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La asistencia humanitaria de los rohinyás: un desafío para Bangladés

Más de 600.000 rohinyás han entrado en Bangladés desde agosto. Alrededor de un millón vive en este país, uno de los más pobres del planeta. El 60% de los refugiados rohinyás en este país son niños con

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La asistencia humanitaria de los rohinyás: un desafío para Bangladés

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En el paso fronterizo de Anjuman Para, en el distrito de Cox’s Bazar, miles de rohinyás esperan cada día para acceder a los campamentos de refugiados en Bangladés. El éxodo de esta minoría musulmana birmana no tiene fin. Esta es la cuarta oleada de llegadas a esta zona, donde más de 35.000 personas han atravesado estas playas desde el comienzo del conflicto con el ejército de Birmania el pasado 25 de agosto.

Las ONG han mejorado sus estrategias para asistir a los refugiados en caso de entradas masivas desde el lado birmano del río Naf. Una red de equipos móviles se concentra en este lugar. Aquí llega agua, comidad y ayuda médica, ya que las autoridades pueden tardar varios días en dar luz verde para la instalación de los nuevos refugiados.

Algunas lugares han surgido de manera espontánea. El campamento de Kutupalong ha sido ampliado. Ahora acoge a unas 460.000 personas. Es una especie de ciudad superpoblada de lodo, bambú y lonas. La emergencia humanitaria necesita una solución política, según Christos Stylianides, Comisario europeo de Ayuda Humanitaria, quien considera que “se trata de un asunto sobre derechos fundamentales de los seres humanos, y no religioso.” Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, afirmó que la única descripción de esta situaución sería la de “limpieza étnica.”

Ráfika llegó a Kutupalong hace dos meses. Sus padres fueron asesinados en Birmania, mientras huían de su aldea. Su abuela se ocupa de ella ahora. Estuvimos con ellas en el centro dirigido por la ONG Acción Contra el Hambre, la cual les proporciona comida y asistencia básica. Esta ONG solía dar comida solamente a mujeres embarazadas y en periodo de lactancia. Desde agosto, proporcionan comida a todo el que lo necesite. Se preparan 50.000 comidas diarias. Hasta 7.000 se sirven dentro de esta instalación, mientras que 43.000 se entregan por todo el campamento y en los alrededores.Quince cocineros trabajan a destajo ayudados por un gran grupo de voluntarios rohinyás. Los refugiados reciben comida caliente todos los días: un plato tradicional llamado Khichdi, que cumple la directiva nacional del Gobierno de Bangladés sobre malnutrición.

La asistencia humanitaria ha mejorado en todos los ámbitos. Más de 70.000 litros de agua salen a diario de este centro para ser distribuidos en los campamentos improvisados donde los refugiados no tienen acceso al agua potable. Según UNICEF, el 21% de los niños refugiados rohinyás de menos de 5 años sufre malnutrición. Pese a la ayuda humanitaria, los niveles de nutrición de estos niños han empeorado respecto al año pasado.

La mayoría de los niños refugiados que llegan a Bangladés sufren traumas, y les cuesta adaptarse a su nueva vida. Se les ofrece asesoramiento individual, así como sesiones de debate en grupo.

El estado de Rakáin, en Birmania, donde viven los rohinyás, está incluso fuera del alcance de las ONG. Christos Stylianides fue el primer comisario europeo en ir allí, en mayo de este año. Su experiencia fue muy dolorosa.

La ONU ha puesto de manifiesto la incitación a la intolerancia religiosa por “ejecuciones sumarias, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y tortura.” Son miles las historias contadas por los rohinyás.

Para frenar la llegada de rohinyás a uno de los países más pobres del mundo, Bangladés y Birmania han firmado un acuerdo de cooperación para repatriar a los refugiados, decisión apoyada también por la Unión Europea.

La ONU también apoya la repatriación a largo plazo, pero por ahora se teme que si los rohinyás como Ráfika vuelven a Birmania, en vez de volver a sus casas serán llevados a campos de concentración .

Aid Zone Bangladesh