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Suecia afronta elecciones sin favorito claro y con la ultraderecha al alza

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Por Euronews  con Agencia EFE
Ebba Busch, líder del partido de los Demócratas Cristianos en Estocolmo, Suecia, el 10 de septiembre de 2022.
Ebba Busch, líder del partido de los Demócratas Cristianos en Estocolmo, Suecia, el 10 de septiembre de 2022.   -   Derechos de autor  onas Ekstromer/TT News Agency vía AP   -  

Suecia celebra el domingo unas elecciones legislativas en las que ambos bloques llegan igualados, con ligerísima ventaja para la primera ministra socialdemócrata, Magdalena Andersson, y con la incógnita de si la ultraderecha se convertirá en el segundo partido del país.

Los últimos sondeos colocan al gobernante centroizquierda por delante pero con un margen muy estrecho, de dos y tres décimas en los estudios de opinión del diario Aftonbladet y la televisión pública SVT, respectivamente; distancia que aumenta a más de un punto y medio en el de Dagens Nyheter, principal rotativo sueco.

Todos dan como ganador al Partido Socialdemócrata, que ha gobernado en 69 de los últimos 86 años, con el ultraderechista Demócratas de Suecia (SD) de segundo y el Partido Moderado (conservador) por detrás.

La escasa diferencia entre bloques apunta a un drama electoral como el vivido en 2018, cuando la diferencia fue de un solo escaño y hubo que esperar una semana para un resultado definitivo, presagio de unas arduas negociaciones para formar gobierno, que duraron 134 días, un récord en la historia sueca.

La ultraderecha, una década en el foco de la política Sueca

El complicado panorama político que vive Suecia desde hace años tiene su origen en el SD, una formación con raíces neonazis en sus inicios tres décadas atrás pero que se ha ido moderando y que desde su entrada en el Parlamento en 2010 ha crecido en todos los comicios.

El "cordón sanitario" que le han realizado el resto de partidos es lo que explica que los socialdemócratas hayan podido gobernar las dos pasadas legislaturas a pesar de que había una mayoría de centroderecha en la Cámara.

En la última fue necesario un pacto de los socialdemócratas y sus aliados ecologistas con centristas y liberales, rompiendo la Alianza de centroderecha que existía desde 2004, para mantener el aislamiento al SD, que se ha ido resquebrajando.

Conservadores, democristianos y liberales, que han vuelto a cambiar de bando, se avienen ahora a pactar con la ultraderecha, aunque mantienen su negativa a que forme parte de un hipotético gobierno, un rechazo que podría ser difícil de mantener en caso de que el SD desbancase a los conservadores de la segunda plaza.