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MeToo #YoTambién: Ahora sé que no estoy sola

Fui agredida sexualmente de adolescente y quiero que la gente los sepa porque el silencio es peligroso.

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MeToo #YoTambién: Ahora sé que no estoy sola

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Por Irina Sheludkova

Siempre hemos vivido en una cultura de silencio. A la sociedad no le gustan las verdades incómodas y a menudo presiona y obliga a ciertos grupos a rendirse en lugar de luchar.

Las revelaciones que comenzaron en Hollywood —y que ya se han extendido por todo el mundo con numerosas historias de acoso sexual y violencia— han abierto la puerta a un aspecto de ese círculo vicioso en el que la dignidad humana era reprimida a favor de evitar “un trastorno” a los círculos de poder.

Aunque se ha abierto la puerta, el círculo vicioso todavía no se ha roto completamente. Cientos de miles de personas han acudido a las redes sociales a hablar de algo que quizás sentían como un infortunio con el que tenían que lidiar en soledad.

¿Pero cuánta gente todavía está atrapada por el miedo a las familias y a los conocidos si cuentan sus historias?

Quiero formar parte del primer grupo porque creo que el círculo puede romperse el círculo. El nudo se puede deshacer si hay suficiente gente levantarse, hablar y demostrar que esto no es un problema causado por Harvey Weinstein o Louis CK o cualquier otro individuo.

Es algo mucho más profundo, y la solución no es que estos individuos paguen por sus acciones, (aunque deben hacerlo).

La solución pasa por que todo el mundo, víctimas, culpables o ninguno de los dos, piense qué puede hacer para terminar con este círculo.

#YoTambien, a mi me pasó

Justo después de terminar la escuela secundaria decidí ir a clases de kickboxing junto a otra chica algo más joven que yo.

Estábamos ansiosas por probar algo que las chicas en Kazajistán no solían hacer en la década de los 90.

Los entrenamientos fueron bien durante algunas semanas. Entrenábamos duro y confiábamos en nuestro entrenador. De hecho, era un conocido de la familia de mi amiga y era respetado en su profesión.

Un día, logró persuadirme de que el masaje médico y la sauna deberían ser integrados en el proceso de entrenamiento y que el tenía los conocimientos para mostrarme cómo hacerlo. “No hay nada de qué avergonzarse”, dijo.

Todavía era muy joven, y nunca se me pasó por la mente que ese hombre de cabello canoso, mucho mayor que yo, intentaría “cazarme”. Confié en él. Pero en la sauna, en lugar de aliviar mis cansados músculos, de repente me penetró con sus dedos y me tocó todo el cuerpo y después se desnudó diciendo que tenía que acostumbrarme a ver “hombres de verdad” a partir de ahora.

Estaba aterrorizada, asqueada y conmocionada. Me sentí violada. Él no hizo nada más, pero para mi fue más que suficiente. Y me sentí impotente, ¿Quién me creería y lo castigaría? Nunca fui a entrenar desde entonces. Y me tomó unos cuantos años volver a sentirme cómoda ante entrenadores masculinos.

Ahora sé que no estoy sola. Incluso en los niveles más altos del deporte en el equipo de gimnasia de EE.UU., mujeres como McKayla Maroney y Aly Raisman dicen tuvieron el mismo tipo de experiencia de abuso por parte de alguien en quien confiaban, alguien que tenía poder sobre ellas.

Solo puedo esperar que esta marea de voces termine en algo más que un puñado de investigaciones y que lleve el debate un paso más allá, que traiga más conciencia sobre la plaga de acoso sexual que traspasa todas las fronteras.

Tenemos que hacer frente a la escala del problema y aceptar que de una forma o de otra todos tenemos un papel en este problema.

Tenemos la oportunidad de crear un mundo en el que doctores y entrenadores no abusen de niños y adolescentes, en el que conseguir un trabajo no implique “procesos diferentes” basados en la edad o el género y en el que denunciar no conlleve reprobación sino respeto.

Por eso sumo mi propia voz.

Irina Sheludkova es periodista del servicio ruso de Euronews

Las opiniones expresadas en los artículos de la sección View no reflejan las de Euronews