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Mugabe, héroe y tirano

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Mugabe, héroe y tirano

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Zimbabwe exultaba felicidad en 1980, cuando Robert Mugabe fue elegido primer ministro del Estado que estrenaba independencia. Héroe de la lucha contra el colonialismo y el apartheid durante veinte años, diez de ellos entre rejas, Mugabe asume, una vez liberado, el control del ala paramilitar de la Zanu, Unión Nacional Africana de Zimbabue. En 1979 fue uno de los signatarios del acuerdo Lancaster House que puso fin a la guerra civil.

Las cifras y datos positivos marcaron la primera década de su reinado, especialmente para la inmensa mayoría de los pequeños agricultores. La mortalidad infantil y la desnutrición infantil disminuyó al tiempo que aumentaba la esperanza de vida. El país contaba además con uno de los sistemas educativos más eficaces de la región… e incluso en la actualidad, Zimbabue tiene la cifra de analfabetismo más baja del continente.

Pero la otra cara de la moneda vino marcada por la feroz represión de los movimientos opositores. Mugabe comenzó a acusar a sus líderes de obedecer oscuros intereses neocoloniales. La particular reforma agraria de Mugabe dio un vuelco a la situación: a principios del año 2000, los granjeros blancos, cerca del 1%, poseían más del 70% de la tierra cultivable. Mugabe distribuyó la tierra entre sus seguidores, que expulsaron a los granjeros blancos y tomaron las riendas de las explotaciones, en muchos casos, sin conocer el oficio.

Para obtener préstamos del Banco Mundial, Zimbabwe se vio sometido a un drástico plan de austeridad, pero la falta de subvenciones a los pequeños granjeros arruinó la economía nacional. La inmensa mayoría de la población dependía de las ayudas alimentarias y la esperanza de vida cayó en picado.

Pero Mugabe siguió ajeno a las críticas y sordo a las peticiones de un cambio de rumbo. Cuando el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, le desafió abiertamente, las fuerzas especiales le propinaron una paliza. Pese a todo, Tsvangirai consiguió la mayoría en las presidenciales de 2008. Sin embargo, Mugabe siguió aferrándose al poder. A lo único que accedió, tras inmensas presiones exteriores, fue a un acuerdo para compartir el poder con Tsvangirai como primer ministro, pero sin llegar a darle la posibilidad real de aplicar sus políticas.

Aunque para Occidente Mugabe fue un dictador sin ambages, para muchos africanos pasará a la historia como un héroe, el único capaz de hacer frente a los viejos amos coloniales.