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El desarme de las FARC no termina con la violencia en Colombia

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El desarme de las FARC no termina con la violencia en Colombia

El desarme de las FARC no termina con la violencia en Colombia
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Héctor Estepa

Entramos en Quibdó, capital del departamento de Choco, al noreste de Colombia, una de las regiones más pobres y aisladas por el conflicto que durante 52 años han mantenido las FARC y el Gobierno.

Un año después de la firma de la paz, las comunidades indígenas siguen sufriendo los estragos de esa guerra. El desarme no ha mejorado la vida de Diomedes Isarama. Huyó de su comunidad el pasado mes de octubre cuando su hijo Aulio, un líder indígena, fue asesinado. Otra guerrilla, el Ejército de Liberación Nacional, terminó con su vida.

El ELN reconoció el asesinato como un error individual y pidió disculpas, pero el Gobierno lo considera una violación de la tregua firmada durante las negociaciones de Quito. EL Ejército de Liberación Nacional, la mayor guerrilla activa en Colombia tras el desarme de las FARC, llegó a un acuerdo histórico el pasado octubre, y el plazo para renovarlo ternmina este enero. Toda la familia de Aulio se exilió tras su asesinato. Ahora tratan de sobrevivir en una humilde colonia en Quibdó.

El reciclaje de la violencia en las zonas abandonadas por las FARC ha provocado 55.000 desplazamientos forzados en 2017. 10.000 sólo en Chocó, donde el 80% de la población es pobre.

Guerrillas nuevas y establecidas, bandas criminales y organizaciones paramilitares han intentado llenar el vacío que han dejado las FARC en las regiones que antes controlaban. Pero la violencia urbana también sigue provocando exiliados. Natalia huyó de Medellín cuando una banda criminal la amenazó. El único motivo fue impedir el reclutamiento de niños de 12 años.

La vida no es fácil en las colonias de las grandes ciudades.Natalia dejó su trabajo y lucha por mantener a su hijo discapacitado.

El acuerdo de paz de Colombia ha hecho disminuir la violencia en líneas generales, pero parece que hay más asesinatos selectivos de los que han sido víctimas los activistas sociales y varios indígenas.

Al menos 80 líderes han sido asesinados el año pasado según ACNUR. Un número de asesinatos que se vuelve desproporcionadamente alto en las áreas donde las FARC habían sido más activas en el pasado.