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Penal de Piedras Negras, el reino de terror de Los Zetas

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Penal de Piedras Negras, el reino de terror de Los Zetas

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Centro de Readaptación Social de Piedras Negras. Tras ese nombre se esconde una historia terrible, la de una cárcel que fue cuartel general y campo de exterminio del cártel de Los Zetas en el norte de México. Un penal en el que se torturaba y asesinaba, y desde el que se organizaba el tránsito de droga hacia Estados Unidos, cuya frontera está a a penas 6 kilómetros de distancia.

Este reino del terror y la impunidad funcionó entre 2010 y 2011 con total conocimiento y hasta con la complicidad de las autoridades del estado de Coahuila, como pone de relieve el informe “El Yugo Zeta” que acaba de ser presentado en Ciudad de México.

“Entraban y salían cuando querían. Algunas veces lo hacían con la protección de los custodios. El Estado subsidiaba la seguridad de Los Zetas en el exterior del penal. Para el resto de presos la vida también era una constante amenaza. Se convertían en súbditos de Los Zetas”, explicó Jacobo Dayán, uno de los autores de “El Yugo Zeta”.

Piedras Negras servía como base para reclutar sicarios, depósito de drogas y taller en el que se adaptaban coches para introducir droga en Estados Unidos. Los Zetas tenían dentro su propia cárcel y un centro de torturas y ejecuciones, al que también traían personas del exterior.

“El penal también operaba como campo de exterminio. Los Zetas llevaban personas que eran privadas de la libertad fuera del penal para ser quemadas y desaparecer sus restos. Todo ello ante la torre de vigilancia número seis”, aseguró Dayán.

La mayor paradoja es que la cárcel llegó a ser sala de fiestas para el grupo criminal y, lo que es más grave, un refugio seguro para sus capos, entre ellos, Omar Treviño Morales, uno de los dos hermanos que dominaban la región.

Sin embargo, el capítulo más terrible ocurrió en marzo de 2011. Para vengarse por una delación, de la que les informó alguien de la DEA estadounidense, los Zetas sembraron el terror en Piedras Negras, Allende y otros municipios en el norte de Cohauila. Mataron a decenas de personas, hombres, mujeres y niños, y los hicieron desaparecer. Hubo un aluvión de llamadas a los servicios de emergencia pidiendo ayuda e informando de incendios, muchos de ellos fruto de la quema de personas, según el informe. Nunca se publicaron cifras oficiales de víctimas. La masacre fue silenciada por las autoridades del estado.