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Cómo pasé 48 horas en un centro de retención de inmigrantes de Francia

Un joven chileno nos cuenta cómo acabó encerrado dos días en un centro de retención de inmigrantes. Explica que su caso es solo un ejemplo más -y no el peor- de cómo trata Europa a los inmigrantes.

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Cómo pasé 48 horas en un centro de retención de inmigrantes de Francia

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Reuters
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M.M. es un chileno de 30 años. Vino a Europa con unos amigos para viajar y hacer música. Cuando se agotó su visado turístico se quedó algunos meses más en la ciudad de Lyon, donde tenía un familiar.

Punto de vista

No se respetan los pocos derechos que tienen los emigrantes

M.M. Joven chileno

Dejó pasar la fecha del visado por “una tontería de un chico de 30 años, por inconsciencia” asegura. Quería seguir viajando y haciendo música y no pensó demasiado en las consecuencias.

Cuando intentaba cruzar la frontera española en un autobús fue retenido por la policía francesa.

M.M. contó su experiencia a euronews destacando que no es un “emigrante económico”. Su familia habría podido pagar un billete de vuelta a Chile. La entrevista tuvo lugar cuando esperaba a ser deportado. El joven había escrito un documento para no dejar nada en el tintero.

Destaca que si ha decidido publicar su historia no es por su caso personal, sino porque la experiencia le ha abierto los ojos sobre cómo trata Europa a los “verdaderos inmigrantes”, los que huyen de su país porque no tienen nada o porque su vida está en peligro.

En total el proceso de expulsión se alargó cuatro meses, en parte porque las autoridades habían perdido el documento de su caso.

Su relato es un testimonio poco habitual sobre cómo funcionan los centros de retención de inmigrantes en la UE y cómo se maneja la inmigración en Europa.

A continuación, reproducimos algunos extractos de la entrevista. 

Decidí ir a España porque tenía una amiga que me ofrecía vivir en su casa, y buscando otras oportunidades, porque es cierto que estando de ilegal en Francia no es fácil.

Viajamos en autobús porque un amigo chileno fue a Barcelona y no tuvo ningún problema. Yo sabía que quizás era más sencillo cruzar la frontera en un coche particular, pero al final cambiamos de idea. Creímos que no pasaría nada y pasó. Fue una cadena de errores.

Cuando nos pidieron los pasaportes estaba tranquilo en un primer momento. Tenía la esperanza de que no me dirían nada porque era la policía francesa y yo estaba saliendo del país, pero bueno ya sabía que estaba en problemas.

La policía al principio no me dijo nada, yo siento que me mintieron. Les pregunté si estaba en problemas y me dijeron “no, no te preocupes esto es solo administrativo, acompáñanos, va a ser un par de horas y luego te puedes ir”.

Hablaban en español, con un fuerte acento. A la amiga que viajaba conmigo no la dejaron quedarse, ella quería quedarse conmigo para ayudar, pero le obligaron a tomar el autobús.

Yo le terminé diciendo que se fuera, en parte porque era mi problema y en parte porque creía que quizás nada más me darían un papel ordenando la expulsión.

En ningún momento me dijeron que iba a acabar en un centro de retención, que en el fondo es estar preso.

El intérprete actuó en mi contra

Llegué a la comisaría sin saber dónde estaba, sin batería en el celular… No me hablaban. Me dieron un teléfono para hablar con el intérprete.

Creo que el intérprete jugó más en mi contra que a mi favor. Me dijo que estuviera tranquilo, que me iban a tratar bien, que los policías de allí eran buena gente y que no me iban a tratar como a un delincuente porque no lo era.

Me dijo que tenía derecho a ver a un médico, y a pedir a un abogado, pero me recomendó que no lo pidiera porque el proceso se iba a demorar más.

Yo estaba asustado y me dejé llevar por él porque era la primera voz que escuchaba en mi idioma.

Luego estuve en una sala de espera, había un policía que también me decía que me quedara tranquilo y que no me iban a esposar ni a meter en una celda, me repetía que esto era solo un asunto administrativo.

El cargador de mi teléfono se había quedado en el autobús. Le pedí a los policías si tenían uno, pero todos se negaron, incluso uno que llevaba el mismo teléfono que yo me dijo que no tenía cargador. Tampoco me dejaron utilizar el teléfono de la comisaría.

Poco a poco comenzaba a hacerse de noche. Eran ya las 5 o 6 de la tarde y hubo un cambio de turno en la comisaría.

Los nuevos policías quizás ni sabían por qué estaba yo allí y me metieron en una celda.

Todo lo que me dijeron que no me iban a hacer, me lo hicieron.

Después me llamaron para hablar con el comisario de policía y con el intérprete, que estaba allí.

El intérprete me volvió a decir que tal vez me podía ir “en unas horas, o tal vez al día siguiente por la mañana. Te van a dar un papel para que abandones Francia, tal vez van a retener tu pasaporte para asegurarse de que lo hagas, pero todo va a salir bien.”

Nunca me mencionó que podía acabar en un centro de retención.

Me negaron mi derecho a hacer una llamada

El jefe de policía me interrogó con ayuda del intérprete. En muchos momentos hablaban entre ellos. Yo preguntaba qué habían dicho y él no me respondía. El intérprete intentaba hacer bromas y calmarme.

Cuando terminó el interrogatorio me dieron mi declaración, en francés. Yo intenté saber lo que estaba firmando, pero el intérprete me dijo otra vez que daba igual, que era solo un papel administrativo.

Leído después con una amiga francesa, nos enteramos de que la declaración incluía su “renuncia expresa a consultar un abogado” y la “renuncia expresa a realizar una llamada”, cuando nadie, en ningún momento, me advirtió que tenía derecho a usar el teléfono de la comisaría y el propio intérprete me recomendó no pedir un abogado.

No solo no me lo dijeron, yo pienso que me negaron el derecho a hacer una llamada, porque hasta pedí usar el teléfono de la comisaría.

Intenté insistir para que me dijeran lo que ponía en la declaración, pero el intérprete seguía diciendo que no tenía importancia, que era solo administrativo y que si firmaba todo iría más rápido.

El comisario me preguntaba todo el rato si iba a firmar o no. Me metieron mucha presión para que firmara.

Yo estaba medio conmocionado, casi entre lágrimas, le di mi confianza al intérprete porque hablaba español y firmé. Él me tranquilizaba y me decía que así saldría más rápido, que entre esa misma noche y al día siguiente estaría libre.

Irónicamente, al final de la declaración figura la mención “el interesado ha leído todo el documento y queda informado de todo”.

Me volvieron a meter en la celda a pasar la noche… Tenía que dormir allí, aunque me dijeron que no me iban a tratar como un delincuente.

Yo le dije al comisario que a veces tengo claustrofóbia. El comisario aceptó y le dijo a un funcionario que me dejara salir si lo pedía. Pero hubo otro cambio de turno, y cuando lo pedí, porque me estaba sintiendo mal, no me dejaron salir.

Pasé toda la noche pensando que saldría de la comisaría

Yo en ningún momento pensaba ir a ningún centro, ya estaba planeando mi regreso a Lyon, incluso pregunté cómo tenía que hacer para volver. También me dijeron que no me preocupara y que tenía autobuses. Todo el tiempo me decían que iba a salir.

Volví a pedir si podía usar mi teléfono, pero me lo quitaron y me quitaron los cordones, me quitaron el cinturón, las llaves, todo lo que podría utilizar para autolesionarme… Me hizo sentir como un delincuente, estuve preso.

Pedí dos mantas, pero no me dejaron, solo una. Dormí en una cosa de cemento. Yo fumo mucho y tampoco me dejaron. Me dieron comida y agua. Es como una comida de avión, insuficiente para mí.

Cuando cambió el turno les engañé, pedí comida de nuevo y me la dieron.

Te proporcionan lo mínimo para cubrir el expediente.

Al día siguiente, no sé a qué hora porque estaba desorientado y sin teléfono, llegaron dos policías y me dijeron “no te vas a ir, te vas a un centro de retención” y yo me quedé sorprendido, les pregunté: “¿Pero eso qué es, una cárcel?”

Me dijeron que no. El policía que hablaba español me dijo “es como un hotel, pero no puedes salir. Tiene patio, hay una cancha para jugar al fútbol… ”.

Una vez más firmé sin saber lo que ponía en el papel

Al llegar al centro de nuevo me hacen firmar papeles sin saber qué ponía en el documento. Una vez más me metieron presión y terminé firmando.

Luego supe que era la confirmación de las peticiones de la Prefectura: el ingreso en el centro de retención, la expulsión del territorio y la prohibición de volver a Francia en 3 años.

Después me volvieron a quitar mis objetos personales.

Me quitaron mi teléfono porque tenía cámara y está prohibido sacar fotos.

Yo les dije que no me acordaba de los números que necesitaba, pero les dio igual.

Les pregunté si podría fumar, y me dijeron que podía comprar tabaco allí. Costaba 7 euros cada paquete. Ellos tenían mi dinero, me daban una parte para gastarlo en el interior del centro y me guardaban el resto. Por fin pude fumar.

Pedí un lápiz, pero no me dejaron por ser un objeto punzante, así que tomé un libro.

Me indicaron donde estaba mi cama, me dijeron dónde podía conseguir un colchón mantas, sábanas… Hay un timbre con el que puedes llamar a los funcionarios desde la habitación.

Son habitaciones dobles. Hay un patio, una sala de televisión para todos los internos y unas máquinas distribuidoras de bebidas y café.

Las instalaciones son correctas. Las duchas eran compartidas. Los propios presos pusieron mantas para tener un poco de privacidad. Yo no tengo problema con eso, pero hay gente a la que no le gusta ducharse delante de todo el mundo.

Lo mejor del centro, son los demás internos 

Digamos que son las condiciones mínimas para justificar que no es una cárcel.

Al entrar, algunos de los internos comenzaron a acercarse para preguntarme quien era.

Un marroquí que hablaba español me contó cómo funcionaba el centro, cómo llamar por teléfono con las tarjetas telefónicas que vendían en las máquinas. Cuestan 7,65 euros para 30 minutos.

Aunque no tenía mi teléfono, no sé qué esfuerzo mental hice y conseguí acordarme del número de mi amiga francesa, que estaba en Lyon.

A las 11 de la mañana más o menos conseguí llamar, era la primera vez en casi 20 horas que podía decirle a alguien conocido dónde estaba y qué me estaba pasando.

Casi no tienes trato con los funcionarios.

En la recepción no me dijeron nada sobre los asistentes sociales que había en el centro. Fueron los demás internos quienes me lo dijeron. Hay una oficina de Forum Refugees que te orienta con los trámites judiciales.

Los de Forum Refugees me explicaron las opciones que tenía para salir de allí: básicamente conseguir que una persona francesa me tomara a su cargo mientras esperaba a ser deportado o esperar la expulsión en el centro (un máximo de 45 días).

Si no hubiese sido porque tenía una amiga que tenía el tiempo y el dinero para venir a ayudarme, me habría quedado allí. Me di cuenta de que muchos están allí solo por no tener dinero y amigos para hacer que la Justicia se mueva y defenderse.

La mejor opción, la libertad vigilada

Además mi amiga es francesa y sabe qué hacer, pero para un extranjero sin contactos es mucho más difícil.

Para ser hay que tener una persona, en situación regular, solvente, que pueda probar que puede mantener tus necesidades básicas, que pruebe que te conoce y necesita aportar su documento de identidad, un justificante que pruebe su lugar de residencia y una carta escrita a mano en la que solicita albergar a la persona y justifique los motivos.

Mi amiga comenzó a mover los papeles y enviárselos al asistente social del centro. La gente piensa que no vale la pena, pero moviendo las cosas un poco sí se puede salir.

Los internos compartían todo, quiero hablar de ellos porque fue bonito. Lo mejor de esta experiencia algo angustiosa fue la gente que había internada en el centro.

Todos los internos son muy solidarios entre ellos.

El marroquí que mencioné antes siempre estaba regalando tabaco. En un momento me dijo que no fumaba delante de los africanos porque algunos no tenían dinero para comprar tabaco así que prefería regalarlo.

A veces juntaban dinero entre todos para comprar cigarrillos. También compartían las tarjetas telefónicas. Estábamos todos pendientes del teléfono, cuando contestaba uno todos se movilizaban para encontrar al destinatario de la llamada, a gritos por el centro: “Eh Marcos, es para tí” gestos de solidaridad que pueden ser simples pero que en ese momento se vuelven más importantes.

Lo que más había eran africanos, marroquíes y argelinos, un peruano y yo. Yo era el único “blanco” que vi internado en el centro en las 48 horas que pasé.

Muchos de ellos llevaban 15 días allí, y todavía les quedaría tiempo.

El único que consiguió abandonar el centro

Nos contábamos la vida, aunque fue muy corto. Se genera una confianza muy rápido. Estar ahí dentro nos hermanaba instantáneamente.

Cuando por fin legó el juicio, nos llamaron a cuatro que reclamábamos lo mismo. Un marroquí, dos senegaleses y yo.

A la hora del juicio, nos llamaron por megafonía a la puerta 4 que es donde siempre te llamaban cuando había que hacer alguna gestión. Nos hicieron firmar unos papeles, y nos preguntaron si queríamos un abogado y si queríamos un intérprete.

En el juicio tuve el mismo intérprete que en comisaría.

Creo que además de haberme aconsejado mal en la comisaría, cometió bastantes imprecisiones en el juicio, por ejemplo, para referirse a mi amiga usaba una palabra ambigua, que también significa novia, son detalles que eran importantes para el juicio.

Me pusieron un abogado de oficio.

Los otros tres acusados no consiguieron ser liberados. Conmigo el fiscal fue mucho más suave, dijo: “yo no voy a combatir mucho en este caso”.

Liberado por tener apoyos externos

También el juez fue menos incisivo, destacó los apoyos, la red familiar y de amigos y el hecho de que tenía todos los papeles de la solicitud.

También pesó el hecho de que las personas que pedían su liberación estuvieran presentes en la sala. La abogada se apoyó mucho en el hecho de que ella estuviera en la sala.

En la defensa recordé que yo quería irme de Francia, pedí disculpas por haberme quedado ilegalmente y destaqué que no era un inmigrante económico.

La deliberación fue muy rápida y se le acordó la liberación con asignación a residenciay una visita a la comisaría cada día para firmar.

La sensación que me dio es que yo era un privilegiado: a mí se me escuchaba porque tuve gente detrás, gente que tenía dinero y tiempo para ocuparse yo era el único que no lo tenía todo en contra.

Me impactó ver de primera mano las irregularidades que se cometen contra las personas que de verdad emigran por una amenaza real a sus vidas, y cómo no se respetan los pocos derechos que tienen. 

Y lo que es triste es que el sistema me ayuda más a mí, me escuchan más, y los que están en una situación peor parecía que tenían el caso perdido de antemano.

Después de ser liberado, le dijeron que la deportación tendría lugar en unos 45 días… Sin embargo, casi tres meses después tuvo que preguntar a las autoridades qué pasaba con su caso.

Le confirmaron que su caso se había perdido. Casi bromeando le dijeron que si no se lo hubiera recordado el Estado se habría olvidado de él. Le preguntaron en qué fecha quería irse, y le enviaron los billetes. Unos cuatro meses después de su detención.