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El otoño que abrasa la península ibérica

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El otoño que abrasa la península ibérica

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Los números del otoño infernal que azota la mitad noroccidental de la península ibérica son estremecedores: 125 incendios simultáneos en Galicia, más de 500 en Portugal, 30 en Asturias conformaron el pasado fin de semana un inmenso brasero en el que se dejaron la vida al menos 44 personas. El fuego quemó viviendas, cercó ciudades como Vigo y dejó reducidas a ceniza zonas de incalculable valor ecológico .

Un drama buscado. Casi todos los incendios fueron provocados, pero ¿por qué, por quién? Para el presidente de Galicia, no cabe otro calilficativo que el de “terrorismo incendiario homicida”.

“Galicia está harta de que se relativice la actividad incendiaria, cuando de lo que estamos hablando es de otra forma de terrorismo, el terrorismo incendiario. Y no queremos ningún tipo de terrorismo en Galicia”, declaraba el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo.

El viento, fue junto al calor y la sequía, el otro gran vector de propagación. El fin de semana sopló hasta a 80 kilómetros por hora permitiendo que el fuego cruzara el río Miño desde Portugal al municipio pontevedrés de As Neves, por un punto en el que las dos orillas apenas distan una veintena de metros.

Entre las historias más terribles está la de Marcelina y Angelina, dos octogenarias que murieron abrasadas al quedar atrapadas en una carretera de Nigrán cuando trataban de huir de las llamas.

“La que iba conduciendo trató de sacar a las dos señoras que huidan detrás, que las llevaba, pero no pudo abrir las puertas. Ella llegó luego arriba presa del pánico. No sabía si habían quedado dentro. Estaba confundida”, comentaba un vecino.

Otros dos hombres septuagenarios murieron, uno mientras trataba de apagar el fuego, el otro, al intentar salvar a sus animales.

El intenso humo y la ceniza, que hicieron irrespirable el aire en muchas zonas, también complicaron las labores de extinción de los aviones. En la ciudad de Vigo, la más poblada de Galicia, parecían abrirse innumerables chimeneas. Una veintena de incendios cercaron el núcleo urbano y se abrieron paso hasta la avenida Europa y la Gran Vía, en el corazón mismo de la localidad. Se evacuó la residencia universitaria y la fábrica de Citroen en Vigo, mientras los vecinos luchaban con las llamas armados solo con cubos de agua.

El occidente asturiano también ha sido víctima de la lacra de incendios intencionados. El fuego ha afectado a zonas de osos pardos y parajes únicos donde siguen crepitando las llamas, a la espera de que la bajada de temperaturas y la lluvia ayuden a acabar con la pesadilla.