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El Tajo se muere en su cabecera

El río más largo de la Península Ibérica, amenazado por la sequía, la contaminación y los trasvases

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El Tajo se muere en su cabecera

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El Tajo se muere. A causa de la sequía, la contaminación y los trasvases: “Hace muchísimos años ya que no se ve un año como este”, se queja un pastor.
En 2017, los embalses de su cabecera han caído por debajo del diez por ciento de su capacidad, un mínimo histórico: “Esta última sequía es muy grande, muy grande”, se lamenta un vecino de Buendía.
En varios pueblos del río más largo de la Península Ibérica, se han tenido que aplicar restricciones horarias para el suministro de agua. En el municipio de Buendía, en Cuenca y una Alcarria en plena despoblación, hace tiempo que en su pantano se dejaron de ver veleros y ahora su nivel ha descendido a menos de 368 hectómetros cúbicos. Referente a partir del cual no debería seguir permitiéndose trasvases a través del Acueducto Tajo-Segura para el riego en las regiones mediterráneas.

En la Agencia Estatal de Metereología (AEMET), en todo caso, se comprueban sobre el mapa los estragos de todos estos factores: “Tenemos la Península en 2014, en esta misma época”, detalla la portavoz de la AEMET. “Y en el mapa de la derecha, tenemos la Península ahora. ¿Qué significan esas zonas marrones? Pues que no hay fotosíntesis. Por tanto, es fácil pensar que si no hay fotosíntesis no hay vegetación”.

Más arriba, en el pantano de Entrepeñas en Guadalajara, la situación es igual de dramática. Y cuando la cuenca entra en la provincia de Toledo se añade el problema de las aguas residuales de Madrid, que a la falta de caudal suma la contaminación. Por todo ello, la agricultura y la ganadería corren el riesgo de desaparecer. Algunos de los productores de leche de la zona se resisten a sacrificar a sus ovejas y abandonar el negocio: “Eso lo tenemos que comprar”, explica un ganadero. “Ayer, por ejemplo, me trajeron un camión de alfalfa y lo estuve descargando. Es para no dejar morir a las ovejas, para echarles de comer. Si no ganamos nada, habrá que aguantar a ver qué pasa. ¡A ver si llueve, o a ver qué pasa!”.

Y bajo estas amenazas, un municipio toledano de 3.000 habitantes como el de Menasalbas tiene restringida el agua desde mediados de noviembre.