina de la Ciudad Condal.

El profesor de Ciencias Políticas Pere Vilanova cree que aunque las relaciones entre España y Cataluña siempre han sido de desajuste y las élites políticas han elegido no darse por enteradas, explica este incremento desde el punto de vista “emocional”.

“Algunos economistas podrían decir que hay un tema fiscal de desequilibrio, pero yo creo que esto no es lo determinante. Lo determinante es que se ha creado un clima emocional colectivo y esto atiende poco a razones económicas y jurídicas solo, lo que pasa es que la solución tendrá que incorporar estas soluciones jurídicas”, señala Vilanova.

La economía, o la desafección política están entre las motivaciones más citadas, pero la ilusión de construir algo nuevo se contagia.

“Con todo el ambiente que se vive en Cataluña, empiezas a ir a las manifestaciones a la Diada, ves el sentimiento que tiene la gente y se te contagia. Pertenencia más que a una nación a la gente, te sientes integrado en un grupo que piensa como tú, que sale pacíficamente a protestar”, cuenta Fernando Maté Gonzalez, vecino de Barcelona.

“A pesar de que las encuestas apuntaban a un estancamiento del independentismo, con un poco menos de la mitad de la población, los últimos acontecimientos podrían haber hecho cambiar este porcentaje”, explica Cristina Giner, euronews, Barcelona.