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A los ancianos de la Rumanía rural les traen sin cuidado las protestas contra la corrupción

A tan sólo 40 kilómetros al sur de la capital, Euronews constata escaso apoyo a los manifestantes y firme respaldo al Gobierno.

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A los ancianos de la Rumanía rural les traen sin cuidado las protestas contra la corrupción

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Domingo soleado en Singureni. Algunos de los residentes de este pequeño pueblo salen de la iglesia, otros están sentados en los jardines de sus casas, disfrutando de los últimos días templados del otoño.

Punto de vista

Respeto a los que protestan, pero eso no significa que tengan razón. Si elegimos personas para que nos representen en el parlamento rumano, deberíamos dejarles hacer su trabajo: Después de los cuatro años de mandato, votamos de manera civilizada y elegimos a otros, si no hicieron lo que queríamos".

Marian Patuleanu Alcalde de Singureni

De vez en cuando, el silencio queda roto por las motosierras, que cortan la madera que se utilizará en invierno para calentar las casas.

Los ecos de las protestas que tuvieron lugar a principios de este mes en la capital, Bucarest, apenas se escuchan aquí, y la campaña anticorrupción parece más lejana que los casi 40 kilómetros que separan la aldea, del centro político del país.

Florica Trandafir, tiene 67 años, ha ido a misa, como todos los domingos. “Rezamos por nuestra familia, por nuestra salud”, dice.

Vio las noticias sobre las protestas en la televisión, pero no está segura de lo que querían los manifestantes. “No sé mucho. No miro (la tele), me voy a dormir”, nos dice.

Florica Trandafir in Singureni

Elo pasado mes de diciembre en las legislativas, Florica Trandafir votó a favor del Partido Social demócrata. Su pueblo está en el distrito de Giurgiu. Aquí los socialdemócratas obtuvieron el mayor porcentaje de votos a nivel nacional, casi el 69%. En Singuneri, la cifra alcanzó el 89%, logrando la mayor victoria del PSD en el distrito. Este partido, la mayor formación del país, ganó las elecciones a nivel nacional con más del 45% de los votos.

A principios de este año, se produjeron las mayores protestas desde la revolución de 1989 en Rumanía. La discordia nace de un proyecto de ley para despenalizar algunos delitos, que hubieran eximido de rendir cuentas ante la ley a personas, incluyento políticos, acusados de corrupción.

Recientemente, el Gobierno anunció nuevas propuestas que reducirían la responsabilidad de la Dirección Nacional Anticorrupción de Rumania y evitarían que se pueda investigar a los magistrados, por ejemplo.

Este país ha sido considerado durante años, como uno de los más corruptos de la Unión Europea. Este fue, de hecho, uno de los puntos negros de su candidatura a la Unión. Brusleas ha mantenido la presión, elogiando sus esfuerzos. Pero la voz de quienes condenan las derivas se ha vuelto a oir con fuerza.

El 4 de noviembre, aproximadamente 12.000 personas se manifestaron en Bucarest, al igual que miles más, en las principales ciudades del país. Esa misma semana, el gobierno también tuvo que hacer frente a nuevas protestas por la reforma tributaria. Muchos trabajadores temen que su salario neto se reduzca si se aplican los planes del gobierno.

Singureni, Romania

Pero a Florica Trandafir, las protestas no le inmutan. Trabajó en una fábrica de zapatos y luego se dedicó a criar a sus cinco hijos. Dos de ellos viven hoy con sus familias en España como otros 3’4 millones de rumanos que decidieron abandonar su país en busca de trabajo, tal y como destaca un informa de Naciones Unidas de 2016.

Nos cuenta que ella y su esposo viven de su pensión: 111 euros al mes.“No tengo una pensión, no tengo nada. Ni siquiera ayudas sociales “, dice. “¿Sabes lo que me dijo el alcalde? que me divorciara y que así podría recibir una subvención social. Dios sabe cómo sobrevivimos. Con el dinero de la pensión, tenemos que pagar la electricidad … y cuando se acaba hago pan; o a veces polenta.”

Singureni, Romania

Hay que dejarles que hagan su trabajo

A escasa distancia, en el mercado de la aldea, hay un grupo de hombres, sentados, bebiendo whisky. Entre ellos, el alcalde, Marian Patuleanu, que ha vuelto de pasar las vacaciones en la India, con una botella de obsequio para sus amigos.

“Respeto a los que protestan, pero eso no significa que tengan razón”, declara. “Estoy con el otro lado del país, que no protesta. Si elegimos personas para que nos representen en el parlamento rumano, deberíamos dejarles hacer su trabajo: Después de los cuatro años de mandato, votamos de manera civilizada y elegimos a otros, si no hicieron lo que queríamos”.

Marian Patuleanu represetó en una ocasión a los liberales, en la oposición, pero cambio de chaqueta por los socialdemócratas, porque eso le permitía solicitar subvenciones europeas. Y con ese maná europeo ha conseguido asfaltar todas las calles del pueblo e invertir más en la educación.

“Yo tampoco estoy de acuerdo con muchas cosas. Eso no significa que tenga que salir a la calle a protestar “, agrega. “¿El resto del país? Creo que están contentos con lo que está sucediendo, ya que muchas personas no protestan “, concluye.

Singureni, Romania

El alcalde dice que su pueblo está entre los más pobres de Rumania, y que ha sobrevivido gracias a las ayudas estatales. El 40 por ciento de la población son jubilados.

Los rumanos están acostumbrados a la vida dura

Dumitru Costache tiene 41 años, trabajaba en la construcción y ahora está si empleo. También votó por los socialdemócratas.

“Nos preocupa el aumento de los precios en las tiendas. La corrupción en realidad no nos interesa “, dice. “Hay corrupción en todo el mundo.Todos corren detrás del dinero”, sentencia.

Singureni, Romania

Catalin Olteanu, de 31 años, trabaja en el sector de los hidrocarburos. No apoyó al gobierno, pero tampoco le impresionan las manifestaciones.

“No gano nada votando. El aumento de precios, se nota en el bolsillo, pero esto es así. Los rumanos están acostumbrados a una vida difícil “, añade.

Tudor Puiu, de 50 años, es la voz disidente. Este antiguo conductor pasó 30 años en Bucarest y dice que “estas protestas son positivas. No se puede continuar así. Solo hay ladrones que se burlan de la gente. La corrupción es total. El año pasado no voté porque estoy harto de ellos “.

Singureni, Romania

La familia Anton está sentada en un banco, enfrente de su casa. Constanta y Constantin tienen 79 años y trabajaron para la antigua Cooperativa de Producción Agrícola, en los tiempos del comunismo. Tampoco simpatizan con los manifestantes.

Ella votó por el alcalde local, pero no por el partido gobernante a nivel nacional. Él añora los viejos tiempos.

“Los mejores fueron los comunistas: se preocuparon por todos, dieron trabajo a todo el mundo, te sacaban de la calle para darte un trabajo. Y estos otros, ¿qué hicieron?, destruyeron las fábricas, destruyeron todo “, dice.

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