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La crítica situación de los rohinyás en su éxodo masivo a Bangladesh

Caminan, sin comida, heridos a veces por bala, o con huesos rotos por caídas y llegan extenuados a Bangladesh uno de los países más pobres del mundo.

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La crítica situación de los rohinyás en su éxodo masivo a Bangladesh

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Una nueva oleada de rohinyás ha llegado a Bangladesh. Se estima que cerca de 8.000 personas huyeron de Brimania y quedaron bloquedas durante varios días en esta lengua de tierra. Ahora están en un asentamiento en Cox’s Bazaar, en el sureste del país. Se suman a los más de 600.000 rohinyás que llegaron tras los ataques militares, en agosto.

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"Esta es la cuarta vez que vemos una afluencia masiva en este punto de cruce. Antes ya habíamos visto cerca de 35.000 personas llegar hasta aquí. Y una vez que lo logran, tienen que esperar entre cuatro y cinco días, antes de recibir el permiso para instalarse en los campamentos"

Ismail Faroque Manik director adjunto del programa de Acción Contra el Hambre (ACF)

Setare Begum tiene diecisiete años y acaba de quedarse huérfana. “Los soldados vinieron a nuestra casa en busca de mi padre, que se escondía de los militares. Mataron a mi madre con un cuchillo y cuando mi padre regresó, también lo mataron. Tardé ocho días llegar a esta frontera. Cuando se me acabó la comida, comí hojas y todo lo que pude encontrar en el bosque”, comenta.

Vienen con casi nada, y quienes han podido recuperar algún documento, lo guardan como oro en paño. Hemos visto certificados de matrimonio y de cadastro
secándose al sol, que podrían ser cruciales si algún día vuelven a casa. Abdulrahim tiene 30 años y cinco hijos, nos cuenta que ha “caminado durante 22 días. Durante este tiempo mi padre murió. Estuve tres días esperando en la frontera”.

Las ONGs se han acostubrado a este éxodo masivo por esta zona del río Naf. Sus equipos móviles acuden con comida y agua en cuanto se les avisa de que la gente ha cruzado la frontera. En esta tierra de nadie son atendidos por médicos y reciben una comida caliente al día y galletas energéticas.

Ismail Faroque Manik es director adjunto del programa de Acción Contra el Hambre, ACF. Explica que esta situación no tiene nada de extraordinario ya que “desde agosto, es algo recurrente en las fronteras. Esta es la cuarta vez que vemos una afluencia masiva en este punto de cruce. Antes ya habíamos visto cerca de 35.000 personas llegar hasta aquí. Y una vez que lo logran, tienen que esperar entre cuatro y cinco días, antes de recibir el permiso para instalarse en los campamentos”.

Los refugiados más vulnerables son evacuados de inmediato. Algunos están tan débiles que no pueden ni andar. Los trabajadores humanitarios han informado de heridas de bala y huesos rotos, por caídas.

Actualemente estos refugiados están ya en el campo de Balukhali, abierto recientemente y que ahora es colindante al de Kutupalong, sobresaturado. Al asentamiento original, construido en 1992 unicamente para personas con estatuto de refugiado, se han ido añadiendo extensiones. Si se suma la gente que hay en él, con las personas que aún no tienen el estatuto de refugiado y que se hacinan en los campamentos improvisados, aquí hay: cerca de 460.000 almas.

En su primera visita a Kutupalong el pasado 31 de octubre el eurocomisario responsable de ayuda humanitaria, Christos Stylianides, se sintió “conmocionado” por la magnitud de todo lo que se necesita aquí.

Stylianides dijo: “Tenemos que convencer al gobierno de Birmania para hablar de derechos humanos. Este no es un conflicto religioso. Es un problema de derechos humanos, de derechos fundamentales para cualquier persona, para cualquier ser humano. Estoy de acuerdo con el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres , en que el término limpieza étnica es quizás el único adecuado en esta situación”.

Entre la amenaza de sanciones contra Birmania y los informes ampliamente difundidos de las atrocidades cometidas por el ejército, ahora hay esperanzas de que pueda buscarse una solución política. Nuestra reportera Monica Pinna confirma que “hay pueblos enteros de rohinyás huyendo hacia Blangladesh, buscando un sitio dentro de campos de refugiados cada vez más saturados. Nunca se había visto a tanta gente huyendo en tan poco tiempo desde el genocidio de 1994 en Ruanda”, afirma.

Vean nuestro reportaje “Aid Zone” del 23 de noviembre para saber más sobre esta crisis.