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Hungría: el síndrome del "enemigo"

Las finanzas, la mundialización, los inmigrantes, el país se defiende con uñas y dientes de estos temas, caldo de cultivo de la extrema derecha.

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Hungría: el síndrome del "enemigo"

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El pasado 23 de octubre fue la fiesta nacional húngara. El país conmemora ese día la insurrección de 1956 contra el régimen comunista

Punto de vista

Aquí tenemos a los judíos, los gitanos, los homosexuales, los drogadictos. La mayor parte de estas ONGs están en la diana de la maquinaria de propaganda y del Gobierno. El Estado ha abandonado, principalmente a los necesitados. Y son las ONG las que se están ocupando de esas personas.

Áron Lukács Fundación Aurora

El primer ministro, Viktor Orban, aprovechó la ocasión para atacar de nuevo a quienes acusa reiteradamente de planificar la destrucción de la civilización europea.

Estos son algunos extractos de su dicurso: “Las fuerzas de la mundialización están tratando de forzar nuestras puertas y están trabajando para convertir a los húngaros en “Homo Brusselius”. Hoy, son los imperios financieros los que han crecido aprovechando esa mundialización. El imperio de la especulación financiera ha conquistado Bruselas y varios estados miembros Es este imperio el que ha querido que carguemos con los movimientos masivos de población de hoy en día, con millones de inmigrantes…una nueva invasión. Desarrollaron un plan para transformar a Europa en un continente con una población mixta. Y Ahora, los únicos que resistimos, somos nosotros.”

Entre los asistentes, hay algunas voces disonantes que acusan al gobierno de Orban. La cosa se complica. Un pequeño grupo de oposición está pidiendo más democracia y libertad de expresión. Y las fuerzas de seguridad los están alejando. Un hombre grita: “Gobierno, corrupto, fuera! Avergonzáis a la memoria de lo ocurrido en el 56. Sois una banda de ladrones asquerosos!”

Rékasi Zsigmond Károly es artista y activista pro derechos humanos. Dice que protestan “por la corrupción que hay en nuestro país, por el reforzamiento del Estado policial, por la destrucción de nuestros derechos civiles. Estamos perdiendo nuestras libertades, una tras otra. Muchos jóvenes están yéndose del país para vivir libremente en otros. Pero yo creo que hay que luchar desde dentro, aquí”.

El de Balázs László es otro tipo de combate. Este jóven de 22 años es uno de los fundadores del nuevo partido de extrema derecha húngaro “Fuerza y Determinación”. Declara que “desde un punto de vista étnico y según las estadísticas, la población del continente podría ser remplazada. Se estima que alrededor de 30 millones, o hasta incluso 70 millones de musulmanes de Oriente Medio ya están viviendo aquí, en Europa. La comunidad gitana procedente del este de Europa representa entre 10 y 12 millones, sin citar a los inmigrantes africanos. Podemos afirmar que en 10 años, mil millones de personas podrían salir de África. Nuestra población disminuye concreamente, mientras que los que llegan o viven ya, aquí, con nosotros, son cada vez más numerosos. Y si no somos conscientes de esto, entonces, los blancos desaparecerán “.

Durante su mitin, afirma: “¡Puedo decir con firmeza que la derecha radical está de vuelta, aquí y ahora!”

Queremos preguntar a los militantes qué les motiva. Uno de ellos nos dice que deben “evitar, por ejemplo, que el neoliberalismo y la inmigración musulmana lleguen a nuestro país. Hay que evitar que ocurra lo que está pasando en los países occidentales. Esto, a mi juicio, los está arruinando.”

Cuando preguntamos ¿qué responde usted cuando la gente dice que este movimiento, este partido es… neo nazi? Balázs László irrumpe y nos dicen que: “Se acabó”, “idiotas, no la encendáis. Que os den”, nos lanza otro hombre antes de golpear la cámara.

La defensa de la indentidad húngara frente a “la invasión extranjera” es también el caballo de batalla del Gobierno. Y en la diana de la última campaña con la que se ha empepelado todo el país: George Soros el millonario y filántropo judío. Nacionalizado estadounidense aunque nacido en Hungría a Soros se acusa de haber planificado una invasión de inmigrantes, en Europa.

Una nueva ley, le concierne en primera persona, ya que el texto obliga a las ONGs húngaras, que reciben más de 23.00 euros, a identificarse como “organizaciones financiadas desde el extranjero”. La Comisión Europea ha lanzado un “procedimiento de infracción contra Budapest” porque esta ley viola la libre circulación de capitales, así como el derecho de libre asociación. El portavoz de Open Society, que aglutina las acciones filantrópicas de Soros en Hungría, describe así la situación. Según él estigmatizan a las ONGs para que se las perciba como si fueran agentes extranjeros, y así les es más difícil obtener financiación, porque es menos probable que la gente quiera apoyar a agentes extranjeros. Sin embargo, hay otra consecuencia de esta campaña aún más grave. Este tipo de campañas son para crear enemigos. Primero: las ONG; después, Bruselas; luego George Soros. ¿Quién será el próximo? Y la enemistad generalmente, termina en violencia. Esperamos sinceramente que esta campaña de odio se acabe”.

Tenemos cita en los locales de la “fundación Aurora”. Hay pintadas anti Soros de un grupo de exprema derecha, en la acera. Aurora reúne a varias asociaciones pequeñas de defensa de los derechos humanos y las minorías. Su portavoz, Áron Lukács comenta que “aquí tenemos a los judíos, los gitanos, los homosexuales, los drogadictos. La mayor parte de estas ONGs están en la diana de la maquinaria de propaganda y del Gobierno. El Estado ha abandonado a parte de la población húngara, principalmente a los necesitados. Y son las ONG las que se están ocupando de esas personas. Y a veces es muy difícil trabajar en esa situación, porque se puede sentir el odio, la ira generada por la propaganda”.

Nos dirigimos hacia el sur del país, a la frontera con Serbia. Aquí se erigió una barrera de 175 kilómetros, después del aflujo de miles de inmigrantes que atravesaron la frontera ilegalmente en 2015.

Aquella crisis marcó a los habitantes de Ássothalom. Algunos tienen palabras mordaces cuando se les cuestiona sobre el tema de George Soros o sobre los refugiados. Un hombre mayor nos dice: “Para empezar, al viejo gordo habría que matarle. Es difícil ganar a alguien que piensa así. A tipos como ése solo se les gana si se les entierra”. Otra mujer afirma: “No queremos en absoluto que nos infesten; o que otras naciones nos molesten en nuestra “cristiandad”. No queremos ni refugiados, ni otras religiones”. Y otro declara que “una cosa es segura, deberían estar atados a la valla con un par de tiros, así los otros no se atreverían a venir aquí”.

Un video, producido por el alcalde de Ássothalom, ha dado la vuelta al mundo. Su mensaje a los inmigrantes es el siguiente: acceder a Hungría por cualquier otro sitio que no sean los puestos de frontera oficiales es ilegal. Más vale, dice, “pasar por Croacia o Eslovenia. Optar por Hungría es malo y por Ásotthalom, peor”.

László Toroczkai es vicepresidente del Jobbik, la formación de extrema derecha, principal oponente del “Fidesz”, en el Gobierno. El alcalde de Ásotthalom a creado su propia guardia fronteriza.

Un puñado de hombres, que según él, han capturado más clandestinos que la policía nacional. Según él “mucha gente llega de Pakistán, de Bangladesh, de Marruecos o de Kosovo. En esos países no hay guerra. No son refugiados, pero atacan esta valla fronteriza todas las semanas”

A la pregunta de ¿quién es bienvenido en su ciudad? Toroczkai responde que quieren preservar sus “tradiciones. Respeto el Islam pero en mi país el Islam es incompatible con las tradiciones húngaras. Ésta es una localidad húngara, es una ciudad católica, una ciudad católica y romana. Admitimos a quienes aceptan que es una localidad húngara, católica y europea”.

A Laszlo Toroczkai se le conoce asimismo por querer prohibir el porte del velo islámico, las llamadas al rezo musulman o a las manifestaciones públicas de afecto de los homosexuales en Ásotthalom. Su pueblo se cita a modo de ejemplo entre los movimientos patrióticos y “supremacistas” blancos en Europa y Estados Unidos que atraen a ciertos immigrantes afines con los ideales del alcalde.

Nos indican la casa de una vecina alemana.

- “Querríamos saber si le importaría decirnos porqué se instaló aquí”.

- “Claro que sí, puedo contralo; pero no le van a dejar que lo emita”.

Preguntamos por qué y la mujer responde: “¿Por qué? Porque Merkel es satán. Merkel… y Soros, es el caballo de Troya. Entren.”

Regina Riereder llegó el pasado mes de mayo. Se instaló a algunos cientos de metros de la valla anti-inmigrantes. Aquí se siente segura, nos dice. Explica que “las fronteras en Alemania están abiertas. Es un escándalo, un escándalo. Por eso pensé que debía irme de allí. Me pareció que este lugar está bien, hay una frontera protegida. Sabía que si ellos, los inmigrantes, cruzaban la frontera, no me matarían, ¡irían a Alemania, por el dinero! Pero un día, seguramente ya no quedará dinero en Alemania. No habrá viviendas, comida, ni calefacción para los refugiados. ¿Y entonces que? ¿Habrá millones de hombres jóvenes con hambre? Eso, no, no”.

La pena prevista si se entra de forma irregular en el país son tres años de cárcel. La pasada primavera, el parlamento húngaro aprobó la detención sistemática de los demandantes de asilo en dos campos de tránsito, cerrados, situados cerca de la frontera con Serbia. Esta es otra de las disposiciones de la nueva ley húngara sobre el asilo, que la Unión Europea tiene en su punto de mira por ser contraria a las leyes internacionales.

Los medios de comunicación no pueden acceder a los campos.

Nos dirigimos hacia Serbia. En Hungría hay registrados cerca de 6.000 demandantes de asilo. El centro de Subótica es el más cercano a la frontera húngara. Acoge sobretodo a familias que esperan durante un año o más que su nombre sea inscrito en las litas de “admisibles”. Safet Resulbegovic del Comisariado para refugiados e immigrantes de Serbia, explica que “esta situación convierte a Serbia en un gran centro para quienes quieren pedir asilo en la Unión Europea. Con todas esas reglas y las dificultades ingentes para pedirlo, tienen a la gente esperando cada vez más tiempo, pendientes de una decisión. Dejan la puerta abierta al contrabando y a los contrabandistas”.

Regresamos a Hungría para finalizar el viaje. Estamos en el final de la valla en el cruce entre Serbia, Rumania y Hungría. Y a unos pocos kilómetros de distancia, vamos a ver otra localidad muy especial.

“Nuestro pequeño pueblo”, reza la pancarta de Kubekhaza, una localidad tranquila repleta de flores y banderas europeas. Nos cuentan que los pocos carteles de la campaña anti-Soros los ha colgado alguien esta noche. A lo largo de la historia, el pueblo ha pasado de un país a otro. Las relaciones con las vecinas Serbia y Rumanía son ahora cordiales.

Róbert Mölnar,el alcalde nos recibe en una cafetería asociativa gestionada por el municipio. Él, de vez en cuando, también se pone el delantal y ayuda. Aquí la gente está indignada con la política fronteriza de Orban, un discurso de rechazo que, a su juicio, no hace más que aislar y dividir aún más al país.

Mölnar explica que “los regímenes autoritarios y autocráticos necesitan siempre la imagen de un gran enemigo contra quien luchar, para llamar a la guerra a la nación. Pero el único propósito es distraer, evitar que la atención se centre en los problemas reales del país. El de la salud, no se ha resuelto; el del sistema educativo, tampoco. Setecientas mil personas se han ido del país, escapándo, porque no ven ni futuro ni esperanza. Yo lo que veo es que en Hungría se habla de todo, pero no de las preocupaciones de la gente”